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Publicado el 2022-05-18 In José Kentenich

Más oportunidad que fiasco: La suspensión del proceso del P. Kentenich

En el umbral de una nueva etapa en la historia de Schoenstatt – P. Alejandro Blanco, Secretario General de la Federación Internacional de Presbíteros de Schoenstatt • 

A modo de impulso e invitación a reflexionar, soñar, estudiar y escuchar juntos la voz del Dios de la historia, tras la suspensión del proceso de beatificación, el P. Alejandro Blanco, Secretario General de la Federación Internacional de Presbíteros de Schoenstatt, ofreció a schoenstatt.org este texto, destacando la oportunidad que se nos ofrece para modificar e incluso cambiar acentos, prioridades y enfoques en nuestro servicio a la iglesia y la sociedad. — 

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El problema fundamental de la situación de Kentenich es que su vida ha sido llevada a juicio: es decir se ha judicializado. En esto consiste un proceso para establecer o no el honor de los altares. Se trata de un proceso judicial. El juicio penal canónico justo que el P. Kentenich reclamó insistentemente en vida, le fue negado por el Santo Oficio. Si no hubiera proceso judicial de canonización, la discusión en torno a las virtudes morales del P. Kentenich quedaría en el lugar que corresponde a cualquier persona de gran renombre: es la discusión de los historiadores el lugar adonde quedaría esta cuestión. Y si hay serias dudas sobre un acto delictivo llevado a cabo por un hombre famoso, el veredicto de la historia nunca es absoluto. Las opiniones se dividen. Y en este caso, como en el caso de un proceso judicial en vida de una persona – como el que reclamaba Kentenich – “in dubio pro reo”: esto es, ante la duda, la persona acusada es inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

El P. Kentenich quedó ante una situación injusta: no fue procesado judicialmente en vida, y contra toda legislación normal, es procesado en muerte, no para demostrar su culpa o absolverlo de un delito, tal o cual, – de haber sido así, en un tribunal normal, quedaría, en el peor de los casos, absuelto por falta de pruebas – sino para demostrar sus virtudes heroicas. En este caso entonces no vale el principio “in dubio pro-reo”. Es obvio que un proceso que intente demostrar inequívocamente sus virtudes se estanca ante la duda. Los adversarios de Kentenich lograron hasta ahora tristemente condenarlo a la duda.

La actitud del Obispo es comprensible, lo hemos dicho. Encontró el atajo para salir del brete en la duda generada por el informe solicitado en Milwaukee.

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Cuando el Papa Juan Pablo II respondió “canonícenlo ustedes”, esto quizás fue aplicado en una doble estrategia, lo cual ya se había intentado durante el exilio: el camino de la santificación y el ofrecimiento (vía moral-espiritual) y la vía diplomática.

Ambas vías son válidas también hoy. Pero la estrategia debe precisarse:

a) la vía espiritual, debe concentrase en el aporte novedoso del carisma del No es suficiente rezar y aún ofrecer. La vía espiritual debe ser mucho más profética. Esto significa, vivir con radicalidad lo novedoso del P. Kentenich como respuesta a la sociedad actual. Tenemos el convencimiento de que en el P. Kentenich hay una respuesta al tiempo que no consiste en una “censura” de los nuevos modos de vida, ni un empecinamiento en recrear las condiciones de vida premodernas y renegar contra la Modernidad mecanicista, sino que se trata de asumir estas formas de vida modernas, enriquecerlas, distinguiendo lo esencial de lo temporal. Pero dando paso a una nueva Iglesia y un nuevo cristianismo en la línea del Concilio Vaticano II y de nuestro Papa.

En este sentido, la puesta en pausa del proceso de canonización (que nunca debió tener semejante protagonismo) no debe afectar uno de los aspectos fundamentales de “lo nuevo” visualizado en el P. Kentenich desde su experiencia vital más profunda. Este aspecto es el valor del vínculo afectivo humano como mediación para la experiencia de Dios. Y el vínculo afectivo con el P. Kentenich tal como lo vivimos. En el mundo de Schönstatt experimentamos un vínculo afectivo suprahistórico con el P. Kentenich, que demuestra que esto es posible como camino de encuentro con lo sobrenatural, con el Padre Dios, con la Madre de Dios. Vivir esto con radicalidad y enseñarlo es el desafío. Nunca un Schönstatt sin Kentenich: el centro debe estar puesto no en la demostración de las virtudes de Kentenich, sino en el vínculo efectivamente logrado con él como mediación de lo divino. Este es el principio paterno -materno, vivirlo con él como hijos, y también entre nosotros como hermanos (con ustedes soy cristianos, para ustedes soy Obispo. San Agustín).

Este es el mejor modo en que el hombre nuevo puede experimentar a Dios: en lo sagrado de lo humano. Esto tiene valor profético en Kentenich.

b) La vía diplomática tiene que alejarse definitivamente de comprar la simpatía de los Obispos. No fue la escuela de Kentenich. En este territorio, el conocimiento de lo nuevo profético del P. Kentenich, su profundización hasta las raíces, su estudio, permite aportar al modo en que vivimos nuestra espiritualidad: los acentos que ponemos. Recién en este tiempo se ha despertado – gracias a Dr. Alexandra von Teuffenbach – la necesidad de investigar a fondo a Kentenich. No con un ojo forense, sino con la capacidad de detectar lo profético en él.

La vía diplomática debe revertirse en anuncio de nuestro carisma, en libertad. Vía profética.

La Iglesia que alguna vez podría canonizar a Kentenich si esto fuera necesario, deberá ser la Iglesia de la Nueva Orilla.

No es Kentenich, son los criterios de canonización de la Iglesia de la antigua orilla, los que deben cambiar:

  • las virtudes heroicas en su forma de ser vividas están imbricadas en la época. Las prácticas del pasado de nuestros santos de altar no serían todas bien vistas hoy. Es normal. Somos históricos.
  • La concepción de una intervención especial de Dios consistente en un milagro concebido como una suspensión o alteración de las leyes de la naturaleza es insostenible Ni siquiera es suficientemente sostenible con Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII.
  • Dios habla en signos, y esos signos deben ser leídos en la Fe Práctica en la Providencia de Dios que misteriosamente conduce, no sin sus creaturas como causas segundas. Este es el milagro, el de un Dios que interviene en la historia sin anular sus propios procesos y devenires.

No busquemos más en primer lugar la canonización del P. Kentenich en esta vieja Iglesia. Encaminémonos a la orilla nueva del tiempo. Allí donde el carisma del Padre sirva al nuevo cristianismo (el cristianismo del futuro deberá tener sensibilidad para el Misterio, sino no existirá. Karl Rahner).

Aprendamos de nuestros hermanos focolares: decidieron no hacer nada por la canonización de Chiara Lubich, su fundadora. Que su carisma que impregne a una nueva Iglesia la canonice algún día con nuevos criterios de santidad que tal vez son los más antiguos (Col 1, 2).

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La comunicación de la decisión del Obispo de “poner en pausa” el proceso debe transmitirse con transparencia. La omisión de una denuncia no probable en EEUU repetirá el error cometido hasta el momento, y nuestra gente perderá toda la confianza, el día que cualquier von Teuffenbach hable de ello.


Alejandro Blanco
ISPB (Federación Internacional de Presbíteros de Schönstatt) – Secretario General


Comentarios:

  • Visto a la luz de ahora, con todo lo que finalmente sabemos, parece claro que quien estuvo detrás de la lucha por el reconocimiento de la santidad de nuestro Fundador y la mantuvo durante décadas, ignoró por completo la «novedad» que el carisma kentenijiano aporta a la Iglesia y, en cierto modo, traicionó su mensaje. Hace dos años despertamos para salir de los viejos moldes y vivir verdaderamente el carisma en su novedad, entregándolo a la Iglesia con nuestras acciones y contribuiremos a las Nuevas Playas del Reino.

  • Monina Crivelli dice:

    Excelente reflexión!!! No tanta lucha por canonizar al Padre, a como dé, sino vivir su carisma, impregnarnos de él y ofrecerlo a la Iglesia.


    Este artículo se encuentra cerrados a comentarios (21.05.2022)

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