Publicado el 10. julio 2015 In Temas - Opiniones

Me pongo de pie

CHILE, por el P. Juan Ignacio Pacheco •

Terminado el mes de la Misión con un encuentro de Familia en Bellavista, seguimos avanzando en el año. La misa del 31 de mayo nos volvió a situar en la importancia del legado de nuestro Padre fundador para los tiempos que estamos viviendo. Amar, vivir y pensar orgánicos es un llamado a la coherencia y autenticidad de vida, que se hace urgente retomar en el contexto social que estamos viviendo en nuestro país. Se habla de falta de transparencia en el actuar de la política, de platas mal habidas que financian las campañas; violencia en nuestras calles después de las marchas estudiantiles, con víctimas fatales; un cine chileno que denuncia el mal obrar de algunos sacerdotes, con la consecuente promoción de desconfianza en nuestra Iglesia; el Papa Francisco que escribe sobre la misericordia, como dándonos una pista para resolver tanto desánimo y desesperanza; y por otro lado, en nuestra Familia de Schoenstatt Internacional, un encuentro pos jubilar, de evaluación de los días de gracias vividos en octubre pasado. Es como si fuera un torbellino de voces del tiempo, que lejos de agobiarnos, debieran estimularnos en esta segunda mitad del año que comenzamos. ¡Es que hay tanto por hacer! La fiesta de Pentecostés nos debiera dar la luz para iluminar nuestra inteligencia para darnos cuenta que no todo está perdido, la fortaleza para animarnos a derrotar el pesimismo y la piedad y el temor de Dios, para seguir comportándonos como hijos, hoy más que nunca; la falta de confianza en nuestras instituciones debiera despertarnos a un actuar personal que cambie esa percepción, a partir de lo que cada uno pueda hacer en su trabajo, en su forma de ser, en su manera de vivir la vida, de tal manera que cambiemos el “todo” por el “algunos”: no todos los políticos son corruptos, no todos los sacerdotes son pedófilos, no todos los estudiantes que marchan son unos delincuentes… es el tiempo de ponerse de pie, pero no porque se viene la Copa América, sino porque de nosotros depende que el sistema cambie.

Debemos tomarnos en serio los acentos de nuestras evaluaciones pos jubilares: centralidad del Santuario, Alianza de Amor para todos, carisma profético del Padre Kentenich; hacia allá tendrán que confluir nuestras pastorales de los santuarios, nuestros enfoques en las ramas, nuestro estilo de vida. Tanto que hablamos a veces de nuestra “súper pedagogía”, pero que no la ponemos en práctica en lo más esencial: “vínculos jurídicos los mínimos necesarios, libertad cuanto sea posible, máximo cultivo del espíritu”: cómo vivo eso en mi vida matrimonial, en mi vida familiar, ¡en mi vida personal!… cuánta libertad existe allí, a veces esclavizada por nuestras propias autoexigencias que no conducen a nada; cuáles son los valores que queremos vivir como pololos o matrimonios; cuántas normas existen en mi vida de grupo, en mi rama, en nuestras comunidades y que a veces no responden a la vida; dónde está la vivencia de nuestra espiritualidad, del Dios de los vínculos, del Dios personal que sale a mi encuentro…

Hablamos de un Schoenstatt en salida, pero primero tengo que entrar, tengo que ponerme de pie para buscar la entrada de mi Ideal Personal, de mi Alianza de Amor, de mi vinculación a la Mater, de mi estilo de vida mariano centrado más en lo que necesita el otro que en mis propios intereses… En fin, hay tanto por hacer antes de salir, pero lo importante es no morir en el intento y confiar en la fuerza de nuestra instrumentalidad, otro pilar de nuestra fe schoenstatteana; creer que podemos jugar y dar vuelta este partido que pareciera que estuviéramos perdiendo. ¡Ponte de pie para gritar la victoria de nuestro Dios! ¡Aún hay tiempo! ¡Pregúntate qué es lo que a través de tu originalidad puedes aportar a la esperanza!

 P. Juan Ignacio Pacheco, editorial de la revista Vinculo, junio de 2015

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