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Publicado el 2021-01-21 In Temas - Opiniones

Abusos en Schoenstatt: sigamos debatiendo este asunto (2)

BRASIL, Luciana Rosas •

Dadas las repercusiones del artículo Abusos en Schoenstatt: un asunto para debatir, me di cuenta de que era muy importante dar continuidad al tema y al debate, para generar así más conocimiento, conciencia y empatía.  En este segundo artículo, ¿Estamos preparados para recibir denuncias de abuso en Schoenstatt?, que forma parte de una serie de tres artículos, presentaremos algunas dificultades con las que las víctimas de abuso se encuentran al realizar denuncias en Schoenstatt y cómo la estructura del Movimiento de Schoenstatt puede contribuir a eso. El objetivo es que, a través de un mayor conocimiento sobre el tema, podamos desarrollar más empatía y ofrecer un mayor acogimiento para las víctimas, así como trabajar de una forma más objetiva, como Familia de Schoenstatt, en el combate a los diversos abusos que ocurren en nuestro Movimiento, porque sí, ocurren abusos.—

¿Estamos preparados para recibir denuncias de abuso en Schoenstatt?

Dificultad para denunciar los abusos

Un punto importante que será abordado aquí es la dificultad que encuentra una víctima de abuso espiritual para denunciar situaciones abusivas que haya sufrido. Incluso antes de hacer una denuncia, tiene mucha dificultad para encontrar a alguien que esté dispuesto a escucharle y orientarle sobre los pasos que debe seguir.

Aquí nuevamente me propongo compartir algunas situaciones que yo viví y las dificultades que encontré para dar seguimiento a mi queja. En este punto me encontré con un tema estructural de la Familia de Schoenstatt: somos federados. En esto no hay novedad alguna. ¿O será que sí? ¿Será que todos saben lo que significa el hecho de ser federados?

Ser federado significa que cada una de las comunidades es completamente autónoma e independiente. Es importante aclarar que incluso la Presidencia Internacional no tiene un papel ejecutivo en la Familia de Schoenstatt. Es la reunión de los superiores de las diversas comunidades, cada una de ellas completamente autónoma. Por lo tanto, no hay una “cabeza ejecutiva”. Esta aclaración es importante también por lo que hemos visto sobre las posiciones acerca de la crisis de Kentenich, que está vinculada directamente a la comunidad del Instituto de las Hermanas de María de Schoenstatt.

La primera gran dificultad cuando hay un mínimo de conciencia sobre el abuso sufrido es: Y ahora, ¿a quién me dirijo? ¿Con quién hablo? Muchas veces la víctima no busca en el lugar preciso donde se cometió el abuso (por una comprensible falta de confianza). Al buscar otro lugar donde cree que puede ser escuchada y recibir dirección, pueden acontecer diferentes cosas:

  • No encontrar quién quiera escucharla;
  • La persona a la que se buscó puede simplemente decir: este asunto no compete a mi comunidad, es un asunto “del otro lado de la pared”;
  • Rezaré por ti.

¿Alguna de esas posiciones representa alguna acción concreta para la posible víctima? La respuesta es no, y una gran parte de esta posición está justificada por el federalismo de Schoenstatt. ¿Ser autónomo nos exime totalmente de la corresponsabilidad de pertenecer a la misma “familia”? Todavía no tengo formalmente esa repuesta, pero creo firmemente que no.

Fue precisamente la falta de claridad sobre el procedimiento que debería seguirse cuando tomé conciencia de los abusos sufridos lo que me llevó a viajar fuera del país, incluso a Schoenstatt. Pero ¿cuántas personas tienen la posibilidad de hacer eso?

Aquí nuevamente me gustaría citar parte de la entrevista con Barbara Haslbeck cuando lanzó su libro “Erzählen als Widerstand” (disponible solo en alemán, la traducción libre del título sería: “La narración como forma de resistencia”) que trata exactamente sobre la dificultad de denunciar:

 Las mujeres que quieren hablar sobre su abuso a menudo necesitan muchos intentos. Por ejemplo, porque la otra persona no tiene oídos para ella, porque ni siquiera quiere escuchar lo que se dice. Los afectados no encuentran a nadie que se sienta responsable de ello. Uno de los artículos de nuestro libro se titula exactamente con esta frase: «No somos responsables de eso». Hay contactos en la Iglesia por abuso sexual infantil, pero no por abuso de adultos. También es difícil según el derecho canónico incluso registrar el abuso espiritual contra mujeres adultas. Muchos de los afectados se quedan en el camino.

Sobre ese mismo punto, para que quede más clara la dificultad de obtener asesoría, personalmente busqué a una comisión especializada en recoger denuncias de abuso para una determinada comunidad de Schoenstatt. En la respuesta que recibí por correo electrónico, la persona responsable de dicha comisión, ante algunos cuestionamientos, quedó de regresar con información sobre la colocación de una denuncia:

Pregunta: ¿Cómo se aborda el derecho canónico en casos de abuso de poder y manipulación de la conciencia?

En respuesta, la persona responsable por esta comisión me dijo que estaba en contacto con canonistas para averiguar sobre el tema, ya que, en una consulta previa con una abogada, se le había advertido que no habría claridad en el manejo de ese asunto (según el Derecho Canónico). Me dijo que había consultado con otra persona y que trataría de darme una respuesta lo más clara posible. Por supuesto, pero no obvio: la respuesta nunca llegó.

 

abuso denuncia

¿Están las instancias claramente definidas y difundidas?

El punto abordado anteriormente no sería necesario si las instancias responsables por recibir y tramitar las denuncias de abusos en Schoenstatt estuvieran claramente definidas y difundidas.

Dejo para las autoridades correspondientes las siguientes preguntas:

  • En Brasil, en las comunidades de los institutos seculares, ¿hay protocolos establecidos sobre cómo deben conducirse sus miembros y sobre la constitución de una instancia clara e independiente para que los miembros puedan realizar posibles denuncias?
  • En el caso de exmiembros de las comunidades, ¿hay instancias previstas e independientes con los protocolos correspondientes para que se puedan realizar denuncias?
  • Para los miembros de las diversas ramas en el Movimiento de Schoenstatt, ¿hay protocolos e instancias establecidas y claramente divulgadas para la gestión de las denuncias que pudieran presentarse?

Estas preguntas tienen como objetivo proporcionar información y promover la reflexión. Aunque he participado por muchos años directamente en el Movimiento de Schoenstatt, nunca escuché nada al respecto, por lo que sería una gran contribución que los responsables de las comunidades y del asesoramiento de las diversas ramas del Movimiento pudieran proveer información para aclarar dichas preguntas.

 

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Profesionalismo en la Familia

Algo que he observado desde hace algún tiempo, y que muchos otros schoenstattianos también han notado, es que en Schoenstatt el ambiente familiar muchas veces se usa como una forma de soslayar la necesidad de profesionalismo en el abordaje de asuntos que deberían ser conducidos por especialistas.

Tomando como ejemplos los últimos textos oficiales publicados sobre la crisis Kentenich, en los que se presenta por primera vez la llamada Comisión de Medios, responsable por la redacción y publicación de dichos textos, me causa mucha extrañeza percibir que no hay siquiera un psicólogo o especialista profesional en el tema, ni tampoco hay un especialista en comunicación de crisis, por ejemplo.

¿Por qué pasa eso? ¿La Familia de Schoenstatt no cuenta con profesionales especialistas? ¿Sería realmente imprescindible para el abordaje de un tema factual y objetivo que el especialista sea schoenstattiano?

Una respuesta posible para esa pregunta es que somos una “familia” y “confiamos” los unos en los otros. Resolvemos nuestros asuntos en casa, entre “nosotros”. Y claro, siempre con la presencia y/o supervisión de una autoridad perteneciente a algún instituto, a pesar de que no tenga formación alguna en el área requerida. Es este estilo “familiar” de Schoenstatt el que nos pone en una mala posición ante el mundo, que trata a las posibles víctimas de abuso con una frialdad y una falta de empatía que choca, que maneja ciertos temas como “secreto de familia” (concepto perfecto para encubrir abuso) y que yo, como víctima, repudio vehementemente.

Una denuncia de abuso nunca debe ser tratada como asunto de confianza o desconfianza por la persona responsable de la investigación. Una denuncia debe ser manejada por un especialista en el área, profesional, con conocimiento y experiencia, y no a través de una solución casera, “familiar”. Es un asunto objetivo, por lo que el uso de la subjetividad en esos casos puede llevar incluso a situaciones de manipulación y desgaste muy grandes para las víctimas.

Schoenstatt tiene todavía mucho camino por recorrer en el manejo de estos temas con el profesionalismo correspondiente. Ese profesionalismo no excluye al espíritu familiar, pero hasta el momento, la “familia” ha excluido el punto de vista crítico profesional sobre asuntos que así lo exigen.

 

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Hecho vs fe: No se debe tratar con subjetividad lo que es objetivo

Una de las grandes falacias en el manejo del asunto de abusos espirituales en Schoenstatt (y aquí tomo Schoenstatt por ser esta la comunidad y el carisma en el que he vivido prácticamente toda mi vida) es tratar algo que es objetivo como una cuestión de fe, de vocación.

Cito aquí algunas de las expresiones que escuché – y no solo una vez – de miembros de la Familia de Schoenstatt:

  • “No tienes vocación para Schoenstatt”.
  • “No tienes vocación para esta comunidad”.
  •  “No aceptas la educación de Dios a través de las correcciones, por eso te rebelas”. 
  • “Tienes que entregarlo todo para el capital de gracias. Olvida, perdona, entrégate y sigue con tu vida”.

Queda claro aquí que, una vez más, la culpa por el abuso sería de la víctima, al alegar una supuesta falta de vocación al carisma (amplio) o a la comunidad (estrecho) y por no comprender los designios de Dios, además de la plena responsabilidad de la víctima de «entregarse» y no buscar justicia.

El abuso no es cuestión de vocación ni mucho menos de fe. No juzguemos. No apuntemos con el dedo. Vivamos realmente el mensaje de Cristo a través del carisma de Schoenstatt: nadie sabe lo que pasa en el corazón del otro y la mayoría de las veces desconoce completamente su historia y la gravedad de los abusos sufridos.

Tratemos con objetividad lo que es objetivo. Incluso la subjetividad puede ser una de las grandes características de un sistema abusivo, como veremos en el próximo artículo.

 

abuso denuncia

Original: portugués, 21.1.2021. Traducción: Eduardo Shelley, Monterrey, México.


La próxima semana, en la tercera y última entrega de esta serie, seguiremos discutiendo el asunto con el artículo: Entendiendo más sobre el abuso espiritual.


En caso de que no lo hayas visto…

1Conversando sobre os comentários:

Abusos en Schoenstatt: sigamos debatiendo este asunto (1)

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2 Responses

  1. Roberto dice:

    ¿El abuso espiritual se comete solo en mujeres, o deliberadamente la autora solo dirige sus reflecxiones a los abusos contra mujeres? ¿el abuso cometido sobre hombres es distinto o tiene un tratamiento distinto? ¿La atendión de los casos de abusos espirituales contra hombres está mejor manejado en Schoenstantt?

  2. Anónimo dice:

    Sí, los abusos ocurren.
    Vean las filas de las comunidades de las Hermanas de María de Schoenstatt, especialmente de la provincia de São Paulo.
    Tristemente se cuestiona la conducta de la Hermana de María que sale de la comunidad, pero no se cuestiona a la comunidad misma.
    Vean y observen cuántas hermanas salieron y cuántas se quedaron. Por ejemplo, la Hna. M. Aparicia, que salió a los 80 años de edad.
    ¿Será que todas estas salidas han sido por falta de vocación? ¿Por falta de sanidad mental?
    Abusos que llevaron a las hermanas a salir dolorosamente de la comunidad, abusos que llevaron a hospitales de Psiquiatría… Hermanas intentando manipular y perjudicar en el nombre de Dios.
    Una hermana que abusa tras bambalinas y sonriendo escribe para la sociedad enseñando un estilo de vida.
    Callamos por miedo, callamos por respeto a las personas que amamos y que pueden resultar perjudicadas. Callamos porque no queremos faltar al respeto de aquellas que no cometieron el acto.
    Callamos para no lastimar la credulidad de un pueblo, cuya fe se manifiesta ante las vestiduras sagradas.
    Fuimos excluidas porque nuestra exclusión se debió también a las co-hermanas que nos juzgaron, en un juicio meramente humano.
    Estas mismas mujeres que dejaron la comunidad y ahora están casadas y otras que fueron aceptadas a perpetuidad y al día siguiente pidieron salir e invirtieron todos los valores de pureza al entregarse.
    Pido en nombre del llamado sagrado al que le dimos nuestro “sí” que se analicen caso por caso, que se revisen los documentos, porque se trata de seres humanos y más aún, de almas que dieron el “sí” a Dios y a la Santísima Virgen entregando la vida a Schoenstatt, al verdadero Schoenstatt.
    Que decidieron adivinando, juzgando, proyectando sus propias sombras, y no por la experiencia del actuar del Espíritu Santo, porque Él no actúa de esa forma, sino que extiende la mano y transforma.
    Es sorprendente y contradictorio decir que Dios te llama profundamente y mañana, después de 10 o 30 años, Él te excluye, ya no tienes vocación y tu consagración vale hasta que sales de un instituto.
    La vocación a Schoenstatt es personal, única y no está basada en etiquetas colocadas por personas que se creen santas e inmaculadas…
    Así ocurre en la realidad…
    «Jerusalén….Jerusalén…’
    Que cuando se equivocan contigo son humanas, pero cuando tú te equivocas, tienes muchas etiquetas, como víctima, infiel, peligrosa, etc.
    Fui Hermana de María y tuve que escoger entre salvar mi alma e intentar seguir el camino aunque estuviera quebrada por dentro…
    No estoy aquí para juzgar, sino para pedir que tengan misericordia, miren a los perseguidos, observen sus filas y ayuden, que todavía hay tiempo…

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