Publicado el 2020-06-14 In Columna - Rafael Mascayano

Hasta las labores más nobles y trascendentales necesitan sustento

Por Rafael Mascayano, Chile •

Días atrás, en un chat schoenstattiano, subieron la imagen de una Hermana de María que es médica y cuyo testimonio aparece en la última revista Vínculo. En forma muy ingenua e inocente, una persona comentó: “no sabía que las hermanas podían trabajar”. —

Hna Teresa, medico, Chile

Hna Teresa, medico, Chile

“Mi carta para el 20 de mayo, con su gran visión del futuro, no habla solo del orden nuevo en las relaciones entre personalidad y comunidad, sino también entre personalidad y economía.” (P. Kentenich, del Informe de Norteamérica,1948)
Sí, esa es una opinión muy generalizada, que parte en primer lugar de un gran desconocimiento de la cantidad de ellas que son enfermeras, profesoras, ingenieras comerciales, abogados, entre otras muchas profesiones. Sin embargo, lo más complejo es la falta de consciencia de que el servicio que realizan al interior del movimiento también es trabajo y de que todo lo que los sacerdotes realizan en su trabajo pastoral es naturalmente trabajo. Lo más complejo es que se va creando una sensación de que es una “obligación” de ellos prestar ese servicio en forma gratuita y que los laicos podemos recibir pasivamente dichos servicios sin preocuparnos de que deben pagar casa, alimentación, vestuario, medicina, recreación. Decimos “de alguna parte saldrá” o “la comunidad les costeará sus gastos” y después nos quedamos felices cuando, para sus cumpleaños, les regalamos un hermoso chaleco en algún evento público y todos aplaudimos.

¡Cuántos malabares tienen que hacer los respectivos encargados de lo económico, tanto de los padres como de las hermanas! ¿Sabemos por casualidad cuánto cuesta la manutención de una hermana o de un sacerdote enfermo? Ellas o ellos, que han dado su vida y su trabajo incesante por nosotros, por nuestra formación, que nos han acogido tantas veces, reciben de nosotros solo palabras.

El sostenimiento de los santuarios y otros bienes del movimiento

Para los expertos es evidente, de antemano, que la cuestión de la personalidad y de la economía no deben ser separadas una de otra, en un tiempo en que todas las guerras se originan por conflictos económicos. El industrialismo o materialismo rompe la relación de la economía con Dios. P. Kentenich, Informe de Norteamérica – 1948
¡Y qué decir de la administración de nuestros santuarios! Conozco solo un caso en que anualmente se entregaba, en la jornada de inicio de año, un balance de los ingresos y egresos del año anterior. Hoy, que tanto hablamos de transparencia, de ejercicio participativo, de liderazgo distributivo, de una mayor madurez en las decisiones colegiadas, es un imperativo al interior de Schoenstatt crecer en una mayor madurez laical (en algunos lugares existen experiencias dignas de tomar en cuenta), de una mayor corresponsabilidad en la administración de nuestros bienes comunes.

No podemos replicar el esquema de muchas familias, en que los hijos no deben saber de las penurias de sus padres o, en nuestro caso, los miembros del movimiento no pueden saber la realidad de la administración de un santuario o de una ermita.

Sí, y no nos damos cuenta de que es muy educativo como familia, sobre todo con los hijos que ya tienen cierta edad, conversar también de lo económico-financiero de ese hogar. Nos ayuda a crecer como personas, como familia, y más aún en tiempos de crisis.

Y qué decir de los nuevos participantes. Es muy común que se escuche: “no hay que pedirles ninguna cuota para esta rama o santuario porque se podrían ir”. Es decir, hablémosles de la Mater, del padre, pero no de ser corresponsables con esta obra, a vivir como locales y no como visitas. Tenemos que ayudarles en todo sentido, a crecer tanto desde lo espiritual como desde lo humano y cotidiano.

¿De dónde vienen los ingresos?

¡Tenemos que transformar el mundo! Es una palabra de Marx que actualmente sale innumerables veces de boca de los católicos: ¡Transformar el mundo! ¿Qué mundo? Transformar todo el mundo. Quiero recordar primero a aquello que puede repetir esta mañana: la tarea del tiempo actual, de las crisis, de los dolores de parto, es un nuevo orden social. ¿Qué es lo que queremos? Ser dirigentes en la sociedad, en la política, en la economía. Por todas partes debemos tener personas que pongan allí la mano en el remo. Pero todo vinculado con el ideal de lo religioso-moral. P. Kentenich, Retiro Padres de Schoenstatt – 1967
Se da también otro gran problema. Dada la poca claridad de lo económico en algunos santuarios y tomando en cuenta que los ingresos no alcanzan para su manutención, son los coordinadores o jefes, quienes tienen que sustentar desde sus bolsillos los déficits. Es así, que, al nombrar nuevos encargados, es posible que, inconscientemente, se busque a personas que tengan un cierto respaldo económico y, por lo tanto, se puede dar la aberración de que, si alguien no tiene ese respaldo, se verá obstaculizada la posibilidad de asumir un cargo de responsabilidad. Y seguimos manteniendo bajo la alfombra los problemas económicos existentes. En el ser comunidad, si se diese que un matrimonio o jefe tuviese problemas económicos o estuviese con algunas dificultades, y que por el ejercicio de su actividad no pudiese buscar otros ingresos por estar totalmente inmersos en esa labor “apostólica”, es importante estar atentos para apoyarlos, no solo espiritualmente rezando por ellos, sino también entregándoles nuestro apoyo económico. Quizás debemos transparentar estas situaciones y generar nuevas formas de financiamiento. Volver a leer cómo se organizaron las primeras comunidades cristianas, a la luz de la realidad actual y buscar formas nuevas.

¿Por qué? Porque también al interior de cada comunidad, cada familia estamos llamados a crear un nuevo orden social. Nuevo orden social que debe comenzar por nuestras propias estructuras internas, formando laicos maduros y corresponsables, que sean transparentes con la realidad económica y financiera al interior de cada rama y cada familia de santuarios o ermitas y, como diría el P. Kentenich, buscando valorar el trabajo de cada uno de los miembros y la creatividad el desarrollo de nuevas formas. Esto se acentúa cada vez más con la necesidad de incorporar asesores laicos que destinen parte de su trabajo a acompañar procesos en las distintas ramas.

Un nuevo orden social, también en lo económico

Es cierto que, hasta ahora, hemos actuado con un paradigma de cómo deben establecerse las formas de relacionarnos económica y financieramente en el movimiento y que responden a la forma como las hemos construido a nivel eclesial. Sin embargo, debemos preguntarnos si es lo que el P. Kentenich querría como forma de construir esta nueva sociedad desde las mismas estructuras schoenstattianas. Si queremos hablar de un nuevo orden social, este debe comenzar a ser vivido de antemano entre nosotros. Aquí hay un llamado a cambiar los paradigmas existentes, y buscar nuevas formas de enfrentar la realidad y las relaciones con lo económico al interior de nuestro movimiento de Schoenstatt.

 

Al terminar de leer este artículo, te quisiera invitar a plantearte ¿qué harás en concreto para caminar en una nueva forma de relacionarte con lo económico, para buscar respuestas creativas en el nuevo orden social interno de Schoenstatt? Unir lo sobrenatural con lo natural y cotidiano…

 

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2 Responses

  1. Hna, es real lo que planteas. Ahora, y creo que como signo de los tiempos hay que comaprtir el «control» de estos espacios y otros, asumiendo y buscando mayor corresponsabilidad en lo administrativo y financiero. Es una tarea educativa en que habrá que trabajar las confianzas y trabajo más colaborativo.

  2. ¡Me deja sin palabras lo oportuno de este artículo!!! En este momento, por la pandemia, los ingresos para el mantenimiento de Nuevo Schoenstatt, Argentina, (Santuario, parque, casa de retiros, personal, etc. etc-) son NULOS. No llueve maná del cielo y hay que pagar los sueldos del personal que no viene a trabajar a causa de la rigurosa cuarentena… ¿Alguien lo pensó?
    Muchas gracias por hacerse presente con este escrito. Verdaderamenre, y más que nunca: ¡que Dios se lo pague!

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