Publicado el 4. agosto 2015 In Temas - Opiniones

Del desánimo al entusiasmo por la misión

Por Cristina White, Buenos Aires, Argentina •

“Cuando consideramos nuestras propias fuerzas toda esperanza y confianza flaquean…” así reza una parte de la oración de la mañana del “Hacia el Padre”. Aquí, en esta actitud, muchas veces radica nuestro desánimo y escepticismo a la hora de asumir nuestras tareas apostólicas; los conflictos humanos, la falta de tiempo, el sentirnos superados por los acontecimientos, el creernos incapaces, etc., etc. En realidad esto nos sucede cuando nos dejamos confundir por el espíritu meramente mundano que nos distrae y no nos deja captar nuestra verdadera dimensión: hijos de Dios, creados a imagen y semejanza suya, llamados a la santidad y a la misión de acuerdo a nuestra originalidad personal; para esto Dios nos da todo lo necesario para lograrlo a lo largo de nuestra vida unidos siempre a Él.

La Alianza de Amor es un medio privilegiado que nos regala Dios en Schoenstatt para garantizar, a través de María, nuestra unión con Él. Esta vivencia de la Alianza de Amor nos regaló y regala santos que, conscientes de su pequeñez y confiados en el poder divino, se jugaron y entregaron por la Iglesia, por el mundo. ¡A partir del 18 de octubre de 1914, cuántos hijos e hijas del padre José Kentenich podemos enumerar! Ellos son modelo para nosotros e iluminan nuestros pasos.

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Joao Pozzobon: santidad como laico en medio del mundo y al servicio de un apostolado universal

Para aquellos que fuimos llamados a ser misioneros en la Campaña, nos llena de alegría y coraje tener a don Joao Pozzobon como nuestro modelo. El nos muestra el camino de santidad como laico en medio del mundo y al servicio de un apostolado universal. El secreto de su fecundidad está a nuestro alcance, es cuestión de meditar su vida, su proceso interior, y esto nos lo hace ver como alguien no tan lejano e inalcanzable para imitar, sino todo lo contrario. Es cierto que Dios regala gracias especiales a aquellas personas que llama para ser instrumentos de algo grande, pero también es cierto que nos los regala como modelos; hoy se trata de que surjan muchos “don Joaos” para poder ser garantía y sostén de la “grandiosa Campaña”, como él la llamaba, en el mundo entero.

Ser instrumento

San Pablo, en su carta a los Efesios 3, 20 refiriéndose a Cristo nos dice: “Aquél que es poderoso para hacer infinitamente más de lo que pensamos o imaginamos por el poder que obra en nosotros”; todo esto nos muestra la importancia de reflexionar en nuestros encuentros de Campaña hasta qué punto estamos convencidos de que si abrimos nuestros corazones a la fuerza de la gracia, con nuestro pequeño aporte, Ella la Gran Misionera obrará milagros y nos regalará las gracias del Santuario a nosotros y a todos aquellos que la reciban. ¡Es tan apasionante ser instrumento!

Cuando nos reunimos para preparar nuestras reuniones, ya sea para la preparación de los misioneros ó bien para los que ya lo somos, muchas veces hacemos más hincapié en la mecánica exterior de la Campaña y no lo suficiente en cultivar este espíritu de instrumentos, o sea hacia adentro de nuestro corazón donde la Santísima Virgen, a través de la Alianza de Amor, nos lleva al encuentro con Cristo. Sólo podemos encontrarnos con Él en nuestro interior, en el silencio para escuchar su llamado y dejarnos encender por el fuego de su Amor; este fuego nos enciende y permite que los sentimientos de Cristo nos vayan inundando y así comprender nuestra misión en la Campaña como instrumentos al servicio de su amor, de su sed por llegar a todas las almas y así podamos decir como San Pablo: “El amor de Cristo nos urge”.

Salir al encuentro

Este fue el espíritu que la Virgen fue forjando en don Joao, en su vinculación al Santuario, al misterio de Schoenstatt, a la misión del padre J. Kentenich; a partir de su crecimiento interior y de la vida sacramental lo fue convirtiendo en un niño pequeño alegre y confiado: “Lo que importa no es lo que nosotros hacemos sino lo que Dios hace a través nuestro” repetía con frecuencia. También decía, refiriéndose a su apostolado en la Campaña: “Acción y contemplación”.

El Santo Padre Francisco nos impulsa a “salir al encuentro del otro”; como misioneros no sólo salimos al encuentro del otro, sino que llevamos a Jesús y a María al encuentro del otro; es algo muy grande, necesitamos encendernos entre nosotros en el fuego sagrado de Cristo para así no decaer sino por el contrario como don Joao poder decir: “Ocupé mi tiempo por Aquél que murió en la Cruz, dejando la palabra de salvación para todos” (Testamento).

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