Columna P. Enrique Grez López

Publicado el 2021-12-24 In Columna - P. Enrique Grez López

Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres

P. Enrique Grez •

Esta Nochebuena volveremos a cantar el Gloria y lo haremos con ardor y alegría. Romperemos el ayuno del adviento y nuestras voces se unirán a campanas y panderetas. Celebramos el nacimiento del Cristo, Jesús, que viene a nacer de María entre pajitas y animales. Preparando ese Rompimiento de Gloria que es la Navidad me he sentado a escuchar por enésima vez el Mesías de Haendel. Lo suelo hacer por Navidad y Pascua. Es una obra muy “oreja”, a la que estamos acostumbrados, pero de gran profundidad musical y teológica. —

La primera parte del Mesías de Haendel

Adoración de los Pastores, El Greco. Museo del Prado. Dominio Público Wikipedia

Adoración de los Pastores, El Greco. Museo del Prado. Dominio Público Wikipedia

La primera parte del Mesías contiene textos de las Sagradas Escrituras. Los primeros 12 movimientos son una especie de diálogo entre los profetas, que anuncian la llegada de la consolación de Israel. Resuenan las citas del Bautista: los valles serán rellenados para dar paso a la salvación. Todo esto entre compases relativamente alegres, liderados por el tenor y el coro. Pero no todo es tan sencillo en estos preámbulos de la Encarnación. El Señor de los ejércitos impone su voz de justicia (bajo atronador) y se anuncia una purificación de los hijos de Leví (coro preocupado). Así, la música acompaña estos vaivenes de promesa y espera entre tonos mayores y menores. Los sones acompañan esa historia de Israel con sus penas y alegrías de un modo transparente. En ese zigzagueante caminar pareciera que se van a imponer las dulces promesas: la Virgen dará a luz un hijo. En el momento más álgido interviene un solista (bajo) que habla de los que caminan en las tinieblas… pero que han visto una gran luz. Esa Pascua, el paso de las tinieblas a la luz, se muestra en el quiebre de tonalidades que pasa de una retorcida tristeza al más estupendo optimismo. El coro anuncia entonces: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y luego callan los cantantes.

Es el quiebre de la primera parte. Se trata de una sinfonía tierna y ligera. Con la palabra “Pifa”, Haendel ha querido designar las flautas de los pastores que ofrecen sus melodías, que la orquesta interpreta como una pequeña sinfonía de cuerdas. Las voces siguen calladas: ha nacido el Mesías. Todo es contemplación. Es quizás en esta breve sección donde se condensa la Navidad de esta obra: todo es serenidad y ternura.

Los tonos son ahora todos mayores y la soprano comienza a explicar en una serie de recitativos el anuncio de los ángeles a los pastores. Lo que sigue es el coro rompiendo en un Gloria magnífico que alterna contracantos y cánones. Los hombres se alegran en la paz que ha traído el que es el rey de la Gloria. Luego se asoma un profeta, en la voz de la soprano nuevamente, para alimentar más aún la alegría: Regocíjate, Hija de Sión. La primera parte acaba con una mirada a lo que será la vida de este Mesías recién nacido: Será un buen pastor que alimente su grey, que cuida de sus ovejas con cariño. A esto el coro responderá con una saltarina interpretación de las palabras de Mateo: Su yugo es ligero y su carga ligera, porque él es manso y humilde de corazón.

¡Feliz Navidad!

Ficha Técnica

TÍTULO:                           El Mesías

COMPOSITOR:               George Friedrich Haendel

PREMIER:                       13 de abril de 1742, Dublin

DURACIÓN:                    45 minutos (Sólo la primera parte)

VERSIONES:                   Recomendamos la versión dirigida por Harry Christophers y el conjunto The Sixteen. También la de Douglas Boyd con la Orchestre de Chambre de Paris.

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