Publicado el 23. junio 2015 In Vida en alianza

El Santuario de Schoenstatt – tan cerca

Por Hildegard Beckmann, Equipo Confianza en Dios – Alianza de Amor con Dios Padre  (página web en alemán) •

Durante una semana estuve en el centro de Schoenstatt de Oberkirch en la Selva Negra. Al llegar, lo primero que quería hacer era visitar el santuario, pero estaba vacío, porque necesitaba una nueva mano de pintura.

Estupendo, pensé, para mí. Se trataba en esa semana (poco antes de Pascua), de una renovación y reorientación espiritual, y esa visita era todo un signo.

Al día siguiente (víspera de la fiesta de la Anunciación), estaba previsto que se limpiara el santuario y se volviera a amueblar. Yo les ofrecí mi ayuda a las Hermanas marianas, que la aceptaron gustosas. Limpié, no solo los bancos, sino también las puertas interiores del tabernáculo, en las que está la imagen de la Stma. Virgen y el arcángel Gabriel. Esas puertas tenían que brillar con todo su esplendor. El misterio de esa fiesta está grabado en esas puertas. Así pude, por decirlo así, “anunciar” esa fiesta.

Los símbolos (la luz perpetua, el ojo del Padre, la corona y el símbolo del Espíritu Santo) habían sido enviados a un orfebre para su limpieza. Por motivos de tiempo, a las Hermanas les pareció bien que yo pasara a recogerlos. Dado que la sacristana padece de vértigos, también tuve ocasión de colocarlos. ¡Nada mejor! Pero, ¿conseguiré subirme a la escalera? Desde hacía meses no podía subirme a una escalera a causa de mi fibromialgia. ¡Resultó!

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El símbolo del Padre

Lo primero que coloqué fue el símbolo del ojo del Padre. Eso me llenó de una enorme alegría por el santuario de Colonia. En ese santuario el símbolo del ojo del Padre es muy importante, a raíz de la visita, el 30 de octubre de 1966, del fundador de la Familia de Schoenstatt, el Padre José Kentenich. Ese santuario lo llevo en el corazón desde mi juventud.

La corona

Para colocar los símbolos me había subido encima del altar. Mientras la sacristana tenía que ir a recoger algo, estuve allí de pie, “mirando a los ojos a la Virgen” y en diálogo con Ella. ¿Cuándo había tenido en el santuario tan cerca y tan presente a María? Ella estaba feliz conmigo. Al contrario que con el símbolo del ojo del Padre, la colocación de la corona fue complicada y duró bastante tiempo. Coronar a la Virgen y entregarle todo y confiar en que Ella se ocupa de todo, eso no es fácil, sobre todo cuando pienso que tengo que hacerlo todo sola.

A través de ese “trabajo” especial en el santuario, sentí que había recibido un gran regalo. ¿Cuándo he experimentado un santuario recién pintado y poder ayudar a amueblarlo de nuevo? De este modo, la fiesta del 25 de marzo tuvo para mí un contenido totalmente distinto. Pude ser instrumento y “conquistar” el santuario de una forma nueva.

A veces se nos regala más de lo que nos atrevemos a esperar y además de forma totalmente gratuita. Pero eso también necesita ejercicio de nuestra parte, p. ej., estando atentos a la providencia y a la conducción del Padre celestial.

Realmente es el Padre Dios quien se ocupa de todo, cuando LE dejamos actuar en nosotros y cuando tenemos confianza.

Más en: www.gott-vertrauen.net (página en alemán)

Original: alemán. Traducción: Rodolfo Monedero, Memhoelz, Alemania

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