Publicado el 22. febrero 2013 In José Kentenich

Tú, pequeño santuario, ahí abajo, en el valle, no eres, no, un lugar menor en el Reino de Dios

org. Febrero de 2013. Una señora joven entra al banco llevando en sus manos una libreta de ahorro un poco anticuada. “La encontré por casualidad en una caja que hace mucho no abría”, dijo. Era un regalo que sus abuelos le hicieron cuando pequeña. “¿Aún es vigente?”, preguntó. “Si, lo es, y tiene un saldo impresionante”, le respondieron. Sonriendo y emocionada, la joven contestó: “Tú, libreta de ahorro humilde y casi olvidada, ahora me sirves para realizar mi sueño…”. Un 18 de octubre de 1914, el Padre Kentenich dijo a los jóvenes reunidos en aquel santuario “quese hallaba desde tiempos inmemoriales más o menos abandonado, desmantelado y vacío” algo sobre «una acción apostólica más grande», vinculado para siempre  con este lugar… Algo del pobre portal de Belén donde nació el Salvador del mundo resuena en sus palabras: la convicción y experiencia de que tantas veces “en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de lo más grande”.

En una conferencia en plena guerra mundial (9.3.1941), en el choque de poderes, se nota su emoción frente a la humildad y grandeza del pequeño santuario al decir:

«Tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá… (Mt 2,6). Lo que sucede con Belén es que mueve nuestro corazón inconscientemente hacia nuestro pequeño santuario: Tú, pequeño santuario, allí abajo, en el valle, no eres, no, un lugar menor en el Reino de Dios, desde el cual el Espíritu Santo quiere irradiar para renovar el mundo”.

Schoenstatt, pequeña y santa tierra, puedes ser desconocida por doquier, puedes ser pequeña, insignificante

Vivimos un momento en el que “todas las esperanzas y expectativas que se han ido dando a lo largo de los pasados meses pareciera que quedaran en nada y nos hacen temer que para el jubileo de nuestra Alianza de Amor, nuestra casa seguirá sin ser ‘nuestra’ casa”.

El Padre Kentenich dijo:

“¿No es así? ¿No es este pequeño santuario, literalmente, el centro en el que atesoramos nuestro pensar y nuestro sentir en el día de hoy? Y porque este bendito lugar debe ser, por evidente designio divino, fecundo, bendecido, sobreabundantemente bendecido, por eso vemos innumerables personas nobles de espíritu que se reúnen a su alrededor. Personas que en el último año han ofrecido al eterno Dios el cuerpo y la vida a través del poder en blanco, para conservar la fecundidad de este bendito lugar santo.

Y, ¿cómo suena en nuestro oídos la frase, que tan a menudo hemos escuchado desde 1929: a la sombra de este santuario se decidirán esencialmente, sí, esencialmente, los designios de la Iglesia por siglos? Cuanto más somos, con más estremecimiento y emoción nos llena esta frase.

¿Cómo suena la frase: «Tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá…”?

Schoenstatt, pequeña y santa tierra, puedes ser desconocida por doquier, puedes ser pequeña, insignificante y, a pesar de todo, con cuánta fuerza descansa sobre ti la bendición de Dios. ¡Qué fuertemente entrelazados están los designios de salvación de Dios con este pequeño lugar!….”.

Salimos al mundo llevando bendiciones

“Yo peregrino en alianza solidaria a nuestro Santuario Original” – un “lema” vivo en este momento, donde cientos y cientos de personas asumen la tarea “de mostrar y demostrar vital y apostólicamente que ese pequeño lugar es nuestro hogar común y nuestra fuente de gracias específica, sin el cual ni somos ni podemos actuar, ni como Familia del Padre ni como Movimiento apostólico al servicio de la Iglesia y de la sociedad”.

Dice el Padre Kentenich en la misma conferencia:

“… Aprovechamos también la ocasión para reconocer por nuestra parte que todas las bendiciones que hayan descendido sobre nosotros hasta ahora, todas las bendiciones que se hayan derramado desde este pedacito santo de tierra, se las debemos agradecer a nuestra Reina, nuestra Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt. Ella debe ser llevada en su carro de triunfo. Nosotros caminaremos humildemente delante del carro, al lado del carro.

Así es esta comunidad. ¿Y así debe ser bendecida? Sí. ¿No experimentamos hoy esa bendición? ¿No es una corriente de gracias continua que hoy nos inunda a todos? Si yo asumo todo lo que hoy estremece esta sala, lo que estremece la tierra de Schoenstatt y lo puedo derramar en bendiciones, entonces puedo decir: todos nosotros, los que hemos venido hoy aquí, traemos bendición, recogemos bendición y queremos llevarla al mundo.

¡Somos portadores de bendición!

Sí, cuántas veces me he repetido esto esta mañana y las horas siguientes. Cuánta bendición fluye hoy de nuevo hacia nuestro pequeño santuario, hacia el manantial del que brotó la bendición. ¡Somos portadores de bendición!

Recogemos bendición.

Puedo añadir: no venimos solamente para traer bendición, no, no, queremos también recoger bendición de este lugar.  Inconscientemente pensamos en el abundante capital de gracias que ha acumulado toda la Familia para traerlo aquí y ponerlo en las manos de la Santísima Virgen, así lo creemos sencilla y humildemente. Recogemos bendiciones. Queremos salir de aquí bendecidos, abundantemente bendecidos, sobreabundantemente bendecidos, profundamente bendecidos. Traemos bendiciones y esperamos bendiciones.

Salimos al mundo llevando bendiciones.

¿Qué aspecto tiene esa bendición que llevamos? Aquí también debo distinguir una triple corriente. Para empezar está la bendición del ser cimentado en Dios.

Por segunda vez pregunto: ¿Qué tipo de bendición queremos llevar? La bendición de la palabra encendida en Dios. Una palabra sencilla, cálida, una palabra convincente, impregnada por una llama interior ¡Cuánta bendición se puede esparcir así!

Quizá no todos hemos soñado con que alguna vez pudiéramos disfrutar un tiempo como el que tenemos hoy ante nosotros. Y sin embargo hemos sido tan flexibles desde el comienzo que no nos resulta difícil un cambio. Queremos recoger bendiciones y llevarlas afuera.

Por fin, la tercera corriente de bendiciones, la que todos queremos llevar afuera, la bendición de una vida de acción cimentada y encendida en Dios. Vamos a abocarnos a ello en las acciones del día a día: anunciar a Dios, anunciar a Cristo en la vida cotidiana”.

Cuando en Israel se pensaba que su venida era imposible

En momentos en que humanamente todo parece perdido, miramos a Belén, miramos a los cien años de la Alianza de Amor. “En la época fundacional de la Familia, la Alianza se vivió en solidaridad mutua en los campos de batalla y en las trincheras… en el exilio, en la solidaridad con el Padre y como Familia en los campos de batalla eclesiales y de la propia Familia… Hoy se nos invita a vivir la Alianza solidaria en los campos de la Nueva Evangelización construyendo cultura de Alianza, entrega no menos radical por la conquista espiritual de una Familia misionera y peregrina, de nuestro Santuario vivo, de nuestro Santuario original”.

Miramos al “profeta del Santuario”:

“Tú, Belén, tierra de Judá…» – Tú, Schoenstatt, en el amplio mundo ¡no eres uno de los lugares insignificantes! ¡Cuántas personas llevan hoy en los labios el nombre de la Madre tres veces Admirable! ¡Cuántas personas rodean y se agrupan alrededor de nuestro Santuario! El Santuario es para ellas el símbolo de lo divino, de lo realmente cristiano.

Por mí pueden ser las tormentas cada vez más violentas, por mí, el barquito en el que nos encontramos podrá ser zarandeado de un lado a otro por el viento y las olas, de tal manera que pensemos que estamos a punto de naufragar. Y, sin embargo, todos los que estamos aquí juntos, permanecemos inconmoviblemente aferrados a una gran frase que nos enseñó San Vicente Pallotti y que él pronunció en un tiempo revolucionario similar: Mater habebit curam! O aferrados a otra frase, salida de la pluma de San Alfonso María de Ligorio, que nos alumbra desde nuestro Santuario: Servus Mariae nunquam peribit.

Y puede ser, puede parecer, puede pasar como que todo está en juego, y por encima de todo brilla un insondable y profundo construir y confiar: Mater habebit curam, Servus Mariae nunquam peribit.

Estamos convencidos de que la Santísima Virgen se levantará como un ejército en orden de batalla en el último momento, a su debido tiempo. Si miramos en la vida de la bendita entre las mujeres, percibimos un tiempo parecido al actual, todo espera un Libertador, un Salvador. Y Él está tan cerca. Cuando en Israel se pensaba que su venida era imposible, la Madre de Dios tuvo un encuentro santo con el ángel en el silencio santo de Nazaret. Ella quiere permanecer virgen y, sin embargo debe ser madre. Sí, lo que parece del todo imposible, que Ella sea la Madre del Dios eterno, sucede inmediatamente. Así será también; así vendrá también para nosotros, en el momento oportuno, que se añadirá una gloriosa victoria al talón de la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt.

Y ahora vamos a elevar un canto con todo esto que yo como intérprete les he podido decir e interpretar, con nuestro Himno de la Familia: «Protéjanos tu manto…».

“Quizás es el momento de decirle a la Mater nuevamente y en el espíritu de nuestra oración de peregrinación 2014: “yo peregrino en Alianza solidaria, a nuestro Santuario Original, pidiéndote que nuevamente te instales en él con tu Familia”.

Extracto de la conferencia del P. Kentenich «Y tú Belén» (pdf)
Traducción del texto de la conferencia del P. Kentenich del 9 de marzo de 1941: M. Paz Leiva, Madrid, España.
Textos insertados de:
Yo peregrino en Alianza solidaria, a nuestro Santuario Original



Artículos relacionados: «En alianza solidaria con el Santuario Original»


Publicado el In José Kentenich

Tú, pequeño santuario, ahí abajo, en el valle, no eres, no, un lugar menor en el Reino de Dios

org. Febrero de 2013. Una señora joven entra al banco llevando en sus manos una libreta de ahorro un poco anticuada. “La encontré por casualidad en una caja que hace mucho no abría”, dijo. Era un regalo que sus abuelos le hicieron cuando pequeña. “¿Aún es vigente?”, preguntó. “Si, lo es, y tiene un saldo impresionante”, le respondieron. Sonriendo y emocionada, la joven contestó: “Tú, libreta de ahorro humilde y casi olvidada, ahora me sirves para realizar mi sueño…”. Un 18 de octubre de 1914, el Padre Kentenich dijo a los jóvenes reunidos en aquel santuario “quese hallaba desde tiempos inmemoriales más o menos abandonado, desmantelado y vacío” algo sobre «una acción apostólica más grande», vinculado para siempre  con este lugar… Algo del pobre portal de Belén donde nació el Salvador del mundo resuena en sus palabras: la convicción y experiencia de que tantas veces “en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de lo más grande”.

(más…)