Publicado el 2. octubre 2018 In Temas - Opiniones

Familias católicas fuertes y libres

Ingeborg y Richard Sickinger, Austria •

“Lo que nos mueve es: ¿Qué tiene que ofrecer Schoenstatt a la Iglesia?”, afirman Ingeborg y Richard Sickinger. Su respuesta: Familias católicas fuertes y libres. No como una idea o una teoría, sino con un plan maestro para implementarlo. Este matrimonio comparte frecuentemente este mensaje, como ocurrió recientemente en el Encuentro Mundial de las Familias en Irlanda, en el contexto de una charla titulada: “¿Quién lava los platos? – El Papa Francisco acerca de las pequeñas cosas que importan en la vida familiar”. Con mucho gusto tomamos la oportunidad de publicar el texto de su charla. —

 

Ingeborg & Richard Sickinger - Familien

Ingeborg y Richard Sickinger

De cara al mundo, al discernir los signos de los tiempos, reconocemos que la cultura que nos rodea ya no es cristiana. Vivimos ahora en un mundo secular con valores seculares.

Como ejemplo, un domingo por la mañana estábamos caminando hacia la iglesia, conversando y mirando a nuestro alrededor. De repente nos dimos cuenta de que había más gente con ropa deportiva haciendo sus ejercicios matutinos que gente que iba a la misa dominical.

Puedo recordar con claridad el momento exacto cuando estábamos ahí parados y nos quedó claro: El deporte es una gran actividad y atrae cada vez a más personas, pero el tiempo para Dios de alguna forma se ha ido desvaneciendo…

Este mundo secular no es neutral, sino que tiene una gran fuerza para influir en cada uno de nosotros en nuestros pensamientos, valores y opiniones, con todas sus impresiones y tentaciones, de manera que va moldeando nuestra forma de vida familiar desde pequeñas cosas como los deportes o la ropa hasta grandes temas como el aborto y la eutanasia.

Esta situación es natural: Vivir en una cultura nos hace parte de esa misma cultura, así como entrar a un bar impregna el olor del bar en nuestras ropas. Cuando llegamos a casa y colgamos el abrigo, todavía se percibe el olor del bar en la prenda.

¿Qué nos dice Dios a través de estos signos de los tiempos? ¿Cuál es la misión que nos encomienda? Necesitamos convertirnos en familias católicas fuertes y libres, que puedan resistir la influencia de la cultura secular, que puedan crecer en santidad y convertirse en faros de esperanza para otras familias en esta nueva era secular.

¡Vivir vidas auténticas! – Cada familia puede ser una isla de vida católica

El P. José Kentenich, fundador de Schoenstatt, invitaba a las familias actuales a ser “islas de auténtica vida cristiana” y decía: “Si una familia católica no moldea su vida diaria, será arrastrada por las tendencias de la cultura secular”.

¿Cómo podemos cumplir con los planes de Dios y construir una auténtica vida cristiana?

Por ejemplo, al inicio de este año llegó al poder un nuevo gobierno en Austria. 100 días después, hubo un panel de discusión en la universidad. Uno de los expertos dijo que, en esos primeros 100 días, alrededor de 60 o 70 temas eran sacados a colación por el nuevo gobierno (una nueva ley laboral, una nueva estrategia para la seguridad social, etc.). Casi cada día aparecía un nuevo tema en las noticias y en las redes sociales. Le llamó a este desborde de información la “edad de la distracción”. El efecto: Después de tres días ya no puedes recordar exactamente de qué trataba el tema, así que al individuo le entra información por un oído y le sale por el otro. Todo queda en un plano superficial.

¿Qué nos dice Dios a través de esta “era de la distracción”? ¿Cuál es el mensaje?

– En primer lugar, no se sorprenda si se vuelve superficial usted mismo (tal vez no se acuerde de lo que su cónyuge le dijo hace cinco minutos).

– Pero, en segundo lugar: ¡Viva diferente, vaya más allá! ¡Haga de su hogar un lugar donde puede ir más allá de esta superficialidad!

¿Cuál es nuestra misión como familia? Desarrollar nuevas tradiciones en nuestra vida diaria. ¡El P. Kentenich decía que la habilidad de escuchar es “poco común pero vital”!

Ser católico significa escuchar con respeto al cónyuge, a las necesidades de mis hijos y a lo que nos dice Dios.

Podemos hacer de esta una manera práctica de vivir: Podemos hacer de nuestras comidas un tiempo y lugar para compartir y escuchar sin distracciones. Emily y Stephan, con dos niños, son ese tipo de familia: al visitarlos, se puede ver una repisa especial a un lado de la mesa con un letrero que dice “Celulares, por favor”. Los invitados y los miembros de la familia son invitados a dejar ahí sus teléfonos y la cena se convierte en una zona libre de celulares. Notamos que el hijo mayor, Lorenz (4) ni siquiera pestañeaba cuando alguno de los teléfonos zumbaba… (Normalmente, Lorenz puede diferenciar entre el zumbido de un mensaje de texto del de un mensaje de WhatsApp o un correo electrónico).

Sobrevivir y prosperar como una familia católica hoy día significa vivir de forma diferente de lo que nos rodea, vivir como monjes en el mundo, construir las estructuras y hábitos necesarios para sostener nuestro peregrinar y vivir activamente nuestra fe cultivando una forma católica y singular de vida.

La manera católica: ¡Actuar y Orar!

El desarrollo de un auténtico y holístico estilo de vida católico se basa en combinar ambas dimensiones de la vida católica: Los dos principios ancestrales de la práctica monástica del trabajo y la oración, de la acción y la contemplación, ya que ambos nos abren a la iniciativa divina y al actuar por amor, como lo dice la exhortación apostólica Amoris Laetitia: “…el amor no es solo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo ‘amar’ en hebreo: ‘hacer el bien’” (A.L. 94).

En su Sermón de la Montaña, Jesús resumió su mensaje con las palabras “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos: sino el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mat 7,21).

¡La cuestión de “quién lava los trastes” no es, por consiguiente, una pregunta trivial, sino importante!

En lo que se refiere al amor (a Dios o a nuestro cónyuge) no son tan importantes las palabras, sino los hechos. ¡Las pequeñas cosas en la vida familiar son realmente importantes!

Hay mucho que debe hacerse en un hogar de 2, 5 o a veces más personas: limpiar, cocinar, comprar, lavar la ropa y los trastes…

La división del trabajo doméstico es de hecho una de las áreas de conflicto más comunes en las familias. La meta no es tanto repartir las tareas en partes iguales, sino dividir la carga doméstica de manera que a todos les parezca justo.

Como familia católica tenemos esta gran ventaja: Las cosas pequeñas tienen mucho más sentido cuando se les ve como parte de un todo: No solamente compartimos el trabajo, sino que estamos construyendo un nuevo mundo juntos.

El amor es un verbo: Por un lado, rezamos por alguien más y, por el otro, tomamos responsabilidad y contribuimos activamente. Como familias católicas tenemos la misión de combinar ambas prácticas, actuar y orar, en nuestros hogares y en nuestros corazones. “Esto [el amor] se vive y se cultiva en medio de la vida que comparten todos los días los esposos, entre sí y con sus hijos” (A.L. 90). Este testimonio nos hace relevantes (¡Ser católico funciona!), creíbles (¡Hacen lo que predican!) y atractivos para otras familias (¡Queremos ser como ellos!). En Amoris Laetitia (A.L.), por ejemplo, en el capítulo “Nuestro amor cotidiano” podemos encontrar muchas ideas que pueden ser puestas en práctica en nuestra vida familiar diaria.

Santuario-hogar (Monterrey, México)

El poder para amar: María, madre de las familias

¿Es esta vocación algo excesivo, desmesurado para que una familia pueda lograrla? A veces nos sentimos indefensos o débiles. ¿Cómo puede crecer nuestra capacidad de amar? ¿Cómo podemos desarrollar nuestro potencial?

Nos gustaría compartir la experiencia del santuario-hogar. La experiencia de muchas familias muestra que dar a la Santísima Virgen un lugar de honor en nuestro hogar crea una plataforma sobre la que se puede desarrollar un estilo de vida personal, católico. Nos da acceso a las gracias que necesitamos para construir un hogar católico.

María lleva a Jesús a nuestros hogares, como dijo el arzobispo Gracias durante la misa de ayer. El deseo más grande de la Stma. Virgen es entrar en nuestro hogar, tomar posesión de él y ayudarnos a crecer hacia una “isla de auténtica vida cristiana” al llevar a Cristo a nuestro matrimonio y a nuestras vidas. Ella es una educadora y mentora, por lo que busca nuestra cooperación para, a su vez, ayudarnos: “Pruébenme primero por hechos que me aman realmente… entonces con gusto me estableceré en este lugar y distribuiré abundantes dones y gracias”, como dice el Acta de Fundación de Schoenstatt.

Esto es consistente con el milagro de Caná (Juan 2,1). María notó las dificultades de los recién casados: Se habían quedado sin vino. Ella le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”, y su reacción fue: “Llenen esas vasijas con agua”. A través de la intercesión de su Madre, Jesús transformó el agua en vino.

Esto es lo que muchas familias experimentan en su santuario-hogar. Le dan sus acciones de amor: sus esfuerzos en el desarrollo personal, autoeducación y el amor familiar – Las pequeñas cosas que importan en la vida familiar – y confían en que su “agua” se transforme en vino. No tenemos que hacer todo nosotros solos, pero sí tenemos que estar dispuestos a hacer nuestra parte, desde lavar los trastes hasta escuchar con el corazón abierto, para mostrar nuestro “amor diario” (A.L. 90).

Esta es la sinergia de amor que necesitamos como familia: Hacer lo mejor que podamos, pero al mismo tiempo confiar completamente en que Jesús obrará milagros en nuestra vida familiar. Esta es la sinergia que puede transformar nuestro hogar y convertirlo en un manantial de aguas vivas o una luz en la colina.

Las familias como agentes activos – El plan de Dios para un nuevo mundo

Nuestra visión es que muchas de esas familias, esos hogares, se conecten entre ellos formando redes colaborativas y que se enlacen con sus parroquias para crear un organismo fiable y dinámico de vida católica renovada basado en un estilo de vida cristiano bien fundamentado y en la iniciativa de Dios, ¡tanto en la acción como en la oración!

Este es un plan realista para renovar nuestra sociedad a través del sacramento del matrimonio, tomando en cuenta lo que el Papa Francisco dijo: “Todo amor que surge es una potencia de transformación…” (Papa Francisco, audiencia general 20.9.17) y cambia al mundo.

Nos cuidamos uno al otro y cuidamos a los demás, a la “familia grande” (196) alrededor de nosotros. No somos solamente nosotros y los niños, sino “la entera red de relaciones”, que es “fortalecida por el sacramento” (74).

Por ejemplo, era una mañana con muchas ocupaciones y estaba a punto de salir de casa cuando sonó el teléfono.

Era un amigo, que había conocido a una pareja muy buena, pero estaban teniendo problemas para construir su relación y habían llegado a un punto de crisis.

Iban a tener una charla decisiva esa noche y mi amigo quería mi consejo sobre alguna cosa. Yo lo escuchaba y traté de ayudarle, pero tenía que irme pronto.

Fui al santuario-hogar, lo miré y le dije a mi amigo: “Mira, tengo que irme ahora, pero cuando regrese a casa encenderé una vela y rezaré por ti”. Mi amigo no es precisamente católico, pero sentí que era lo mejor que yo podía hacer.

Fue un día difícil – Llenando la vasija. Cuando regresé encendí la vela y recé por él y por su charla. Más tarde, esa noche, me llamó y todo lo que dijo fue: “¿A qué hora encendiste la vela?”

Como matrimonios católicos, tenemos una vocación por el amor, que es un “camino de permanente crecimiento” (A.L. 134), y somos llamados al apostolado. Nuestra Iglesia nos toma en serio cuando escuchamos el llamado a que las familias sean los “agentes principales” y los “principales sujetos de la pastoral familiar” (A.L. 200), con la misión de convertirnos en “iglesia doméstica y una célula vital para transformar el mundo” (A.L. 324).

Bendición de santuarios-hogar en una parroquia en Panamá

 

Foto del encabezado: iStock Getty Images, evgenyatamanenko. Con licencia para schoenstatt.org

 

Desde lo meramente legal a la orientación según el ideal

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