Publicado el 17. marzo 2019 In Temas - Opiniones

Gracias de la santidad de la vida diaria

Estados Unidos, Christy Wilkens •

Christy es la mamá de seis encantadores e inquietos niños y esposa de Todd. Los hijos de Christy asisten a Regina Mater, una comunidad educativa basada en la pedagogía del P. Kentenich, localizada en Austin, Texas, en Estados Unidos. Este relato es sobre los maravillosos y a veces dolorosos retos que implica vivir su fe en la santidad de la vida diaria, especialmente para criar a un hijo con profundas necesidades especiales. Esta publicación fue compartida recientemente en Facebook y en la página web de Regina Mater (en inglés).  ¡Perfecto para iniciar la Cuaresma! —

Tres formas de vivir la Cuaresma cuando ya estás en el desierto

Nuestro itinerario semanal es una máquina complicada y finamente ajustada que funciona de maravilla, como un espectacular acto de trapecistas, siempre y cuando no ocurra nada inesperado.  Digamos que en las últimas semanas ese no ha sido precisamente el caso. Más bien he pasado la mayor parte de febrero colgada del trapecio, sostenida de las uñas…

También en febrero intenté hacer un cambio total de mi vida de oración. Duré ni más ni menos que seis gloriosos días antes de que un propósito tras otro se derrumbase. Para mi sorpresa, descubrí que no estaba fallando por ser floja o tener poca fuerza de voluntad, o al menos esa no era la razón principal. La mayoría de mis fallas se debía simplemente a que no tenía en el día suficientes horas – ni siquiera minutos – para agregar una sola cosa adicional a mi plato.

Así que apenas empieza la Cuaresma y yo ya estoy contra las cuerdas. Durante muchos años la Cuaresma ha sido una oportunidad bienvenida para el sacrificio y la abstinencia, pero toda mi vida reciente ha sido de sacrificio y abstinencia. Le comenté a mi mamá que sentía como si Dios a últimas fechas no hubiera hecho otra cosa más que apretarme las tuercas, pidiéndome que me rinda una y otra vez. En este momento no tengo una relación particularmente amistosa con Dios.

La Cuaresma ha sido para mí, en el pasado, acerca de la justicia: arrepentimiento de mis pecados, asombro ante la maldad del mundo, miedo de la venganza divina. Este año necesito que gire en torno a la misericordia: arrepentimiento de mis pecados, sí, pero intentando quedar en buenos términos con Dios al recordar cuánto nos ama a mi familia y a mí, cuánto desea Él el bien, la verdad y la belleza para nosotros y cómo a veces nos lastima hondamente porque tiene que clavar una lanza en nuestros corazones heridos para que puedan sanar adecuadamente.

Lo que me gustaría hacer en Cuaresma es arrastrarme hasta una cueva, dormir por 40 días y tal vez pretender que los últimos 12 meses nunca ocurrieron, pero, en vez de eso, aquí están los tres pasos que planeo hacer, una variante del clásico “oración, ayuno y limosna”. Para aquellos que están en una época de sufrimiento, tomen estos consejos como una forma extremadamente básica y simple para que la Cuaresma sea espiritualmente fructífera, tanto para ellos como para Dios.

Oración: Agregar una (y solo una) práctica de oración cada día

Mi práctica es un rosario diario (pero esa no tiene que ser tu práctica). He formado este hábito desde hace tiempo ya que normalmente paso 20 minutos en el auto yendo de un lado a otro. Puedo lograrlo, siempre y cuando no quiera agregar esto y otros cuatro millones de hábitos diarios.

La disciplina de la sencillez es más importante que lo que realmente se hace. Escoge exactamente una cosa y continua con humildad y determinación.

Ayuno: Ayunar de críticas imprudentes y regalar misericordia a los demás

¡Hay tantas cosas de las que podría ayunar! Pero las redes sociales son un salvavidas para mí en estos momentos, una conexión con una comunidad que necesito desesperadamente. También podría ayunar comida, porque, bueno, la comida es confort. De lo que estoy ayunando este año es de esa frecuente e impulsiva explosión de indignación hacia mi esposo o mis hijos, o hacia los muchos, muchos, muchos doctores que no veo a los ojos.

Cuando ya estás agotada y desgastada más allá de tu capacidad de simplemente funcionar, castigar a tu cuerpo todavía más ayunando de pequeñas comodidades probablemente no te acerque más a Dios. Ayuna de cosas que te alejen de Él. Tal vez este año esas cosas no sean el chocolate, el vino o Facebook.

Limosna: Ofrecer un sacrificio de elogio

Sin duda las tuercas seguirán apretándome todavía por un tiempo, pero me he quedado asombrada de la cantidad de personas que se me han acercado y me han pedido ofrecer nuestras tribulaciones por otras personas que están pasando por circunstancias terribles.  No pretendo entender o apreciar lo que Dios está haciendo en nuestra vida en este momento. Sería tan, pero tan fácil pasar el tiempo quejándome. Lo único que puedo hacer es seguir el consejo bíblico: “Considerad como un gran gozo el estar rodeados por toda clase de pruebas” (Sant. 1,2).

Cuando las quejas empiecen a surgir en mi corazón, ofreceré en vez palabras de elogio y de amor a Dios, ya sea en mi interior o, mejor aún, en voz alta. Sí, donaremos al banco de alimentos y a las colectas de Cuaresma en nuestra parroquia, pero más allá, simplemente dando un vistazo al mundo que me rodea, creo que para Dios sería mejor que le ofrezca sobrellevar mi sufrimiento con paciencia y alegría, que tener unos cuantos frascos extra de mantequilla de maní.

¿Cómo te retas a ti mismo para acercarte más a Dios en esta Cuaresma, incluso cuando sientes que no puedes más?

Foto: Cathopic, Bernardo Valle

Para leer más sobre la vida de nuestra columnista invitada Christy y su familia, consulta su blog (en inglés): Faithful, Not Successful.

Sitio web de Regina Mater (en inglés): reginamater.us

Original: Inglés.  6 de marzo de 2019. Traducción: Eduardo Shelley, Monterrey, México

 

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