Publicado el 2016-11-18 In José Kentenich

Era un rebelde con causa, que supo transformar la rebeldía en una misión

P. Guillermo Carmona •
Este mes recordamos, el 16 de noviembre, el aniversario del nacimiento del Padre Fundador. Así cómo su presencia fue luz y ejemplo para muchos, seguramente hay personas que gravitan en la vida de cada uno de ustedes que se transforman en luces y ejemplos. Dos preguntas que podríamos meditar hoy son: ¿En quién me espejo? ¿Quiénes se espejan en mí?

En mi caso, una de ellas, ha sido sin duda el P. José Kentenich. Recuerdo mi último encuentro con él, el 20 de agosto de 1968. Sabía que la única posibilidad de verlo era asistir a la misa que él celebraba a las 6.30hs. en el Monte Schoenstatt. Aquella mañana tuve el privilegio de ayudarle como monaguillo. Al terminar la misa hubo un breve saludo y un adiós, sin intuir que días más tarde el rector del Estudiantado nos comunicaría su partida.

Muchos se han preguntado y se preguntan hoy, cómo era el Padre Kentenich. Yo también durante los años de estudio en Chile y en Brasil me hice esa pregunta y deseaba conocerlo, saber cómo era realmente. Conocía de su valentía para enfrentarse a los nazis y a la jerarquía de la Iglesia, su inteligencia, y sobre todo su paternidad, según lo que contaban aquellos que tenían contacto con él en Milwaukee, en Schoenstatt o de sus viajes por el mundo.

El sueño se hizo realidadEl Padre Kentenich con seminaristas de los Padres de Schoenstatt en Münster el 19 de marzo de 1966. El Padre Kentenich nos dictó una conferencia a los treinta estudiantes que iniciábamos la formación en Alemania. Había nieve y él estaba resfriado. Comenzó su exposición con mucha tos; pero a medida que exponía su pensamiento, se fue entusiasmando y terminó la conferencia con el vigor de un joven.

Varios fueron los contactos posteriores: nos predicó un retiro, nos permitió tener una charla personal, pudimos asistir a las jornadas y conferencias y estar cerca de su pensamiento y de sus anhelos.
Me impactaba su naturalidad, el Padre era una persona normal, directa, humana y cercana. Un cierto misterio -muy difícil de explicar- lo rodeaba. Muchos confesaron: “es como si hubiese estado solo para mí”; miraba a cada uno, se fijaba en los detalles, pero sin llamar la atención ni provocar la horrible sensación de sentirse estudiado.

El tiempo maduró su recuerdo. Era un rebelde con causa, que supo transformar la rebeldía en una misión. Sus dificultades se hicieron tareas y salió fortificado de cada una de ellas. Me imaginé -hoy como entonces- que aquél domingo 15 de septiembre, fue María -su madre, compañera y aliada- quien le sostuvo el cáliz y lo llevó a la mesa del Reino. Acababa de celebrar la Eucaristía.

Somos herederos de su entrega

Relato todo esto, porque somos herederos de su entrega. Sin su si al Plan de Dios, no tendríamos la Alianza, no tendríamos el Santuario… Pienso que desde el cielo sigue dialogando con quienes hoy nos acercamos a él y nos sigue regalando la confianza y el estímulo: Vayan y enciendan el mundo. Para él vale, salvando las distancias, las palabras de Jesús: Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto! (Juan 20,29).

¿Qué significa para vos el P. Kentenich? ¿Qué te atrae de su persona?

Ojalá que la vida nos regale la dicha de conocer personas como el P. Kentenich. Hacen mucho bien al mundo y al corazón. Son espejos de la eternidad. Quizás cada uno de nosotros puede esforzarse, con la gracia del Santuario, para serlo para otros…

 

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2 Responses

  1. Gracias Padre Guillermo por compartir sus experiencias. En primer lugar, emocionado pues no sabia que tengo el honor de haber nacido el mismo dia que nuestro Padre Kentenich: 16 de Noviembre ! He participado en algunas de sus charlas en Riobamba, nos hemos cruzado por la calle y leyendo, de tanto en cuanto, sus reflexiones pienso que el Señor ya hizo una copia de los dones del P Kentenich para que Ud nos comparta con su sabiduria. Me quedo con palabras simples pero efectivas: ser humano, cercano, directo con aquellas personas que me regalan la chance de conocerlas. Esto le pido a Dios y al Santuario. Gracias y en Alianza Solidaria desde Seattle !!!

  2. Gracias, Padre Guillermo. Siempre cuento, a quien tenga interés y paciencia en escucharme, que conocí al Padre Kentenich a través del testimonio y el ejemplo de vida de los Padres de Schönstatt.
    Nora Pflüger Totti, La Plata, Argentina

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