pro bono

Publicado el 4. octubre 2018 In Carlos Barrio Alegría en el trabajo

La responsabilidad social empresarial de los estudios jurídicos – la actividad “pro bono”

Entrevista a Roberto Crouzel, por Carlos Barrio y Lipperheide, Argentina •

Hace unos días tuve el gusto de reunirme con Roberto Crouzel, abogado y socio del estudio jurídico Beccar Varela, que es uno de los principales bufetes de abogados comerciales de Buenos Aires. Tuve la oportunidad de conversar sobre la actividad gratuita, pro bono, con la que se han comprometido tanto él como el estudio. Roberto forma parte de la firma desde 1993 y es miembro de su Comité Ejecutivo.  Pertenece al movimiento apostólico de Schoenstatt y está casado con Cecilia Montesano Rebón, con quien tiene 4 hijos. —

 

En un mundo empresario en el que prima el lucro, la búsqueda de la máxima rentabilidad y una fuertísima competencia -muchas veces despiadada-, encontrar personas que dedican parte de su tiempo a actividades gratuitas en beneficio de la comunidad, es un aire fresco y de esperanza para el mundo empresarial, del cual los abogados comerciales forman parte.

Me recibe en la sucursal del estudio, sita en la localidad de Tigre. La vista es maravillosa y descubro que me daría mucho gusto volver a ejercer la profesión en ese entorno tan motivador para el espíritu y la vista, rodeado de un panorama en el que predomina el verde y el río.

 

Comienzo mi entrvista preguntándole:

Roberto, qué interesante que un estudio comercial del más alto nivel de Argentina como es Beccar Varela, esté comprometido con esta actividad “pro bono” ¿Cómo nace todo esto?

Creo que en general todos los que nos hemos dedicado a la abogacía es porque hay 2 valores que nos conmueven especialmente: el orden y la justicia, o sea, la existencia de un orden social justo. Así como a un arquitecto lo conmueve la estética y a un médico la salud, un abogado tiene muy internalizado estos dos valores. Y el nacimiento de la actividad pro bono creo que tuvo que ver mucho con esto. Dedicarse solo a la actividad del derecho comercial no nos alcanza y satisface, necesitábamos hacer algo por hacer más justo nuestro orden social.

La comisión pro bono nació a fines del año 2000, cuando estalló la mayor crisis social y económica de la Argentina, cuando por primera vez empezamos a ver gente en gran número durmiendo en las calles de Buenos Aires.

No es que antes no se realizaran actividades pro bono. La novedad es que se comenzó a hacer en forma organizada y que el interés por el servicio pro bono nació no sólo en el Estudio Beccar Varela sino al mismo tiempo en varios estudios de la ciudad de Buenos Aires.

¿Cómo evolucionó esta actividad?

Bueno, como te decía esta actividad comienza en noviembre del año 2000 en el Colegio de Abogados de la ciudad de Buenos Aires. Hoy somos 22 estudios de Buenos Aires y 3 departamentos jurídicos de empresas. Además, el año pasado fundamos la Red Federal pro bono que incluye estudios y abogados en casi todas las provincias. ¡Hoy somos más de 80 estudios o empresas involucrados, que suman más de 1300 abogados!

¿Cómo se desenvuelve la comisión en la práctica diaria?

Detectamos que gran parte de nuestro trabajo proviene de las organizaciones sin fines de lucro, que nos contactan porque necesitan regularizarse, poder recibir donaciones, subsidios, abrir cuentas en los bancos, etc. Y necesitaban además una ayuda legal para avanzar en muchos de sus objetivos específicos.

Por otra parte, notamos que muchas de estas organizaciones trabajaban no solo en Buenos Aires, sino también en otras zonas del país. Entonces se nos ocurrió que era interesante tener contacto con abogados en el resto del país que pudieran atender necesidades concretas de estas ONG en la actividad específica que realizaban. Y también vimos que muchos de estos abogados que actualmente estaban prestando estos servicios, seguramente estaban trabajando con organizaciones que necesitaban ayuda en la Ciudad de Buenos Aires. Y así nació esta Red Federal.

Hoy estas organizaciones hacen sus consultas a la comisión pro bono del Colegio de Abogados y la comisión envía la consulta a la red y el primero que se interesa se hace cargo del caso.

El Colegio de Abogados, además de actuar como clearinghouse de las consultas, hace de auditor, buscando que las respuestas tengan el mismo nivel de calidad profesional que aquellos casos que no son pro bono.

¿Qué rol tenés en la comisión pro bono?

Actualmente soy vicepresidente del Colegio de Abogados y miembro de la comisión pro bono. La idea es que los cargos de la comisión sean rotativos.

La estructura consta de una comisión directiva y una mesa de coordinadores. La comisión directiva está integrada por abogados que dentro de sus estudios tienen ciertas posibilidades de tomar decisiones en nombre de su estudio. Y la mesa de coordinadores por abogados más jóvenes que se ocupan de distribuir el trabajo de campo.

La comisión directiva y la mesa de coordinadores se reúnen una vez por mes para llevar adelante sus tareas.

Además, hay dos personas rentadas que se dedican a coordinar y organizar el trabajo de la comisión pro bono, para lo cual todos los miembros hacen un aporte mensual con el que se sostiene el sueldo de estas dos personas. El resto del trabajo es voluntario y gratuito.

¿Qué avances han tenido en todo este tiempo?

Tuvimos algunos hitos importantes. El primero sin duda fue la fundación de la comisión pro bono a fines del año 2000.

El segundo fue la suscripción de la declaración pro bono para el continente americano que se redactó en conjunto con el colegio de abogados de Nueva York y la Fundación pro bono Chile, donde se estableció el compromiso de cada firmante de dedicar al menos 20 horas por año pro bono de igual calidad profesional que el trabajo pago. Si eso lo multiplicamos por la cantidad de abogados que hay en la comisión pro bono, es una cantidad de trabajo muy significativa.

El tercero fue interesar a varias universidades para incluir la cultura pro bono en la currícula de la carrera y la incorporación de equipos de abogados de empresas.

El cuarto fue cuando el programa Justicia 2020 del Gobierno Nacional por primera vez se refiere a la importancia de expandir el trabajo pro bono, y el quinto sería la formación de la Red Federal Pro bono.

También hemos recibido algunos premios, dentro de los cuales me gustaría destacar el que nos dieron cuando los sacerdotes de las villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires nos pidieron hacer un estudio comparativo sobre el “paco” en Argentina y Latinoamérica.

¿En qué consistió este estudio?

Consistió en revelar todo lo que existe para atender a los enfermos de paco, cómo hacer una denuncia cuando hay alguien que está traficando paco, dónde ir a buscar asistencia, y otros temas vinculados.

También nos involucramos muy fuertemente con motivo de la inundación de ciudad de La Plata. Recabamos información para que cualquier víctima de la inundación supiera qué derechos tenía y a dónde recurrir.

Por otro lado, analizamos, por ejemplo, el marco regulatorio de las organizaciones sin fines de lucro. Estos y otros trabajos están en la página de la comisión pro bono del Colegio de Abogados.

Hemos alcanzado algunos logros de los que nos sentimos orgullosos, como por ejemplo en temas de discapacidad. Le ganamos un juicio a la Ciudad de Buenos Aires para que instalaran rampas para discapacitados en las escuelas, suscribiéndose después un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires fijando un cronograma para que se vayan instalando las rampas.

A través de otra acción judicial, también logramos que se cumpliera el cupo de trabajo para discapacitados en la ciudad de Buenos Aires.

Siento que Roberto se va entusiasmando y enorgulleciendo a medida que va detallando todos los avances que fueron alcanzando.

Pienso en lo valioso que es que profesionales y estudios jurídicos se nucleen y colaboren mutuamente en actividades de ayuda social, sin por ello perder la esencia de sus actividades.

Sin duda esto es un cambio en la forma de entender la actividad legal y una valoración de la importancia de generar vínculos entre las empresas legales a partir de otra mirada del mundo.

Viene a mi mente la frase de José Kentenich que decía que “si quieren una medición de la salud, háganla en base al tipo y el grado del organismo de vinculaciones.”[1] El desarrollo que ha tenido la comisión pro bono es una prueba bien concreta de este organismo de vinculaciones que se ha gestado entre los abogados.

 ¡Qué avances, Roberto!

¡Si, fueron muy significativos!

Roberto continúa enumerando otros logros de la comisión pro bono y descubro los notables progresos que se pueden obtener de este tipo de asociaciones colaborativas.

Trabajamos mucho también asesorando a las organizaciones de enfermos oncológicos, cuando las obras sociales no les querían dar los servicios que legalmente les correspondían.

En cuanto a temas de transparencia institucional tramitamos un juicio para que los senadores tengan que presentar sus declaraciones juradas.

También hemos trabajado en la auditoría a los juzgados federales para ver qué progresos tienen las denuncias de casos de corrupción y medir cuánto tardan en resolverse.

En microfinanzas ayudamos a la conformación de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito y hemos colaborado para que se remuevan algunos de los obstáculos que hay para el desarrollo de la actividad.

En niñez de riesgo hemos trabajado mucho de los temas de adopción para los chicos que están en hogares de tránsito.

Recientemente, firmamos con la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, un acuerdo de colaboración similar, el cual seguramente nos va a demandar mucha energía y esfuerzo por la gran cantidad de temas que surgen en esta provincia.

En la actualidad estamos trabajando en un proyecto para proponer normas para transparencia tanto del sector público como de las empresas y como también del sector de servicios de los abogados y contadores.

Hicimos un acuerdo con el ministerio de justicia por el cual, en los centros de asistencia de justicia, los “C.A.J”, los abogados del Ministerio de Justicia que atienden a la gente de los barrios carenciados, nos deriven cierto tipo de casos. Y así por ejemplo nos ocupamos de conseguirles documentos de identidad a una enorme cantidad de personas indocumentadas en Argentina. Hay gente de 50 y 60 años que no tienen DNI, que no existe desde el punto de vista documental, que nunca pudo ir a una escuela, a un hospital, a un trabajo en blanco, porque no están documentados.

 

Claro, estas personas no existen para la Argentina

Lamentablemente no existen. Nosotros los ayudamos con los documentos, las partidas de nacimiento, los temas jubilatorios. Y firmamos un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Justicia para colaborar en ello.

Y ahora estamos yendo a distintas ciudades del país a promover que los Colegios de Abogados repliquen la experiencia del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires ofreciendo nuestra colaboración.

Estuvimos en Córdoba y en Rosario y estamos yendo a Mendoza y a Neuquén para replicar estas ideas.

 

¡Me sorprende la cantidad y calidad de las acciones que han realizado con la comisión por bono!

Descubro que la actividad que desarrollan colabora a generar un orden social más justo. Como decía Enrique Shaw “No puede haber paz sin justicia. Esta no es algo que se procura “después” sino que es el fundamento de cualquier relación humana.”[2]

 

Roberto, ¿podría decirse que esta actividad la están realizando abogados, pero también -desde otro punto de vista- que son las empresas, porque el estudio jurídico es en última instancia una empresa?

Si, es así, lo hacen desde dentro de lo que saben hacer. La idea es que los abogados que son expertos en temas legales puedan dar un servicio desde su especialidad, trabajando en forma asociada en beneficio de la comunidad.

 

¿Podría ser un ejemplo para que otras empresas se asocien y hagan lo mismo?

Sí, claro. A nosotros nos gustaría que esto mismo ocurriera con los contadores, los arquitectos, los ingenieros y que cada uno aproveche lo que siente como el llamado de su vocación, para hacerlo de una manera que aporte su saber en beneficio de la comunidad.

 

Y no solo empresas de servicios …

Sí, desde ya, no solo con empresas de servicios, sino todo tipo de empresas.

Todo este proceso que hemos desarrollado con la actividad pro bono es un poco el criterio de lo que se llama Responsabilidad Social Empresarial llevada al campo de nuestra profesión.

A nosotros nos enseñaban en general en las universidades que para ser un abogado que iba a pleitear teníamos que ponernos el casco para defender el derecho de nuestro cliente contra el otro abogado. Y la realidad es que el trabajo pro bono nos enseña cuánto más importante es generar ese vínculo de confianza entre profesionales que habitualmente compiten o confrontan, en beneficio de un interés común.

¡Y esto se está expandiendo!

Nosotros muchas veces decimos que si el autor del viejo Código Civil, Velez Sarfield, en una época que no había luz eléctrica, que se leía a los franceses en francés y a los portugueses en portugués y que a la luz de la vela, con un plumín, había que redactar las leyes, nos legó un Código Civil, que evitó millones de conflictos a lo largo de más de 100 años, imaginémonos si cada uno de los abogados que hay en Argentina trabajara 20 horas por año en forma gratuita y asociada, el impacto social favorable que podríamos generar en la comunidad.

Bueno, ese es el concepto, y la idea es que se asocie cada vez más gente.

Finalmente quiero reiterarte que una cosa importante que hemos hecho es ir a las Universidades, porque queremos que la cultura pro bono se forme desde el comienzo de la carrera. En la Universidad Di Tella ya hay una materia sobre el trabajo pro bono que da puntaje para la carrera y que incluye una clínica jurídica que la hacemos en el estudio Beccar Varela en la que, los alumnos de la universidad, atienden las necesidades reales en la Inspección General de Justicia de las organizaciones sin fines de lucro que nosotros asesoramos.

La idea es que el día de mañana, así como hoy a nadie se le ocurre tirar un papel a la calle sin pensar en reciclarlo, que a ningún profesional se le ocurra que pueda trabajar sin dedicar parte de su tiempo a hacer algo pro bono.

 

La visión de Roberto me entusiasma y me lleva a reflexionar sobre todo lo que se podría realizar si el criterio pro bono desarrollado en esta múltiple asociación colaborativa de abogados, se llevara al campo de las empresas en general, cada una brindando servicios a partir de su propio objeto social. ¡El impacto que podría generarse en la sociedad sería enorme!

 

Le pregunto a Roberto, ¿el siguiente paso sería trabajar en forma coordinada con otros países?

Ya se está haciendo. Hay también una red pro bono en donde está involucrada la red pro bono de Chile, Colombia, Perú, Paraguay y Argentina, en la que cada uno está en un nivel de desarrollo distinto. Pero ya se ha logrado conformar lo que sería la red pro bono de las Américas.

 

¿Se han reunido alguna vez?

Sí, nos reunimos todos los años.

 

Cambiando de tema, sé que sos un schoenstattiano que querés vivir con coherencia tu vida profesional. ¿Cómo vivís tu compromiso a la luz de lo que estás contando?

Lo que estoy haciendo lo hago por vocación. Como dice José Kentenich, hay que ser orgánico, en forma integral y no “careteando” como dirían los jóvenes. Hay que ser consistente entre lo que pensás, sentís y actuás. Es algo muy difícil de lograr, pero ese es el objetivo.

Dentro de ese objetivo me parece que el vivir orgánico también implica vivir los valores cristianos en el mundo de tu actividad empresarial, profesional, de manera tal de no tener nuestra vida tabicada, sino que la misma persona que ves en el ámbito familiar y de los amigos sea la misma persona que se refleja en la vida profesional.

Claramente vivimos en un país en el que uno ve la injusticia de la diferencia entre quienes tuvimos la suerte de tener nuestras necesidades básicas cubiertas, de todos aquellos que no. Y en el caso de los abogados además tenemos el monopolio del derecho de peticionar ante los tribunales. ¡Nadie puede ir a pedir ante un juez justicia si no es a través de nosotros!

Creo que nuestros valores cristianos y nuestra formación schoenstattiana se ven también claramente en la cancha en estas cosas.

¿Cómo vivís ser schoenstattiano y cristiano, no tanto en la actividad pro bono, sino como uno de los socios del Estudio Beccar Varela?

Mirá, yo creo que debe ser igual para cualquier persona en el rol de liderazgo que le toque asumir, ya sea un padre de familia, ya sea un capataz, ya sea el presidente de una compañía, ya sea una empresa de servicios, o una empresa que produce bienes. Me parece que ese cuestionamiento ético que uno se hace de si lo que uno está haciendo está bien o está mal, es común a todas las personas.

En lo personal vivo pensando que tengo que dormir tranquilo con la almohada a la noche. ¡Esa es la directriz! Por otro lado, también teniendo conciencia de que uno es solo un instrumento y aprendiendo a escuchar, tratando de tener un tiempo de reflexión para poder tomar una decisión honesta, de forma tal de que se aplique esto que decía Kentenich de las “puertas abiertas”, que si la decisión es acertada se abrirán las puertas y habrá una “resultante creadora” y si la decisión fue desacertada se cerrarán las puertas y entonces nos daremos cuenta que ese no era el camino.

 

Roberto, te hago una pregunta más personal ¿Te resulta fácil o difícil vivir tu fe de cada día en un estudio jurídico de primer nivel como es Beccar Varela con la exigencia del mundo contemporáneo?

En lo concreto, en lo diario, ¿te hacés tiempo para vivir con espiritualidad o te cuesta lograr tus espacios, tus momentos?

 

Reconozco que algunos tienen la suerte de trabajar en lugares en los que hay más posibilidades que en otros, pero creo que toda persona de buena fe debe tratar de hacerse el tiempo para las cosas que hacen a su crecimiento espiritual.

Por otra parte, pienso que en realidad a los dirigentes les debiera ser más fácil administrar sus tiempos para ocuparse de los temas que realmente le importan que a los dirigidos. Por lo tanto, en ese sentido, creo que hoy me es más fácil elegir qué tiempo le voy a dedicar a cada cosa, que 20 años atrás. Quizás hoy tenga responsabilidades más demandantes que me generan preocupaciones mayores, pero de cualquier manera no creo que sea excusa para no administrar mejor mis tiempos.

 

¿Tenés alguna rutina de fe en el día?

Sí, tengo varias rutinas. Te cuento algunas. A mí me gusta correr y cuando lo hago, rezo. Y hago un poco como dice el Papa Francisco, empiezo rezando algo más formal y después me dejo llevar por lo que vaya surgiendo.

¿Conocés el cuento del lobo bueno y el lobo malo? Bueno, creo que uno tiene que alimentar al lobo bueno, entonces vas a vivir con el lobo bueno mayormente.

Hace muchos años puse una imagen de la Virgen en mi despacho, pero sin la intención que sea agresivo con nadie. Solo para recordarme cuales son mis valores.

Creo que vivir la fe tiene que ver un poco con no tener vergüenza de que la gente sepa los valores religiosos que profesás, pero sin que eso sea ofensivo para quienes piensan diferente. Y que sea una invitación para que ellos también lo puedan hacer con total libertad.

Creo que la sociedad en esto está mejorando. Percibo que la tolerancia es uno de los valores de este nuevo milenio, en el sentido de poder mostrar a la gente “esto es lo que yo creo y vivo y respeto lo tuyo y espero que también respetes lo mío”.

¿Te viste alguna vez en una disyuntiva de conflicto entre tu fe y tu profesión?

Si, muchas veces. Creo que en general las resolví bien, pero sin duda que me he equivocado alguna vez.

Muchas gracias, Roberto, por tu tiempo y por el compromiso que has asumido en esta actividad pro bono, lo cual veo como un ejemplo para todos los profesionales y hombres de empresa.

 Me retiro del estudio con la alegría de ser testigo de que hay gente trabajando en la construcción de un mundo mejor y más humano.

La actividad pro bono me recuerda nuevamente a una frase de Enrique Shaw quien decía que “debemos identificarnos con nuestro trabajo. Nuestro trabajo es una parte o proyección de nosotros mismos. Un carpintero, un constructor, un agricultor no solamente saben dónde son necesarios, sino por qué son necesarios y cómo son necesarios. Debemos ser capaces de enlazarnos intelectualmente con nuestro ambiente, de penetrar en él, de conocer los procesos dentro de los cuales nos movemos y vivimos …, de saber lo que todo ello significa … de tener u sentido de causa …”[3]

Siento que se está llevando a cabo lo soñado por Enrique Shaw.

 

Carlos E. Barrio y Lipperheide

[email protected]

 

[1]José Kentenich. “Textos Pedagógicos”. (Editorial Nueva Patris, 2008. Herbert King), pág. 448.
[2] Enrique Shaw. “… y dominad la tierra” (Editorial ACDE, 2010), pág.96.
[3] Enrique Shaw. “Notas y apuntes personales”. Editorial Claretiana (2013), pág. 91.

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1 Responses

  1. Excelente nota y testimonio. Gracias por compartirlo.
    Saludos a ambos,

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