Publicado el 19. enero 2020 In Temas - Opiniones, Voces del tiempo

En medio de los desafíos de nuestra patria, de nuestra familia y de nuestra Iglesia: ¿coronar?

P. Juan Pablo Rovegno Michell, Dirección Nacional del Movimiento, Chile •

Un 18 de enero de 2018, cuando el papa Francisco dejaba nuestra patria (Chile), la Corona de la Misión fue robada sorpresiva y violentamente desde nuestro santuario nacional de Bellavista. Fue la antesala de un año señalado por la crisis de la Iglesia, que también nos afectó como familia, por las dolorosas situaciones de abusos. Había que asumir la herida de los abusos y el desafío de reconocer y reparar el profundo daño causado en la confianza y en la vida de muchas personas, había que renovar la misión de la Iglesia, superando toda pretensión de poder y privilegios.—

Este proceso nos llevó como Familia de Schoenstatt a preguntarnos acerca del ejercicio de nuestra autoridad, del valor de las experiencias humanas como expresión, camino y seguro de la experiencia de Dios, así como nuestro camino auto-formativo y el desafío de una renovada forma de ser familia: más colaborativa, corresponsable y complementaria.

La corona no apareció y desde ese espacio vacío acompañó nuestras reflexiones, conversatorios, confrontaciones e impulsos, camino hacia la celebración del Jubileo de los 70 años de nuestra Misión del 31 de Mayo. Con urgencia se nos interpelaba a renovar la cruzada por el amar, pensar y vivir orgánicos, y el tiempo nos exigía renovarnos en una cruzada por un sano organismo de vinculaciones, que se tradujera en una nueva forma de relación, trato y trabajo, para enfrentar juntos los desafíos de un tiempo de confrontaciones, cambios y renovación.

Un triple desafío

La jornada nacional de dirigentes 2019 marcó un hito por la manera en que se gestó, desarrolló y trabajó. Un nuevo aire se respiraba como familia. La Cruz de la Unidad original fue el signo que simbolizó el espíritu de la jornada, transformándose en un verdadero sacramental. Al final del encuentro, cada uno de los participantes recibió una pequeña corona, que tenía impresa en una de sus caras nuestra misión: 31 de Mayo. El fruto de esa Jornada se tradujo en tres desafíos:

  1. Un Schoenstatt en salida y al servicio de la Iglesia y la sociedad,
  2. La autoformación y el cultivo de la interioridad,
  3. Un espíritu familiar que se traduzca en formas de relación, trabajo y colaboración.

El segundo semestre del año 2019, cuando estábamos traduciendo estos acentos en impulsos, iniciativas y concreciones, el estallido social nos interpeló ante el desafío país. Un sorpresivo y, a la vez, esperanzador escenario se nos presentaba, desafiándonos a edificar una patria más justa, fraterna y solidaria, una patria en paz y digna para todos. A su vez, el escenario de violencia e intransigencia, nos puso en alerta ante el peligro de la polarización. La Presidencia Nacional expresó el desafío que el país nos presentaba, con las siguientes palabras:

“En esta hora de esperanza, como Movimiento de Schoenstatt en Chile, en nuestra misión por una cruzada de los vínculos, que nos lleve a una nueva forma de relación y trato: digno, justo y fraterno, queremos acoger el llamado de nuestra Iglesia y de nuestras autoridades, uniéndonos a todos los que están trabajando por un nuevo pacto social y el proceso constituyente que hemos comenzado. En ese sentido es fundamental reflexionar, informarse y participar, como expresión de un sentido de colaboración y corresponsabilidad por el país.

Nos sumamos a todas las iniciativas por la paz, rechazando toda forma de violencia a personas, bienes y al alma nacional en sus símbolos y espacios sagrados. Y nos ponemos al servicio del bien común, para responder, desde una cultura del encuentro, al desafío de justicia social y de participación de nuestro pueblo.

Invitamos a todas las organizaciones y personas a trabajar por el país, a vencer lo que nos separa y a pensar juntos los cambios que necesitamos, para hacer de Chile una patria familia y una casa común para todos.

A María Santísima, que ha acompañado nuestra historia y recorre nuestra geografía en tantos santuarios y corazones, le encomendamos nuestros esfuerzos. A Jesús nuestro Maestro, le pedimos la sabiduría para traducir su Evangelio al tiempo y a los desafíos presentes”.

A nivel de familias locales, de iniciativas individuales y comunitarias, se han ido desarrollando conversatorios, encuentros y reflexiones para comprender, comprometerse y colaborar en el proceso del país, confrontando también, nuestras opciones pastorales y nuestra sensibilidad y compromiso social.

A su vez, se despertó con fuerza el anhelo de coronar o renovar las diversas coronaciones a nuestra Mater, como signo de la confianza en la conducción de Dios, del desvalimiento ante la complejidad del proceso que vivimos y nuestra necesaria colaboración ante los desafíos nacionales. Este anhelo se unió a la consagración de la patria a la Virgen María, por parte de nuestra Iglesia nacional.

La coronación, un compromiso.

Desde su espacio vacío, la Corona de la Misión nos ha acompañado en todo este proceso eclesial, familiar y nacional. Como fruto de este espíritu y de una consulta y reflexión general, queremos como Familia Nacional devolverle la Corona a la Mater la próxima solemnidad de Pentecostés y día 31 de Mayo. No se trata de un acto puramente simbólico ni menos piadoso, quiere ser expresión de nuestro compromiso por confrontar, actualizar, renovar y vivir nuestra misión al servicio del proceso país. Hoy más que nunca tenemos el desafío de colaborar por una cruzada por sanar tantos vínculos sociales heridos, que nos permitan edificar una patria fraterna y justa, digna y en paz, una patria Familia.

Agradecemos a la Familia de Bellavista y a la Familia de las Hermanas, que han cultivado fielmente este anhelo y han sabido esperar y respetar este proceso, para que germinara en el alma de la Familia Nacional.

Un grupo transversal de la Familia se reunió para reflexionar esta iniciativa, llegando a formular cinco acentos que expresan el contenido de este proceso, donde el gesto de coronar será el signo de nuestra colaboración en el proceso país que vivimos, de nuestra confianza en la conducción de Dios y de nuestro desvalimiento ante la misión que se nos confía.

Los cinco puntos se explicitan en una frase que los explica:

Esperanza, conversión, compromiso, encuentro y familia.

Con nuestro padre fundador, queremos ser un signo de esperanza en la conducción de Dios, asumiendo el desafío de conversión personal, comunitaria y social que el tiempo actual nos exige, comprometiéndonos con el proceso-país que vivimos y saliendo al encuentro de los demás, siendo familia en medio de nuestro pueblo.

 

La bendición de una réplica de la corona en construcción, se hará el próximo 18 de enero, día de Alianza, en Bellavista. Un elemento nuevo es la estrella que simboliza a la patria (por el contexto que vivimos), actualizando el gesto de coronar. Estrella que simboliza también a la Mater: la “Madre y Educadora de nuestro Pueblo”.

Se les hará llegar un tríptico con estos elementos (foto de la corona con la estrella, los cinco puntos) y la oración por la patria (PK), que nos acompañará en este proceso.

Es importante recalcar, que el ofrecimiento más importante que podemos hacer es nuestra colaboración en el proceso país que vivimos.

En marzo estará listo un material de apoyo que desarrolle estos puntos y que pueda servirnos como material de trabajo.

Este proceso lo hacemos en diálogo con los procesos, iniciativas y desafíos de cada familia y coordinación locales, así como de cada comunidad. Por eso, es necesario que los vean como una voz que responde al tiempo y al alma de muchos, pero que siempre es necesario pasar por la originalidad y lo propio de cada lugar y corazón. La concreción de estos puntos, será un desafío de todos y cada uno de los miembros de la Familia.

 

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