Publicado el 22. agosto 2015 In Vida en alianza

El día después del Cincuentenario

ARGENTINA, La Plata, por Lidia Ferreyra de Barreda •

Pasó la fiesta, los saludos, los abrazos, las emociones.

Nos reencontramos con nuestros hermanos de siempre y también con algunos que hacía mucho tiempo que no veíamos. Personalmente me encontré con una antigua amiga del grupo juvenil de la parroquia de La Merced, donde se amasó la primera época del Schoenstatt platense con la compañía y asesoramiento del P. Walter Plein y de los primeros Padres. Fuimos parte de la década de 1970. Ella vive desde hace muchos años en Mar del Plata y fue semilla para esa comunidad.

Así también, otros se habrán encontrado con gente que hacía mucho que no veían.

Los grandes ausentes estaban en el corazón de todos, y la esperanza nos dice que disfrutaron la fiesta desde otra dimensión: los Cabana, los Moviglia, Boris Asprela, Marcelo, Jorge, Leopoldo, Clelia, Lila, Josecito… Por nombrar a algunos. Extrañamos al Padre Carlitos Cajade, un gran sacerdote que recordamos todos con gran cariño y respeto por la tarea realizada con los chicos de la calle.

A todos nos une uno de estos nombres con nuestro comienzo en la Familia platense.

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Todos trabajaron para este festejo

Los grandes presentes fueron los jóvenes, muchos, ¡qué lindo! Todos trabajaron para este festejo. La Casa, nuestra Casa, lucía hermosa, limpia, arreglada, preparada como nunca para un momento inolvidable. Y lo mismo el Santuario y su jardín que mostramos a la ciudad con orgullo y delicadeza.

La Misa estuvo hermosa, las palabras del Padre Alejandro Blanco tan claras, recordando la historia y marcando la misión que de ella sale.

Las ofrendas me emocionaron porque más allá de lo simbólico está el capital de gracias, el esfuerzo, el sacrificio, la oración. Todo por un bien común, por un crecimiento en cantidad y calidad.

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Cada uno con su entrega

Personalmente, aunque no sólo en mi nombre sino también en el de Lilita, ofrecí silenciosamente el libro que con pasión preparamos durante este año, con esfuerzo y apuro para llegar a esta fecha, para ponerlo en manos de la Mater. Un libro abierto al peregrino que quiere saber del lugar que visita, pero también pensado para cada uno de la Familia, donde podrá encontrarse y reconocerse, ya sea en el capítulo de las Ramas, o de las Actividades de la Familia, o de las Acciones Apostólicas.

Todos y cada uno pusieron su entrega que hizo posible una Casa preciosa, una rica cazuela caliente que sacó el frío, la alegría de los cantos y los bailes, el chocolate humeante y las ricas tortas, el guión de la Misa, el preparar el lugar, con las flores, los globos, las cintas… Todo fue maravilloso.

Que esta vivencia nos abrigue el alma por mucho tiempo y nos ayude a crecer, a dar, a salir de este Santuario que sin duda, es nuestro Hogar.

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Fotos: Cecilia Mata, Carlos Ricciardi

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