Publicado el 26. abril 2018 In Santuario Original

Finalmente se oye hablar italiano en Schoenstatt

SCHOENSTATT/ITALIA, Federico Bauml

Veinte chicos italianos han decidido pasar el fin de semana del 13 al 15 de abril en Schoenstatt. Para algunos fue la primera vez, para otros un agradable regreso, pero para todos fue una experiencia para recordar. –

Han pasado  ya cuatro años, desde agosto de 2014, cuando junto con la capellanía universitaria elegimos Alemania como destino de la peregrinación de verano, en la que insertamos Schoenstatt entre las distintas etapas. Muchos años, quizás demasiados; sin duda suficientes para hacer crecer en nosotros el deseo de regresar a ese lugar al que estamos tan apegados.

Sin embargo, se necesitaba una oportunidad, que llegó puntualmente, manifestándose a través de esos “lazos humanos” tan queridos por el P. Kentenich: la posibilidad de abrazar al P. Alfredo Pereira, por años responsable de nuestro grupo, quien después de regresar a Paraguay estaba pasando un retiro de tres meses en Schoenstatt.

Con este espíritu, hemos partido  a Schoenstatt. Las caras relajadas, a pesar de algunos imprevistos al principio, y un denominador común: el deseo de estar juntos, con la alegría contagiosa de una – decididamente numerosa-  familia italiana  en  vacaciones,  el objetivo de tomar un fin de semana de descanso  de la vida agitada de  todos los días, y la responsabilidad de llevar con nosotros las intenciones que nuestros amigos y nuestras familias nos habían confiado.

Tres días intensos

Esa  hora en auto  entre Frankfurt y Schoenstatt es una mezcla de sensaciones: para algunos, la alegría de regresar, para otros, la emoción de saber algo de lo que tanto habían oído hablar. Sensaciones que se hacen realidad inmediatamente después del cruce de Vallendar, cuando en seguida del letrero “atención a las ranas” (siempre me sorprende) aparece  a continuación, a la derecha, una pequeña iglesia, mejor conocida como el “Santuario Original”.

El viernes transcurre rápidamente, entre la visita al Monte Moriah y la misa en la capilla del Monte Sion. Cena rápida y luego, a pesar del despertador al amanecer, comienzan a hacerse escuchar, listos para una cita especial: un momento de oración en el Santuario Original, que durante una hora será todo “nuestro”. Un momento breve pero intenso, embellecido por los relatos  de María Fischer, una invitada excepcional.

El sábado estuvo dedicado a la visita de los lugares más importantes de Schoenstatt, y a la profundización de la figura del P. Kentenich, en todos los aspectos, el acompañante de nuestro “viaje puertas afuera”.

Conducidos por una guía fantástica, la Hna.  María Andrea, visitamos la Domus Kentenich y la iglesia de la Trinidad (con un emocionante momento de recuerdo en la tumba del Padre Fundador), el Santuario de las Familias y la tumba de los héroes, concluyendo con la celebración de la eucaristía en el Santuario Original.

El domingo, antes de la partida, hubo tiempo para otro momento especial: la alianza de amor, dentro del Santuario Original, de Raúl, uno de nuestros “misioneros”, celebrada por el Padre Facundo Bernabei, nuestro nuevo responsable, que, en nombre de una continuidad que no conoce solución, nos ha llegado desde Roma.

“Los santuarios de Schoenstatt son todos iguales”

Una de las primeras cosas que aprendemos cuando conocemos nuestro Movimiento es que los santuarios de Schoenstatt, dispersos en el mundo, son todos iguales: una copia fiel de la capilla palotina en la que, el 18 de octubre de 1914, el P. Kentenich celebró la primera alianza de amor, y a la que nosotros llamamos simplemente “Santuario Original”.

 

Una pregunta surge, entonces, espontáneamente: si los santuarios son todos iguales, ¿qué sentido tiene ir a Schoenstatt, en Alemania, cuando podemos ir al santuario a pocos kilómetros de casa?

La respuesta es más simple de lo que uno podría pensar.

Porque si bien arquitectónicamente los santuarios son todas “copias” que se ajustan al Santuario Original, también es cierto que cada uno de ellos tiene una gracia particular, más allá de las tres “clásicas” del Santuario Original (cobijamiento, transformación interior y envío apostólico), y su propio espíritu, que lo hace, a su manera, original (con la minúscula “o”, no en el sentido de “primero”, sino de “único”); un poco como nosotros, aparentemente tan similares, pero al mismo tiempo tan diferentes.

El alma también a veces necesita respirar, y hay lugares, como Schoenstatt, donde respirar es más fácil que en otros, y todo ayuda a dejarse ir, a confiarnos, y confiar a los seres queridos, a sacudirnos de la espalda el peso que llevamos.

Tenemos la esperanza de que no pasen otros cuatro años antes de regresar.

 

 

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Finalmente se oye hablar italiano en Schoenstatt

Original: italiano, 22.4.2018. Traducción: Ana María Ghiggi, Santa Fe, Argentina/es

 

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