Publicado el 19. enero 2020 In Temas - Opiniones, Voces del tiempo

¿Nuestra Mater querrá ser coronada?

Patricio Young, Chile •

Es sabido que el 18 de enero del 2018 en Chile fue robada la corona de la Meter del santuario de Bellavista. Justo en el día que el papa Francisco celebraba la misa de la Virgen del Carmen en su último día de la visita al país. En el presente año se ha decidido volverla a coronar y en medio de esto surge esta reflexión. —

En la publicación anterior en este portal «Dios nos quiso hablar a través de las voces del tiempo en Chile” señalaba que este robo es un signo de que Ella quiso “abajarse” y no seguir como reina.

Si miramos providencialmente, Francisco nos señaló en esa homilía cómo María nos muestra que debemos estar atentos a las necesidades del otro, a esos que son invisibles a nuestros ojos, sobre todo cuando vivimos en una burbuja social. A tantos que “no tienen vino” en nuestro país.

El Magníficat señala claramente que “el Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.”

María es por sobre todo servidora y muy especialmente de los más necesitados.

Ella nos dice de alguna manera: “Yo no puedo estar aquí como reina si mis hijos en el país están sufriendo y ustedes parecen no verlos”. Frente al clamor del pobre que sufre, ahí está María, la mujer humilde, madre, servidora, intercesora que le dice a su hijo: “a ellos les falta vino”.

Pero igual este año se desea volverla a coronar.

¿Será lo que ella quiere? ¿Será lo que nuestra misión demanda? ¿Será un signo que responde a las voces del tiempo en la actual situación de Chile?

No cabe duda de que su mayor vocación es ser Madre de Cristo y por extensión de todos nosotros. Ese es su legado. María quiere caminar con nosotros por la vida, compartir nuestros desafíos y realidades siendo fiel a la alianza; nada sin ti, pero nada si nosotros.

El mayor título y la mayor dignidad para ella y para toda mujer es su carácter de madre. No hay otra misión más digna y hermosa. Una madre en toda familia no está en un trono. Está en la tarea de cada día de sus hijos, velando por su vida, por su desarrollo y crecimiento.

María es humilde y sencilla, ella es ajena a todo protagonismo. Su misión de madre es estar cerca de su hijo. Ella vive plenamente ese gran tesoro de ser madre.

Esa es la dignidad que ella valora por sobre todo. No le interesa reinar, dirigir o manejar a su hijo o a nosotros. Ella prefiere conducir, apoyar, consolar, compartir nuestro caminar. Es educadora por excelencia, pero no desde un pupitre o cátedra, sino desde abajo, caminando nuestro camino.

Ella quiere ser valorada y reconocida como madre de todos y quizás como La Gran Madre.

Es cierto, el padre Kentenich coronó a María en muchas oportunidades. Es cierto también que le daba un gran valor y significación a este acto. ¿Qué quería decir con ello? Era una suave violencia para que ella actuara frente a una necesidad, para que ella se manifestara a través del capital de gracias. Por lo tanto, tenía un carácter simbólico en si mismo y la coronación no determinaba el carácter de su mariología. Él buscaba una forma de enaltecerla.

Como símbolo, representa la realidad del mundo de mediados del siglo pasado, con remembranzas del siglo XIX, pero sumamente distinta a la realidad de hoy. Además, él siempre lo hacía en espíritu de alianza: nada sin ti, nada sin nosotros. O sea, tenía claro que Dios a través de Ella actuaba a través de causas segundas libres. En definitiva, sabía que no se podía esperar una intervención divina directa que resolviera los problemas. Sino que suponía un trabajo en consecuencia de nosotros.

En pleno siglo XXI, las reinas son figuras casi decorativas, no tienen un rol activo e importante en las sociedades donde existen. Más aún, muchos lo consideran que cumplen funciones solo de representación y unidad, pero que al final hacen poco y viven en la opulencia a costa de los impuestos de los súbditos.

Nadie hoy esperaría tener a una reina como un ideal a emular ni menos como ejemplo a seguir. Solo tienen un gran espacio en los cuentos.

¿Por qué entonces insistir en utilizar el símbolo de la coronación?

El cambiar expresiones del pasado por otras que representen mejor el presente, en ningún caso significa traicionar o cuestionar al padre fundador. Si así se pensara, nada se podría cambiar y debiéramos estar haciendo las misas en latín como las hizo gran parte de su vida.

Lo mismo que el padre Kentenich quería en su tiempo, hoy debe tener otra expresión en la forma. Sin duda alguna que celebrarla en su calidad de Madre o incluso de Gran Madre tiene un real sentido y un mayor valor.

Ella igual sigue valorando nuestro Capital de Gracias, porque le interesa nuestro crecimiento personal para entregar más y mejor amor y misericordia. Nunca sacrificios por sacrificios. Recordemos que Cristo nos señala; “Prefiero misericordia a sacrificio” (Mt 12; 1-8)

El lenguaje de los símbolos genera realidades, dice Maturana. Sin duda que este lenguaje solo nos sirve para ahondar nuestra imagen conservadora y elitista, muy lejos del Schoenstatt renovado que necesitamos y queremos. Además, me parece muy inapropiado para el tiempo que vive nuestro país.

¿Por qué se quiere hacer una nueva coronación ahora? Bueno, el padre fundador en momentos de dificultad hacía este acto de coronación. Parece razonable y consistente. Pero junto con el acto, se requieren acciones que generen los cambios deseados, no sólo intenciones. Porque de lo contrario, resultaría un acto “proyectivo”, o sea, proyecto en María mi responsabilidad y se la traspaso completamente. Yo no me hago responsable por suscitar en mí, en la sociedad y en el Movimiento los cambios, para permitir que Dios actúe.

No basta con rezar nos repite el papa Francisco. “No todos los que me dicen Señor, Señor entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad de mi Padre” (Mt 7:21). Sabemos cual es esa voluntad del Padre; los actos de misericordia.

Leída la convocatoria, al parecer responde a un interés colectivo de la familia. Lo que se echa de menos son compromisos concretos de la Familia y no solo buenas intenciones. Si nuestra Mater nos quiso decir con la pérdida de la corona su deseo de “abajarse” a causa de que el Movimiento vive en una burbuja social y sus hijos necesitan el vino de la justicia, de la solidaridad y Ella nos dice “Yo no puedo estar aquí como reina si mis hijos en el país están sufriendo y ustedes parecen no verlos”, es necesario revisar y trabajar más esta manifestación, porque seguir mecánicamente este proceso no parece coherente.

La respuesta de la familia debe ser clara y concreta, consistente con los anhelos de Ella y no sólo intenciones. A modo de ejemplo: Hacer una campaña nacional por incorporar plenamente a la familia a personas de sectores sociales más modestos, que nos vendrán a enriquecer. En Schoenstatt caben todos. Levantar como familia una fundación con el aporte de todos quienes mucho tienen, para ayudar a generar mejores condiciones en los sectores más necesitados, no como caridad, sino para su crecimiento y desarrollo. Generar una instancia para reflexionar sobre la nueva constitución para entregar nuestro aporte. Son cosas concretas que se necesitan. Ahora, si no somos capaces de ponernos de acuerdo en tareas concretas, no tratemos de pasarle la pega a la Mater.

Lo claro es que parece un contrasentido que cuando buscamos enaltecer a los más pobres y menos favorecidos de Chile, nosotros efectuemos un acto de coronación. ¿No podemos utilizar otro signo más simbólico para este tiempo y nuestro tiempo?

La característica propia de nuestra familia está en señalar, con cierta unilateralidad en la organización y la vida, hacia el futuro así delineado; en dejarse inspirar por él, anticiparlo desde ahora describiéndolo con trazos audaces, y en esforzarse por plasmarlo y configurarlo. Hombres que vivan sólo en el pasado y el presente, que conozcan sólo la antigua orilla, que tengan una actitud exclusivamente conservadora, difícilmente estarán en condiciones de confrontarse con la visión del futuro de Schoenstatt y con los medios y caminos para su realización” ​(P. K. Espíritu y Forma pag. 33).

El padre Kentenich en una conferencia a la Familia el 31 de diciembre de 1965, en relación con la renovación de la Iglesia señalaba:

…significa orientarse con mayor conciencia por los acontecimientos realmente importantes, por las transformaciones que se operan en la época, por la novísima ribera de los tiempos. La consecuencia de ello será, por decirlo así, una especie de revolución, un fuerte movimiento en toda la Iglesia: abandonar una concepción exageradamente conservadora y poner proa hacia una concepción progresista” ​(JK La Renovación de la Iglesia página 27).​

Estos textos de alguna manera pueden inspirar mejor esta reflexión. La pregunta obvia que todo esto suscita ¿Sabemos realmente leer los signos de los tiempos? ¿Somos capaces de abandonar una mirada exageradamente conservadora?

En este proceso de refundación o renovación de nuestro Movimiento, les invito a que revisemos muchas prácticas, que se hacen habituales y normales, y que no se nos ocurre cuestionar. Ellas están también marcando la vida, la pedagogía y expresiones del Movimiento en medio de este tiempo.

Sin consciencia crítica no se avanza.

Hombres que vivan sólo en el pasado y el presente, que conozcan sólo la antigua orilla, que tengan una actitud exclusivamente conservadora, difícilmente estarán en condiciones de confrontarse con la visión del futuro de Schoenstatt y con los medios y caminos para su realización.

P. José Kentenich, Espíritu y Forma (1952) pag. 33

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4 Responses

  1. Estimado Pato,

    Como siempre, muy provocadora y penetrante tu columna. A mí siempre me ha llamado la atención porque las iniciativas «religiosas» han resultado ser las corrientes más potentes en Schoenstatt: santuario filiales y hogar, corriente de coronación, visita de Virgen Peregrina, movimiento de madrugadores. Puede existir una interpretación positiva: el cristianismo es la prioridad de la gracia recibida por sobre la acción humana, y Dios lo que quiere es oración y unión con Él. No se necesita más que abrirse a su intervención salvífica. Sin embargo, también puede haber una lectura más negativa y suspicaz. Estas iniciativas resultan porque ellas concitan acuerdos rápidos y con las que es imposible discrepar, relativamente fáciles de alcanzar pues no ameritan cambios radicales ni mucha inversión de trabajo o dinero. Pero nos cuesta mucho más ponernos de acuerdo en acciones apostólicas naturaleza social, educacional, familiar, misionera, empresarial, cultural, intelectual. Es un tema para reflexionar, especialmente si no queremos ser sólo un Movimiento piadoso…

  2. Mi Mater es mi REINA ¿no sé si la tuya?. El texto de Patricio me provoca; quiero hablar desde dentro no en esa descripción ampulosa que hace el texto y que él indica que es totalmente fuera del tiempo que vive el mundo …también Chile. Desde fuera tiene toda la razón, pero eso no importa porque hace y sirve poco. Ella ha salido -hace tiempo- a peregrinar por el mundo como Virgen Peregrina pero sin abajarse ni del trono (destronarse) ni de su corona. Ella es Reina desde su dignidad no desde externalidades que impresionan a mi buen amigo. Ella no necesita ni la corona, ni el trono, ni el cetro; no los anhela, los tiene y rige con toda responsabilidad sabiendo que debe responder de sus actos y omisiones ante Dios. Nosotros necesitamos el trono, la corona y el cetro para dejar a buen resguardo nuestros regalos de amor -Capital de Gracias- ante una Reina de mucho poder, porque Ella tiene poder privilegiado de intercesión ante Jesús su hijo …obvio que Él va a tener en cuenta todo lo que Ella le diga, mas cuando es tan prudente y habilosa, sabia. Basta imaginar las Bodas de Caná para entender el poder de intercesión que Ella tiene. Mi mamá también es una reina y ella nunca se abajó, siempre mantuvo su dignidad intacta porque se sabía muy querida por la Virgen y por el Señor y eso la llenaba de una gratitud que la desbordaba y que, sin ruido ni aspaviento, con su estatura pequeña y en su andar seguro, conmovía a todos, pobres y poderosos, sin distinción; no necesitaba abajarse para estar cerca, vivía cerca. ¿Cómo será para la Mater si fue así con mi mamá? Fui a la fiesta de bendición de la nueva corona que se entronizará el próximo 31May20. Es “preciosa” idéntica a la auténtica y además con la Estrella de Chile, seguramente Ella permitió este extravío porque quería que su corona tuviera nuestra Estrella “para que Ella condujera y rejiera esta peligrosa y difícil misión.” Queremos ser testigos de su amor para forjar la unidad de Schoenstatt, de la Iglesia y de la Patria, unidad que no es de igualación ni de fuerza sino que diversidad y complementación que se construye desde la dignidad y en el respeto a querer la originalidad de cada uno. Evidentemente las dios_cidencias de fechas son campanazos para los que seguimos con fe al Padre en Schoenstatt; 18Ene18; 31May18; 18Oct19 …no son casualidades y allí está la petición de Dios. En cada uno hay tanta urgencia, tanto desvalimiento y nosotros queremos responder con el nuestro …allí florecerá la Gloria de Dios.

  3. Leo con suma atención los artículos de Patricio Young Moreau y comparto muchas de sus opiniones. Con todo, esta vez me permito hacer una precisión, y es que la «realeza» no sólo tiene un significado sociopolítico, sino también histórico-bíblico, y por lo tanto, salvífico. Cristo es Rey, como Él lo expresa en su respuesta a Poncio Pilato, aunque la palabra no suene moderna.. Claro está que se trata de un Reino que no es como los de las monarquías de este mundo. Por participación en esta realeza, María es Reina, y a nosotros se nos unge como reyes en el Bautismo. Ahora bien, en el mensaje de Jesús, REINAR es SERVIR. Y si en eso estamos flojos, no es porque no tengamos que ser «reyes», sino porque no lo somos como Dios manda.Creo que por allí tendría que empezar nuestra reflexión, cada vez que nos preguntemos si la Mater quiere o no recibir la corona…
    Nora Pflüger Totti, La Plata, Argentina

    • Estimada Nora muchas gracias por tu opinión.
      Quisiera decirte que en el Antiguo Testamento, considerando la mentalidad de la epoca, los israelitas consideraban a Yahve como rey del universo.
      En el cristianismo que enfrentaba el ateismo de la Ilustracion, se contrataco con la formula de Cristo Rey. En Nuevo Testamento, Cristo es el Servidor, el que lava los pies. Hay pasaje del Evangelio, que critica a los reyes de este mundo. Cuando Pilatos le pregunta¿ eres rey? Contesta Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. ( Jn. 18-36)
      Recuerda que la única corona que Cristo tuvo fue la de espinas.

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