Publicado el 15. marzo 2015 In Santuario Original

La MTA en medio del barro

Bernadette y Norbert Weweler.

La pradera de peregrinos quedó, tras las celebraciones jubilares, literalmente convertida en barro. Las redes protectoras y mucho mantillo sobre el césped lograron mantener más o menos secos los zapatos de los peregrinos. Tras las celebraciones, el estado de la pradera inspiró el contenido de una homilía en la iglesia de peregrinos.

 

El obispo auxiliar de Friburgo, Mons. Michael Gerber, dijo el 18 de noviembre de 2014:

“El nacimiento de Schoenstatt tuvo lugar aquí, en el Santuario, y más tarde en otros muchos lugares. Exagerando podemos decir que Schoenstatt nació en el barro. En el barro de las trincheras de Verdún, Merville y Cambrai, en el barro de las plantaciones del pantano de Dachau. Creo que, a los que hemos crecido en tiempos de paz, nos hace bien como ejercicio espiritual ir a esos lugares y rememorar la suciedad y el barro que había, tanto en las ropas como en las almas. Por eso, es quizá una buena señal que la pradera del Santuario Original esté ahora tan embarrada. El camino de la fundación lleva directamente al lodo”.

Con estas palabras no habrá casi nadie que no se acuerde del Papa Francisco y su exhortación a Schoenstatt, algo constante y dirigida especialmente a los movimientos: salgan a la calle, a las periferias de la sociedad, prefiero una Iglesia, un movimiento, que se ensucie las manos y la ropa, a una que parezca un museo y exhiba su carisma en una vitrina…

Volvamos a las «huellas en el barro» del jubileo

Volvamos a la pradera de peregrinos y a las huellas en el barro. Porque en algún momento se acabó el jubileo y los peregrinos volvieron a sus casas. Y entonces… hubo que retirar con cuidado y esmero el mantillo y llevárselo. Como la mayoría de los voluntarios ya se habían ido, quedó la tarea exclusivamente para tres voluntarios de Méjico, para el Hermano de María Martín Jansen y para el sacristán Norbert Weweler, que pusieron manos a la obra. A pesar del trabajo agotador, no faltaba alegría y el buen humor. Así Aldo, Héctor y Garo estuvieron repentinamente bajo la “lluvia dorada” del Gingko biloba. Y al mediodía habían “esculpido” con sus palas un gigantesco MTA en el barro.

Entretanto se había retirado casi todo el mantillo. Ahora todos esperan a la primavera para que el césped se recupere, porque aún se notan a simple vista “los caminos del jubileo”…

Despedida de los últimos voluntarios del jubileo

Esta semana hubo despedidas.

Héctor volvió antes a casa. Aldo y Garo se pusieron en camino de regreso a Méjico el 10 de marzo.

Aldo enseña la foto, Bernadette Weweler (sacristana del Santuario Original), Garo, Norbert Weweler (sacristán del Santuario Original).

Aldo y Garo fueron los últimos voluntarios que asistieron al gran jubileo del centenario.

Ha comenzado el segundo siglo de Schoenstatt. Y algo de barro debe quedar.

Original: alemán. Traducción: M. Paz Leiva. Madrid, España

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