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Publicado el 2021-01-09 In José Kentenich

Sin miedo a los errores del padre

Gonzalo Génova, Charo González, Madrid, España •

El obispo de Tréveris ha constituido recientemente una comisión de investigación en su diócesis, donde se inició el proceso de beatificación y canonización del P. Kentenich, con el fin de estudiar con rigor histórico los sucesos denunciados por la teóloga Alexandra von Teuffenbach a principios del verano de 2020, completados con nuevas y graves acusaciones en el mes de octubre. —

Junto a esta comisión de investigación histórica diocesana, se ha constituido también en Schoenstatt un grupo de investigación internacional con miembros de las diversas comunidades que conforman el Movimiento, con una finalidad diferente: estudiar en profundidad y valorar críticamente el pensamiento y la praxis pedagógica y religiosa del P. Kentenich. Son dos objetivos diferentes, pero es obvio que estrechamente relacionados.

Esperemos que en ambas comisiones no solo haya expertos en historia y teología, sino también especialistas en valorar los temas de abusos, particularmente en el ámbito eclesiástico. El resultado de estos estudios probablemente será un relato de los hechos que motivaron el exilio del P. Kentenich bastante diferente del que estamos acostumbrados.

El hito por excelencia

De los cuatro hitos que habitualmente se suelen mencionar en la historia schoenstattiana, el tercero es el hito por excelencia, porque en él se jugaba el núcleo de la aportación del P. Kentenich a la Iglesia: la denuncia del pensar mecanicista en la cultura occidental (y por extensión en grandes sectores de la Iglesia católica), junto con el reclamo por el “pensar, amar y vivir orgánico”. Posiblemente también debamos considerar que el “principio paternal” (su forma particular de entender la paternidad espiritual) es parte esencial de lo que fue juzgado.

Así mismo, entre las diversas causas del exilio que se suelen mencionar, la protagonista del relato ha sido siempre ésta: “la Iglesia no entendió a Schoenstatt; el padre no podía ceder, sino que respondió valientemente escribiendo la Epístola Perlonga; esto le costó el exilio”. Junto a ésta, las biografías mencionan otras causas menos conocidas: acciones concretas del Padre y sus seguidores en relación con las Hermanas de María, con los sacerdotes diocesanos, y con los palotinos.

Si las investigaciones históricas concluyen que hubo algo equivocado en estas acciones, que han adquirido mayor protagonismo a la luz de los testimonios ahora conocidos, habrá que aceptarlo, y renunciar a ese “relato heroico” del exilio que, al parecer, ya no se sostiene. Como ya dijo el P. Ángel Strada hace unos años, “tenemos que renunciar a una imagen de nuestro Fundador, donde todo es perfecto”.

El Santo Oficio no se retractó

Recordemos lo que el Cardenal Ratzinger escribió en 1983 en una carta en respuesta al Padre Errázuriz, que en aquel momento ocupaba la Presidencia General del Movimiento, en relación a la rehabilitación del P. Kentenich: por parte del Santo Oficio no hubo ninguna retractación sobre la medida “administrativa” adoptada en 1951, sino la confirmación de que había sido una medida adecuada y fructuosa.

Sin embargo, según lo hemos recibido nosotros, en el relato de esa incomprensión del carisma schoenstattiano por parte de la Iglesia siempre se ha dado por sentado que el P. Kentenich tenía completa razón en sus denuncias “proféticas”, y que el juicio de la Iglesia fue equivocado (además de abusivo en sus formas). Pero, ¿y si no es así? ¿Y si el P. Kentenich estaba equivocado, no decimos en todo, pero sí en algún aspecto de lo que consideraba tan esencial defender, aun con el mayor de los sacrificios personales? Por ejemplo, todo aquello que se refiere a la relación entre gobierno y dirección espiritual, y su posible confusión.

Una labor de reflexión y discernimiento

Nos parece que un elemento esencial del proceso que tenemos que afrontar los schoenstattianos es esta labor de reflexión y discernimiento. No sólo sobre determinadas acciones concretas, sino principalmente sobre el carisma del Fundador, porque ese carisma es el que seguirá inspirando a Schoenstatt en el futuro.

No nos cabe duda de que el vínculo con el P. Kentenich generó una inmensa corriente de santidad. Pero eso no quita que, si hubiera en su pensamiento, acciones y pedagogía elementos que lleven en una dirección equivocada, habría que discernirlos adecuadamente, y estar prevenidos ante ellos. Y éste es para nosotros el punto radical, incluso por encima de hipotéticas faltas en la integridad moral del P. Kentenich, o de una posible perturbación de su juicio tras su paso por el campo de concentración, unido a una herida previa de apego agudizada por tiempos especialmente duros para cualquiera.

Restituir el honor y revisar actitudes

Está claro que es necesario revisar e investigar la vida del P. Kentenich y las acusaciones que se vierten de nuevo sobre él. Esta investigación histórica es necesaria para restituir su honor, o el de las personas que sufrieron sus abusos, que también eran de la familia schoenstattiana, si las acusaciones se demostraran bien fundadas.

Es necesario revisar la actitud institucional que ha prevalecido durante todos estos años hacia aquellos sucesos. Es necesario revisar también la actitud ante las voces críticas, y revisar la actitud de silenciamiento y secretismo de hechos y personas que tuvieron un papel fundamental en el desarrollo de Schoenstatt.

Pero más importante aún es revisar un carisma y una pedagogía que no fueron adecuadamente revisados por el Movimiento, ya que siempre se interpretó que el Exilio fue una consecuencia injusta de una Visitación que no fue capaz de comprenderlos, en lugar de considerarlo una intervención nacida del cuidado solícito de la Iglesia.

Esta es la labor fundamental. Se puede asumir un fundador con defectos, con errores claros y graves en el trato con los demás. Incluso, si esto llegara a demostrarse, se puede asumir un fundador que –tal vez como consecuencia de sus vivencias en el orfanato, en las dos guerras mundiales y en el campo de concentración– tuviera dificultades para reconocer un trato abusivo, que a él podría no resultarle turbador, pero sí a su gente. Lo que no se puede asumir es que continuemos construyendo sobre un terreno resbaladizo, sobre una historia no asentada en la verdad. Es ésta nuestra primera tarea: encontrar la roca, la verdad para afianzar el camino y volver a la vida. No tiene sentido resistirse a la verdad, la única que nos hace libres.

Nuestra única roca

Nuestra única roca es Cristo. No debemos tener miedo a reevaluar el carisma y enseñanza del fundador de Schoenstatt, quien sin duda tuvo la fuerza y el espíritu para poner en marcha aportaciones singulares y fructíferas para la Iglesia. Al contrario, es un camino que consideramos especialmente fecundo: si ya Schoenstatt nos aporta un camino que nos cautivó, someterlo a la luz renovadora del Evangelio y la tradición más sana de la Iglesia puede ser oportunidad de novedad, puede ser la verdadera ocasión de un Schoenstatt en salida.

Kentenich fue profeta en su tiempo, pero también fue hijo de su tiempo: no lo podía saber todo, no lo podía prever todo, pudo cometer errores, y pudo tener ideas equivocadas. No debemos tener miedo a emprender este trabajo de discernimiento. No debemos tener miedo a “los errores del padre”.

 

Cruz de la Unidad

Cruz de la Unidad | Foto: Dillinger

 

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4 Responses

  1. Gracias Lena,
    Para mí es un regalo inconmensurable: nuestra única roca es Cristo. Volver al principio y fundamento, asentar toda la pedagogía en el Evangelio es llenarla de Vida. Asentar el significado de los hito, en su profundidad, en la vida de Cristo, no puede suponer ninguna pérdida, sólo ganancia.

  2. «Nuestra única roca es Cristo. No debemos tener miedo a reevaluar el carisma y enseñanza del fundador de Schoenstatt, quien sin duda tuvo la fuerza y el espíritu para poner en marcha aportaciones singulares y fructíferas para la Iglesia. Al contrario, es un camino que consideramos especialmente fecundo: si ya Schoenstatt nos aporta un camino que nos cautivó, someterlo a la luz renovadora del Evangelio y la tradición más sana de la Iglesia puede ser oportunidad de novedad, puede ser la verdadera ocasión de un Schoenstatt en salida. »

    En Schoenstatt siempre oí que el Fundador se reconocia como un transparente del Padre Dios y nada más. Él no reemplazaría a Dios. Y además decia que «Aquellos que eran peldanos hacia Dios (para que la conexión fuera realmente entre Dios y el individuo) estos «peldanos» llegarían a una situación que decepcionarían a sus seguidores, la frágil humanidad de los peldanos llevaría a la conexión directa con Dios. Eso era lo qué querria el Padre Kentenich. Creo que así ya tenemos un problema de menos.

  3. Un artículo equilibrado: escrito con mesura, sin enojos, ni resentimientos, ni las reacciones pasionales que nos hacen poner en uno u otro «bando» y cavar grietas entre nosotros. Creo que de a poco vamos aprendiendo a encarar con más serenidad un tema tan sensible.. Así me gusta.
    Nota Pflüger Totti, La Plata, Argentina

    • Muchas gracias, Nora. Totalmente de acuerdo en que el fanatismo de un lado y de otro es algo muy perjudicial. El único bando por el que hay que tomar partido es el bando de la verdad.

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