Publicado el 27. agosto 2015 In Vida en alianza

Viví Santuario: 50 años de la presencia de la Mater en La Plata

ARGENTINA, Juli Zurita, Juventud Femenina de La Plata •

Puede ser que muchas veces, aquella pequeña capilla pase desapercibida en el caos cotidiano. Puedo dar mil excusas de por qué no me hice el tiempo para pasar a saludar a la Mater… Pero cuando paro un poco, me doy cuenta de que me está faltando algo, razón por la que no me siento tan feliz, tan plena. Y sí, el Santuario es verdaderamente fuente de gracias, fuente de vida y definitivamente lo necesitamos. Así como un pequeño árbol necesita de agua para crecer, yo necesito de la mirada de la Mater para crecer.

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Qué significa el Santuario para mí

Esta sensación la tuve muy presente durante el jubileo de mi Santuario, el de la liberación en La Plata. Lugar que me vio crecer desde chiquita, que fui compartiendo con mi familia, la de sangre y la que Schoenstatt me regaló. Un ratito antes de las doce, hicimos una dinámica muy linda: pensar qué significaba para cada uno el Santuario. Un momento de silencio, se me venían mil recuerdos y emociones a la cabeza, intenté resumir todo en una de las estrofas del Cántico al Terruño, del Hacia el Padre (una de mis oraciones preferidas):

“¿Conoces aquella tierra cálida y familiar
que el Amor eterno se ha preparado:
donde corazones nobles laten en la intimidad
y con alegres sacrificios se sobrellevan;
donde, cobijándose unos a otros,
arden y fluyen
hacia el corazón de Dios;
donde con ímpetu brotan fuentes de amor
para saciar la sed de amor que padece el mundo?”

Toda mi vida se fue construyendo ahí

150815-arg-la-plata-17Imposible no emocionarme cuando a las doce de la noche, junto con toda la familia diocesana, hicimos la cuenta regresiva para festejar y celebrar este gran jubileo.

Sentí inmensa gratitud por todo lo que el Santuario me fue regalando y me regala a lo largo de mi vida.

Mientras nos consagrábamos por primera vez, la generación de los próximos cincuenta años, todos juntos, algunos abrazados, otros agarrados de la mano, fui recordando todo lo que había pasado por ese lugar santo.

Mi propia vida se fue construyendo ahí: felicidad, dolor, anhelos, amor, vínculos, todo en un mismo lugar.

Sentí familia y mucha alegría

Por todo esto, razones para festejar este cincuentenario no me faltaban. Y fue realmente un hermoso regalo de la Mater, más allá de las actividades que se fueron haciendo, sentí familia y mucha alegría.

Y estas cosas las pude ir percibiendo en los gestos que se fueron haciendo durante la Misa (la calle fue cortada para realizar la misa), sobretodo en el ofertorio donde cada una de las ramas fue entregando un regalo a la Mater.

Puedo decir que los jubileos renuevan el espíritu, impulsan y recargan las baterías. Para mí significa volver a las bases, a lo más simple y lindo que Dios nos regala, y feliz, volver a elegirlo.

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