Publicado el 22. noviembre 2019 In Temas - Opiniones, Voces del tiempo

María, la gran revolucionaria

P. Juan Pablo Revegno •

«María, la gran revolucionaria. Incluso el padre se atreve a decir que nos hemos dejado ganar por el bolchevismo, porque ellos tomaron la bandera de los pequeños, los pobres y marginados, una bandera que tendríamos que enarbolar nosotros, no a través de la marginación y la fuerza, sino de la valoración que nos hace iguales en derechos y dignidad. Esta crisis es una nueva oportunidad para que el Magníficat no sea patrimonio de nuevos totalitarismos o populismos, sino de un cristianismo comprometido.» En medio de la crisis social de Chile, el P. Juan Pablo Rovegno con estas palabras desafia a todo Schoenstatt a hacer suyo el mensaje del Magnificat, realmente. —

 

Con alegría nos hemos reunido en medio de un tiempo de cambios vertiginosos y tensos, que nos han sacado de nuestro acomodo, de nuestra seguridad, de nuestras cosas. La Familia de Agua Santa nos invitaba a salir de esa zona conocida, haciéndonos participar de su conciencia fundacional que se refleja en su lema jubilar, en su historia, en su identidad tan fuerte y firme y, a la vez, dócil y abierta a renovarse y a reinventarse siempre. Pero jamás hubiéramos pensado que esta celebración estaría en medio de una crisis nacional profunda e intensa, incierta y esperanzadora, violenta y parturienta, una posibilidad ineludible por refundarnos, por reconstruirnos, por reinventarnos, por una nueva cruzada de vínculos que reparen y restauren un orden social herido.

 

Herido por esa falta de encuentro, de salir de nosotros mismos para entrar en sintonía y sinergia con los demás. Herido por necesidades, anhelos y demandas sociales invisibilizadas. Herido por polarizaciones políticas endémicas, por fisuras y fricciones sociales que no habían sanado del todo. Herido por una violencia e intransigencia que desconocíamos en su virulencia y capacidad destructiva.

Y, sin embargo, estamos aquí, movidos por la certeza de la intervención y conducción del Dios de la historia. Porque Dios se hace presente en la historia, no nos deja solos ni nos mueve a su arbitrio como un titiritero. El Dios de Jesús en quien creemos, nos amó y no seguirá amando siempre, y nuestros pecados no son obstáculos para su intervención, más aún, son espacios privilegiados para que se manifieste la gratuidad de su misericordia, pero también la firmeza de su conducción.

Este santuario también surgió en un tiempo de cambios profundos a nivel de iglesia y sociedad: el término del CV II, la irrupción del pensamiento social cristiano comprometido, el advenimiento de aires revolucionarios, desde París hasta  La Habana, en medio de la guerra fría, los neo imperialismos y los poderes totalitarios. Un tiempo de gran efervescencia social y de grandes transformaciones a nivel mundial. En ese escenario, el santuario surgió como un taller de formación del hombre nuevo y la nueva comunidad, para responder desde esa experiencia al desafío social que vivíamos como iglesia y nación.

Hoy, 50 años después, vuelve a erigirse el taller de formación y de envío. Podríamos decir que los acontecimientos que vivimos nos colocan ante el desafío de una segunda conversión: ya no se trata del bautismo primero, cuando fuimos dados a luz por la Mater desde el Santuario hace 50 años, ahora, en lenguaje de Nuestro Padre, se trata de esa segunda conversión, desde las heridas y la conciencia de desvalimiento y pequeñez, desde el pecado y también las faltas personales y comunitarias a la misión encomendada.

Quizás por eso Dios ha permitido que nuestra celebración, en medio de la crisis que vivimos, no tenga el triunfalismo de los éxitos y de los resultados, sino más bien el reconocimiento humilde de que todo ha sido gracia y gratuidad, que nosotros hemos sido instrumentos, muchas veces débiles, que la Mater ha sido tremendamente generosa y se ha manifestado fecunda en estos 50 años en vida, en obras, en alianzas y proyectos.

Pero volvamos al sentido de esta celebración: una segunda conversión, que nos lleve a esa necesaria conversión personal y comunitarias, con consecuencias sociales, que el tiempo y la crisis que vivimos exigen. ¿Cómo entenderla?

Nuestra escuela será siempre María: María desde el Santuario, que quiere seguir configurándonos con su Hijo Jesús. El Evangelio de hoy nos da tres pistas tan actuales, para asumir con esperanza el proceso que vivimos como país. Dejémonos sorprender por esta lectura de la Visitación tantas veces escuchada:

Maria se puso en camino

“María se puso en camino…” pensar en ponerse en camino en la época de la Mater no tiene nada del romanticismo de un paseo, del desafío de un trekking o del exotismo de un viaje a oriente. Es recorrer varios kilómetros entre piedras y soledades, protegidos por la sombra de una caravana y expuestos al cansancio de un recorrido a pie de, al menos, 130 kilómetros.

Ponerse en camino es salir de nosotros mismos, del estado de ensimismamiento, indiferencia, ocupación, evasión, inercia, importancia, autorreferencia, indolencia, estrechez, comodidad, flojera, acomodo, melancolía, hiperconexión…salir para mirar y entrar en relación con lo que está más allá de nuestras narices. La única posibilidad de conocer y reconocer lo que pasa, y a los que están a mi alrededor, es salir de nosotros mismos: mis ideas, mis esquemas, mis exigencias, mis obsesiones, mis defensas, mis temores, mis inseguridades, mis rigideces…

Esta crisis nos está exigiendo salir de nosotros mismos y, si bien, nos ha sorprendido en su magnitud, en su profundidad y también en su irracional violencia, no podemos seguir en lo mismo de siempre ni podemos seguir siendo los mismos de siempre.

María salió, no se quedó meditabunda ni temerosa, salió a encontrarse con la realidad, llevando como única certeza al Niño que crecía en su vientre. Hoy nosotros, desde nuestro santuario, estamos llamados en esta hora de segunda conversión, a dejarnos remecer y estremecer por la realidad y salir.

Tarea no fácil, porque nosotros cargamos con fantasmas y polarizaciones heredadas, porque el proceso que vivimos hace revivir inseguridades y prejuicios antiguos; pero esta nueva etapa necesita del don que portamos: la Alianza de Amor, que traducida en un lenguaje sociológico significa cultura del encuentro, espacios de confianza, de colaboración, de corresponsabilidad y de complementariedad.

María salió para encontrarse y dialogar con su prima. y ese diálogo las abrió a la alegría de un nuevo tiempo de esperanza.

Proclama mi alma la grandeza del Señor…

“Proclama mi alma la grandeza del Señor…” El Magníficat es el canto de los pequeños, pero también el canto revolucionario por excelencia. Sí, la palabra revolución nos asusta, su carga histórica nos hace pensar en el despojo, en la guillotina, en el paredón, en la lucha de clases, en la desconfianza, en los bienes usurpados y en la falta de libertad. Sin embargo, nuestro padre habla de la Mater como la primera revolucionaria y del Magníficat, como el canto de revolución de los pequeños y pobres frente a los prepotentes y soberbios.

Con el Magníficat se inaugura una forma de relación, ya no desde el dominio y la fuerza, sino desde el valor y dignidad de cada persona, donde el poder significa servicio y pequeñez significa predilección. Es un cambio en el esquema de las relaciones deformadamente masculinas: aquí el centro lo tiene una mujer y el protagonismo los pequeños.

Nuestra segunda conversión también es comunitaria. ¿cómo nos relacionamos, cómo trato a los demás? Los demás ¿son sólo una proyección de mis frustraciones, expectativas, ideas, resultados, deseos y proyectos?

Se está reflexionando mucho acerca de las motivaciones de los que usaron la violencia, el saqueo y la destrucción como arma de autoafirmación, de revancha y venganza, de dominio y triunfo. Por supuesto que todo es más complejo, pero ¿no estamos acaso en el reino del selfie, de mostrarse como ganador en algo, como el bacán, como el que la lleva y gana? ¿no hemos exacerbado hasta el límite el consumo por uno mismo para ser más que los demás?

Una conversión comunitaria, ¿cómo nos relacionamos? ¿de igual a igual, buscando el enriquecimiento mutuo? ¿cómo vencemos la dinámica de relaciones abusivas? Pensemos en el valor del gran acuerdo político de ayer, algunos casi se restaron porque no están dispuestos a ceder, otros se restaron, porque no están dispuestos a perder…siempre lo mismo, ganadores y perdedores, unos arriba y otros abajo… el desafío es ser colaboradores, corresponsables, complementables, lo que supone libertad para ser y generosidad para renunciar.  

María, la gran revolucionaria. Incluso el padre se atreve a decir que nos hemos dejado ganar por el bolchevismo, porque ellos tomaron la bandera de los pequeños, los pobres y marginados, una bandera que tendríamos que enarbolar nosotros, no a través de la marginación y la fuerza, sino de la valoración que nos hace iguales en derechos y dignidad. Esta crisis es una nueva oportunidad para que el Magníficat no sea patrimonio de nuevos totalitarismos o populismos, sino de un cristianismo comprometido.

María se quedó con Isabel unos tres meses…

“María se quedó con Isabel unos tres meses…” ¿A qué se quedó? ¿a cotorrear, a modelar tenidas premamá, a dejarse atender y consentir por su prima que la reconoció como la Madre de su Señor? ¿a planear el futuro? Ella se quedó a servir, a compartir y aprender, para hacer de la voluntad de Dios su alegría.

Conversión personal y comunitaria con consecuencias sociales, ¿qué significa? que algo cambia en nuestra vida, que no podemos seguir siendo los mismos. Esta muchacha de Nazareth dejó de estar en el centro para poner su centro en Dios y en los demás. No es anularse, es poner toda nuestra fuerza original al servicio del plan de Dios, que siempre tiene consecuencias sociales, que siempre tiene un prójimo concreto como contraparte. Esos tres meses no fueron un girar en torno a si misma, fueron un proceso para entender lo que significa el “hágase en mi según tu palabra”. Mis planes, mis proyectos, mis sueños, mis anhelos, por muy buenos y valiosos que sean, por mucha seguridad que me den, necesitan ponerse en sintonía con la melodía de Dios: ¿Qué significa este Niño? ¿qué consecuencias tiene en mi vida y en la de los demás a través mío? ¿por qué él hizo saltar de gozo al hijo de Isabel y a ella, inclinarse ante mí?

Jesús tiene consecuencias y nos cambia la vida. El proceso que vivimos es un espacio privilegiado para que el mensaje, las palabras, los gestos y las actitudes de Jesús, con lenguajes comprensibles e inclusivos, esté presente y actual, pero no es sin nosotros. Si queremos que el pacto social y el proceso constituyente que vamos a empezar, tengan algo de nuestra raíz cristiana y mariana, depende de nosotros. Restarse, dejar que otros piensen y participen, volver a nuestras trincheras, no cuestionarnos desde nuestra fe y las enseñanzas magisteriales, el pensamiento social de nuestro padre y la cultura de alianza, sería seguir pensando en nosotros mismos.

Conversión en el contexto de nuestra celebración: nuestro santuario es un Cenáculo, que nuestra patria entre en estado de Cenáculo. Chile no entró en estado de sitio nuevamente, lo que hubiera sido seguramente la mecha de una mayor explosión social, aunque aparentemente nos diera seguridad. Entramos en estado de Cenáculo: de reflexión, de diálogo, de abrirnos a lo que los demás piensan, sienten y necesitan, a compartir nuestra mirada, a descubrir el paso de Dios en nuestra historia, en esta etapa de nuestra historia tan compleja e inesperada, para seguir renovando Chile, la Iglesia, la Familia y el Movimiento. Y que María esté en el centro enseñándonos a encontrarnos, a trabajar juntos,  a mirar el bien común, a servir al bien mayor. 

Que la paz que tanto anhelamos, sea el fruto de este compromiso por nuestra Alianza y por nuestra Patria. Así sea.

 

Homilía en el dia del jubileo del Santuario de Agua Santa, Chile, 16.11.2019

Homilía Jubileo Agua Santa – texto completo, en PDF

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