Publicado el 18. octubre 2016 In Temas - Opiniones

No quedarnos en la vitrína, sino ensuciarnos las manos y salir

P. Guillermo Carmona, Director Nacional del Movimiento de Schoenstatt en Argentina •

Compartimos la carta de alianza enviada al Movimiento de Schoenstatt en Argentina con un mensaje que se puede adaptar y aplicar a la realidad de todos nosotros.

Queridos hermanos en la Alianza,
Todo 18 de octubre nos invita a sumergirnos en el misterio de la Alianza para dar gracias y recordar las acciones de la Mater en la historia de nuestra Familia. No seríamos lo que somos, si Ella no le hubiera tocado el corazón al Padre Fundador y sugerido sellar con ella una Alianza en el Santuario. Esta memoria activa nos brinda confianza y nos enciende el corazón. La Alianza es como la zarza incandescente al pie del Sinaí que cambió la vida de Moisés. Y porque Dios estaba allí, el Patriarca tuvo que sacarse su calzado, ya que estaba pisando tierra santa. Cada vez que entramos a un Santuario, lo hacemos a una tierra santa: Dios, allí presente, quiere regalarnos la prueba de su amor a través de Jesús y de nuestra Madre.

Desde un Schoenstatt organizada e estructurada hacia un Schoenstatt en salida

Este año 2016, el día de la Alianza nos llega con grandes desafíos hacia fuera y hacia dentro. Nos duele el dato de que más del 32% de nuestros compatriotas vive en la pobreza. No podemos pasar por alto el hecho de que uno de cada tres argentinos la está pasando mal. El flagelo de la droga y sus consecuencias se han convertido en uno de los grandes enemigos de nuestra sociedad. En cambio, hay hechos que nos alegran y elevan el alma: la canonización del cura Brochero, la beatificación de Mama Antula y los procesos de canonización que, según las estadísticas, son más de 40 los presentados a la Conferencia Episcopal Argentina. Podríamos preguntarnos: ¿No estará surgiendo una renovada corriente de santidad? Recordemos la propuesta del Padre Fundador en el Acta de Fundación: “aceleración de nuestra santidad y transformación de nuestra capillita en un lugar de peregrinación y de gracia”.
También dentro de nuestra Familia de Schoenstatt se perciben sombras y luces. Las primeras son muchas, pero más aún son los brotes y yemas que despiertan en nuevas primaveras. La Alianza se expande en la geografía argentina: se levantan nuevas ermitas y proyectos para futuros Santuarios, surgen nuevos compromisos religiosos y sociales. Una gran cantidad de iniciativas van naciendo y cambiando el rostro de un “Schoenstatt organizado” y estructurado hacia un “Schoenstatt en salida”. Misiones juveniles y familiares, acciones para ayudar a quienes lo necesitan, imágenes peregrinas que llegan a las periferias, expresan ese “no quedarnos en la vitrina”, como advertía el Papa, sino ensuciarnos las manos y salir.

La Alianza, uns respuesta a la problemática social

La Alianza quiere ser el respaldo de estas iniciativas y también una respuesta profunda a la problemática social. Ella regala la experiencia de hogar y de nido, para nosotros y para muchos. Todos tienen derecho a contar con un oasis y un remanso. Pero el nido no es para quedarse todo el tiempo, sino para volar desde allí llevando alivio a los hermanos. Como en las fortalezas medievales, hallamos allí descanso y cura, pero también nos pertrechamos para salir y seguir expandiendo el reino.

Lo que necesitamos en la Argentina de hoy es una red que sostenga a todos. La red es lo opuesto a la grieta. Sin ella estaríamos solos, en el aire, en peligro de caernos al vacío y hacernos mucho mal. Los nudos de la red son los vínculos, que se arman en libertad y amor. Los vínculos curan y redimen. Porque contamos con esa red, podemos saltar como los trapecistas y, si es necesario, saltar buscando nuevos horizontes y no anquilosarnos. Schoenstatt es nido y red al mismo tiempo.

“Vayan y enciendan el mundo”

La Alianza es nuestra hoguera: el fuego ilumina y da calor ayudando a sobrellevar soledad, orfandad, miedos, cruces, ausencias. Como los israelitas en el desierto, también nosotros contamos con el “Arca de la Alianza”. Mirándola a María, nuestra “Arca de la Alianza”, nuestra peregrinación por la vida se hace llevadera: vemos el camino y no tropezamos tanto. A pesar de nuestros olvidos y desvaríos, de nuestras idolatrías y pecados, de nuestros egoísmos, al mirar el Arca nos curamos y seguimos apostando. Precisamos como pueblo un nuevo ardor, una nueva esperanza: cada uno recibe en el Santuario la antorcha con la que puede encender a otros con el fuego del amor: “Vayan y enciendan el mundo”.

Queridos hermanos, los invito a que cada uno le regale hoy a la Mater en su Santuario Corazón una rosa que lo simbolice. En ese espacio sagrado, consagrado a María, Ella modela al hombre nuevo. Y aunque a veces nos duela y tantas otras tengamos algo de miedo, hoy como ayer, digámosle siempre sí.

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