Publicado el 26. enero 2016 In Temas - Opiniones

Inversión: ¿Caja de ahorros o legado?

Por Agustín Lombardi, Guarapuava, Brasil •

Muchas son las incógnitas dentro del futuro incierto de nuestros países, en su ambiente político y económico. Y es por eso que cada vez más aumenta la preocupación de las personas, en relación al futuro y el sustento financiero. No es necesario decir que tener esta precaución y planificar es un gran paso. Pero… ¿estamos de igual manera preocupados con la preparación y desarrollo del legado que iremos a dejar?

En la rutina diaria, en la cual estamos envueltos, muchas veces no nos permitimos parar y ver aquello que es realmente esencial para nuestras vidas. Y no estoy hablando ahora de un solo factor, sino de varias cuestiones, como espiritualidad, salud y familia. Estamos constantemente luchando por encontrar y mantener el equilibrio entre los varios aspectos que forman una vida saludable y feliz. Considerando la felicidad no como una instancia a la debemos llegar, y sí como la vivencia de pequeños y grandes momentos de felicidad a lo largo de nuestras vidas.

Desde el punto de vista del sistema capitalista, el éxito está relacionado directamente con aquello que tenemos y no aquello que somos. Y entrar en ese ritmo frenético por consumir nos hace muchas veces olvidarnos de los otros factores esenciales de la vida. En este contexto tan competitivo, somos obligados a trazar rápidamente un plan de carrera y planificar los próximos pasos para llegar a ser un profesional de suceso. Muchas veces ni sabemos exactamente lo que eso significa, pero la velocidad y la inercia nos piden una respuesta inmediata.

En la actualidad somos bombardeados con mensajes obsoletos, ya sea de los productos o de nuestras propias vidas. Antiguamente una carrera universitaria nos permitía acceder al mercado de trabajo, hoy eso ya no significa mucho. Dentro del ambiente de trabajo de los recursos humanos observamos que diariamente nos encontramos con currículos llenos de conocimientos teóricos pero con personas sin actitud proactiva, dificultad para lidiar con las situaciones cotidianas, baja inteligencia emocional, entre otras cosas. Y es fácilmente identificable que muchas de esas deficiencias se deben a colocar excesivo esfuerzo en el crecimiento técnico y no en las características personales.

Por eso es necesario parar, silenciar y escuchar la providencia de Dios en nuestros corazones. Hacer extraordinariamente lo ordinario, no quiere decir llenar nuestras vidas de nuevas obligaciones y sí poner nuestros talentos en acción, en busca de una sociedad nueva, formada por hombres nuevos. Saber cuál es nuestro temperamento, con sus debilidades y fortalezas, es un buen comienzo. Trabajar día a día sobre nuestra autoeducación y buscar nuestro ideal personal también nos permite prepararnos para el futuro construido sobre nuestras elecciones presentes.

El mundo necesita personas que valoricen y busquen fomentar no sólo su profesión, sino su vocación. Padres comprometidos con la educación de sus hijos; consagrados que cuiden y guíen el rebaño; jóvenes que tengan conciencia de sus decisiones y actitudes, entre tantas vocaciones. Así, además de estar preparados financieramente para el futuro, estaremos preparados para dejar nuestro legado de un mundo mejor.

¡Te invito a hacer tu parte, esa cuenta la pagamos entre todos!

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