Publicado el 12. mayo 2018 In Francisco - Mensaje, Sinodo 18

La Iglesia y el mundo necesitan a los jóvenes para rejuvenecerse

HACIA EL SÍNODO DE LOS JOVENES •

El Papa Francisco ha participado con un video mensaje en la Vigilia mariana internacional de los jóvenes que se lleva a cabo en el Santuario de San Gabriel en la ciudad de Teramo en Italia, en preparación de la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos, instándolos a no callar y a enseñar a los adultos el camino del diálogo y la concordia. Habla de la revolución digital, la santidad, María, y la misión de los jóvenes.—

Texto del video mensaje

Queridos amigos,

Me alegra participar en la Vigilia Internacional Mariana de los jóvenes, organizada en el nuevo santuario de San Gabriel de Nuestra Señora de los Dolores, en preparación para la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos.  Es cierto que estoy físicamente lejos de vosotros, pero gracias a las modernas tecnologías de comunicación tenemos la posibilidad de eliminar distancias. En efecto, nosotros los cristianos siempre hemos sabido que la única fe y la oración concorde unen a los creyentes de todo el mundo: ¡Podemos decir que, incluso sin saberlo, hemos sido los precursores de la revolución digital!

Saludo a vuestro pastor, Mons. Lorenzo Leuzzi, que desde el inicio de su ministerio entre vosotros, os ha involucrado en el camino sinodal, y al cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, que celebra la santa misa para vosotros.

Ahora quisiera confiaros algunos pensamientos que me interesan de manera especial.

El primer pensamiento es para María. Es hermoso que los jóvenes recen el rosario, mostrando así su afecto por la Virgen. Su mensaje, además, es hoy más actual que nunca. Y lo es porque es una joven entre los jóvenes, una “mujer de nuestros días”, como le gustaba decir a Don Tonino Bello.

Ella era joven, -tal vez apenas adolescente- cuando el ángel se dirigió a ella, trastocando sus pequeños proyectos para hacerla parte del gran proyecto de Dios en Jesucristo. Permaneció joven incluso después, cuando, a pesar del paso de los años, se hizo discípula del Hijo con el entusiasmo de los jóvenes, y lo siguió hasta la cruz con el coraje que solo poseen los jóvenes. Sigue siendo por siempre joven, incluso ahora cuando la contemplamos  asunta al cielo, porque la santidad mantiene eternamente joven, es el verdadero “elixir de la juventud” que tanto necesitamos. Es la juventud renovada que nos trajo la resurrección del Señor.
Lo había entendido muy bien san Gabriel de la Virgen de los Dolores, patrón de los estudiantes, un santo joven enamorado de María. Él, que había perdido a su madre cuando era niño, sabía que tenía dos madres en el cielo velando por él. Y así se comprende su gran amor por la oración del Rosario y su tierna devoción a la Virgen, que quiso asociar para siempre con su nombre cuando, con solo dieciocho años, se consagró a Dios en la familia religiosa de los Pasionistas, convirtiéndose en Gabriel de la Virgen de los Dolores.

Como recientemente reiteré en la Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate, “la santidad es el rostro más bello de la Iglesia” (n. 9) y la transforma en una comunidad “amistosa” (véase el n. ° 93). Si San Ambrosio estaba convencido de que “todas las edades están maduras para la santidad” (De virginitate, 40), sin duda lo está también la edad juvenil. ¡No tengáis entonces  miedo de ser santos, mirando a María, a San Gabriel y a todos los santos que os han precedido y os  muestran el camino!

El primer pensamiento es para María. El segundo pensamiento es para los jóvenes conectados con vosotros  en diferentes partes del mundo para participar en esta vigilia. Saludo con afecto a los jóvenes de Panamá, reunidos en el Santuario Internacional del Corazón de María con el obispo Mons. Domingo Ulloa Mendieta, con quienes me encontraré el próximo año con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud,  a los jóvenes de la Federación Rusa, reunidos en la catedral de la Transfiguración en Novosibirsk, con su obispo Mons. Joseph Werth y el Delegado de la Juventud de toda Rusia, Mons. Clemens Pickel, a los jóvenes de Irlanda, conectados desde la Glencomeragh House, casa de oración y formación para los jóvenes, junto con el obispo Monseñor Alphonsus Cullinan, y finalmente a los jóvenes de Taiwán, reunidos en Taiwán en la iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. En estos días, los obispos de Taiwán están en Roma para la visita ad limina. ¡Estarán contentos  de saber que sus jóvenes están rezando y que hoy también ellos están juntos con el Sucesor de Pedro!

Queridos jóvenes, unidos en oración desde lugares tan lejanos, vosotros sois una profecía de paz y reconciliación para toda la humanidad. Nunca me cansaré de repetirlo: ¡No levantéis muros, construid puentes! ¡No levantéis muros, construid puentes! Unid las orillas de los océanos que os separan con el entusiasmo, la determinación y el amor de los que sois capaces. Enseñad a los adultos, cuyos corazones a menudo se han endurecido, a elegir el camino del diálogo y la concordia, para dar a sus hijos y nietos un mundo más hermoso y más digno del hombre.

El tercer y último pensamiento es para el Sínodo cercano. Ya sabéis que la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos estará dedicada a “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, y que toda la Iglesia está desde hace tiempo intensamente comprometida en el camino sinodal.

Cuando encontré a tantos  jóvenes como vosotros con motivo de la reunión pre-sinodal en marzo pasado, advertí contra el peligro de hablar de los jóvenes sin dejar que los jóvenes hablasen,  dejándolos  “a distancia de seguridad”. Los jóvenes no muerden, pueden acercarse y tienen entusiasmo, y vosotros, además del entusiasmo, tenéis la llave del futuro.

Queridos jóvenes, cuando regreséis a  vuestras familias y a vuestras parroquias –a Teramo, a Panamá, a Rusia, a Irlanda, a Taiwán- no dejéis que os callen. Por supuesto, el que habla puede equivocarse y también  los jóvenes a veces se equivocan, son humanos, pecando de imprudencia, por ejemplo. Pero no tengas miedo de equivocaros  y de aprender de vuestros errores, así se va adelante. Si alguien, incluidos vuestros padres, vuestros sacerdotes, vuestros  maestros, intentase cerraros la boca, recordadles  que la Iglesia y el mundo también necesitan a los jóvenes para rejuvenecerse. Y no olvidéis que tenéis a vuestro lado aliados imbatibles: Cristo, el eternamente joven, María  una mujer joven, san Gabriel y todos los santos, que son el secreto de la juventud perenne de la Iglesia.

¡Gracias!

 

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