feminista

Publicado el 2020-12-01 In Voces del tiempo

“No soy feminista a pesar de ser católica. Soy feminista porque soy católica”

María de los Ángeles Miranda Bustamante, Chile, periodista •

Cecilia Sturla, especialista schoenstattiana en feminismo e Iglesia: “Yo no soy feminista a pesar de ser católica. Soy feminista porque soy católica”. Esta académica argentina, miembro del Instituto de Familias de Schoenstatt, da conferencias y escribe artículos sobre los derechos de la mujer en la sociedad y, particularmente, en la Iglesia, donde las mujeres, hoy más que nunca, deberían tener “voz y voto”. Hoy compartimos parte de la entrevista que dio al programa “Arreglando el Mundo”, del obispado de Valparaíso, Chile. —

 

Marita Miranda Bustamente

María de los Ángeles Miranda Bustamente, periodista

“Si yo lavo, vos cocinás”- es la máxima en la casa de Cecilia Sturla en Salta, Argentina, donde vive con su marido, el médico José María Sanguinetti, con quien pertenece al Instituto de Familias de Schoenstatt, y sus seis hijos e hijas. Es profesora de Filosofía y académica de la Universidad Católica de Salta, donde es directora del Instituto de la Familia y la Vida “Juan Pablo II”. Desde allí ha escrito artículos y dado conferencias, dentro y fuera del Movimiento, sobre las mujeres, los feminismos y la Iglesia. Resume su postura parafraseando a la teóloga feminista Marie-Therèse van Lunen-Chenu: “Yo no soy feminista a pesar de ser católica. Soy feminista porque soy católica”.

En sus postulados, alude a la “relación problemática entre la Iglesia y el feminismo”, que se da “porque hay miedo a la palabra feminismo, porque se lo asocia a un feminismo radicalizado, se lo asocia a las mujeres que se desnudan frente a las catedrales y que vandalizan las imágenes religiosas y eso no es el feminismo. Hay que hablar de feminismos”. Porque hay tantos feminismos como mujeres y no hay que generalizar.

 

Es importante comprender la diferencia entre el sexo, la constitución biológica de hombre y mujer, y el género, la construcción social en torno a lo masculino y lo femenino. ¿Por qué es justamente en el género que los derechos de la mujer se ven históricamente tan conculcados en comparación con los de los hombres?

Porque hay estructuras sociales hechas por los hombres donde la mujer no participó. La economía, la política, la sociedad se construyeron sobre la mirada masculina. La mujer no debatía leyes. Entonces la mirada era unilateralmente masculinizada. La mujer quedó fuera de ese ámbito, pese a que hubo mujeres muy valiosas, muy luchadoras en todas las épocas, pero no lograban romper esa estructura hecha por los varones.

Por eso a mí la diferencia que estás marcado entre sexo y género me parece muy importante, porque la perspectiva de género amplía el horizonte. Cuando vos decís una educación con perspectiva de género, no estás diciendo que no hay sexo. Lo tenés que aclarar. Estás diciendo que te tenés que adentrar en la educación con esas dos miradas, con esa perspectiva, que te amplía el horizonte a toda la humanidad.

 

Con respecto a las corrientes, está Simone de Beauvoir, que publica “El Segundo sexo” en 1949, que dice que el hombre y la mujer no son diferentes, son iguales y la sociedad, el género, los hizo diferentes. Por otro lado, está el feminismo de la diferencia, que dice que el hombre y la mujer son diferentes, aunque iguales en naturaleza, pero la sociedad es la que convierte estas diferencias en desigualdades. De estas dos miradas, ¿con cuál te identificas más?

Yo tomo de todos los feminismos. Soy de un sincretismo tremendo. Estamos parados sobre hombros de gigantes. Yo estoy acá hablando gracias al feminismo de la primera ola (fines del S.XVIII, por los derechos de las mujeres y las ciudadanas, en el marco de la Revolución Francesa) y la segunda ola (desde la segunda mitad del S.XIX hasta los años ’50 por el voto femenino). Hay cosas con las que yo no estoy de acuerdo porque yo no diría que somos tan iguales que no hay diferencias y que la diferencia sexual no es diferencia. Porque eso originó que surgiera la tercera ola (desde los años ’60, por los derechos sexuales y reproductivos). Porque, ¿cuál va a ser la crítica?: Si vos decís que somos iguales significa que la mujer no tiene derecho a reclamar licencia por embarazo o amamantamiento. Y una mujer embarazada no es lo mismo que un hombre que no se embaraza, en lo laboral. Entonces, el reclamo de las mujeres de la tercera ola a las mujeres de la segunda ola se da justamente en eso. Somos diferentes, hay que respetar la diferencia, pero cuidado, porque la diferencia uno la tiene que tomar desde la igualdad de oportunidades y desde la igualdad de distribución, que es la teoría de Nancy Fraser.

 

¿Y qué pasa hoy con la cuarta ola feminista? ¿Cuáles son sus demandas?

Es muy interesante lo que dice el feminismo de la cuarta ola. Porque se introducen las redes sociales, se introducen las luchas globales (…). Algunas dicen que no es una ola, es un tsunami lo que se viene, porque las redes sociales provocaron este estallido y esta necesidad de conocer algunas cuestiones que no las manejamos los países latinoamericanos.

Son demandas de todo tipo: Por el derecho al aborto, por los salarios, por la ley de cupos. Depende del país (…). Pero es una lucha que trasciende lo cultural, que trasciende las fronteras.

 

El Papa Francisco, en su primera encíclica Evangelii Gaudium, habla de la importancia de la mujer en la Iglesia y la sociedad. ¿Es posible integrar ideas del feminismo en el magisterio de la Iglesia, para hacer respetar los derechos humanos?

Yo creo que la Iglesia tarde o temprano va a asumir algunos de los presupuestos del feminismo. Lo tiene que asumir para sanearse. La Iglesia nuestra es tan santa como pecadora y, en su condición de pecadora, está la imposibilidad que tiene en algunas de sus estructuras de incorporar a las mujeres. Ahí uno debe tener una mirada muy crítica. Ustedes lo conocen mejor que nadie. La Iglesia chilena está muy golpeada. El caso de los abusos es tremendo. Y digo Chile porque en Argentina no saltó, al menos de la manera en que saltó en Chile. Pero ahí las mujeres tienen mucho por decir. Porque el caso de los abusos, el clericalismo, basado en una figura patriarcal de un sacerdote todopoderoso, de un obispo todopoderoso, sin participación de los laicos… ¡En una Conferencia Episcopal no está representado el 50% de la población mundial! Uno dice: “qué “copado” (buena onda) lo que dijeron los obispos”. Pero son obispos, ¿dónde están las mujeres? (…) Hay que animarse a sacar los miedos. Hay que discutirle al obispo en calidad de igual a igual. ¡Si el obispo es tan hijo de Dios, tan hijo de la Iglesia como yo! Lo único que pasa es que el obispo maneja una diócesis.

 

¿Qué podría hacer la Iglesia para avanzar en el reconocimiento de los derechos de las mujeres?

Hay un camino que lo marcó el Papa Francisco que es el de la sinodalidad, que es caminar con, caminar juntos. Me parece que ahí se puede lograr una sinergia, que las mujeres tengan voz y voto dentro de una diócesis, dentro de la pastoral de una Iglesia. Para mí el camino es la sinodalidad, el discutir, el trabajar juntos, el aunar objetivos. Hay muchas cosas en que hubiéramos hecho un bien enorme si hubiéramos trabajado mancomunadamente. Que la voz autorizada de la Iglesia sea un presbítero o sea el obispo, patea en contra. Y hoy más que nunca. Le saca credibilidad.

 

A veces, escuchamos en grupos católicos el término Ideología de Género. Este término no existe en la teoría feminista, sino que fue acuñado por grupos críticos para referirse a algunas ideas sobre el feminismo. ¿Qué opinas de la supuesta “Ideología de Género”?

Hay una confusión que si no se aclara genera muchísimo ruido y muchísimos desencuentros (…). Para mí el género sirve como categoría para analizar sociológicamente los estereotipos y todas las construcciones que se hicieron alrededor de la mujer (…) (Pero) el término ideología se le atribuye al pensamiento de una parte del feminismo que derivó en el postulado de que el género es una categoría cultural y el sexo es (también) una categoría cultural. Entonces no existe el sexo y el sexo es todo construcción cultural y es irrelevante en tu desarrollo personal. Es una teoría que proviene del neoestructuralismo de Foucault, Judith Butler, etc. Es una deconstrucción del sexo. A ese posicionamiento de un tipo de feminismo, dentro de la Iglesia Católica, se lo identifica como “ideología”, porque no tiene ningún sustento científico que diga que el sexo es irrelevante.

 

El aborto se esgrime como un derecho de la mujer, pero involucra también el derecho a la vida del embrión. ¿De qué manera uno puede ser feminista y no ser proabortista?

Yo soy feminista y no soy proaborto. Las jóvenes me hacen mucho esa pregunta. Para mí el aborto es un criptomachismo. Es consecuencia de una estructura masculinizada encubierta. (…) Es una sociedad que no toma en cuenta ni la mujer ni los embarazos. Y eso para mí es muy doloroso.

 

La teología nos dice que Dios no es ni hombre ni mujer. Pero habitualmente se lo representa como un señor de barba y, más aún, en actitudes que son estereotipos masculinos. Las teólogas feministas afirman en que esto a menudo se cristaliza en doctrinas machistas, que ordenan una santidad a imagen y semejanza de Dios-Hombre. ¿Qué opinas sobre el sexo de Dios?

Dios no tiene sexo. Lo que pasa es que se lo acapararon los hombres (se ríe). Admiro a las teólogas feministas. Hay cosas que son de una belleza y de una profundidad que a mí me encanta. Dios no es ni hombre ni mujer y estaría bueno mostrar la parte de la mujer que tiene Dios, que en las Sagradas Escrituras está, lo que pasa es que no la sabemos leer. Dios ama como una Madre (…). Me gusta la pluralidad de miradas de Dios, pero por lo general te dan miradas más unilateralmente masculinizadas.

 

Tú has dicho en tus conferencias que Jesús era un feminista. ¿Qué actitudes de Él te hacen pensarlo?

La mirada de Jesús a las mujeres es absolutamente revolucionaria en su época. Si nosotros ubicamos a Jesús en su contexto histórico, en una sociedad judía, donde la mujer era reproductora, esa mirada pone en igualdad de condiciones a la mujer y al varón. Hay varias escenas (…). Por ejemplo, la de la mujer pescada en flagrante adulterio. La van a apedrear, la van a matar. Pará. El adulterio es de dos, ¿o solamente la mujer lo comete? ¿Qué pasó con el varón? ¿Adónde me lo llevaron? (…) Por eso, Jesús, cuando lo encuentran y está dibujando en la tierra, dice “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Es decir, si la mujer es pecadora, el varón es pecador. (…) Es una ley de Moisés lo que rompe Jesús acá. Jesús patea el tablero. (…)

¿Después qué pasó? Los apóstoles estaban en su cultura y no tenían la mirada tan inclusiva de Jesús. Y después vino Constantino, y después la Iglesia se jerarquizó y de ahí… a lo que tenemos.

 

Y en el caso de María, ¿qué rasgos feministas ves en ella?

A María no se la hicieron fácil. Pensá que se queda embarazada siendo soltera. José la iba a repudiar. Tenía que hacer frente a una sociedad.
María es reflexiva. En la Anunciación, le pregunta al ángel “¿cómo puede ser esto?» A mí me gusta la imagen de las bodas de Caná. Jesús no tiene idea, no está en el detalle y la mujer sí. (…) María dice “no tienen vino”. Y Jesús dice: “Mujer, a ti, a mí, ¿qué?”.  Y María dice “hagan lo que les diga”. Es una mujer proactiva y ni siquiera respeta que Jesús le dice indirectamente no. Ella toma cartas en el asunto. Esto de mostrar a María con un espiritualismo, con cara de ternero degollado, no es María. María tiene un coraje a prueba de balas. Le hizo frente al imperio romano al pie de la Cruz. Todos los discípulos estaban muertos de miedo y se fueron. Los únicos que estaban era Juan y las mujeres. (…) María no es modelo de mujeres exclusivamente, sino de ser humano.

 

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2 Responses

  1. Paulina Benavente dice:

    Que importante poder ampliar la
    Mirada de rol de la mujer en nuestra Iglesia. También podemos ser parte con derecho pleno, integrarnos en las decisiones, de manera que alguna vez sea totalmente verdadero que la Iglesia somos todos.
    Gracias Cecilia !!!!!

  2. Rosario Zamora dice:

    Gracias por hablar de esto, es muy importante salir de las catacumbas y ver el mundo de hoy y a la mujer de hoy

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