Publicado el 2020-08-22 In Francisco - Mensaje

Curar al mundo

PAPA FRANCISCO – MENSAJE | María Fischer •

“La respuesta a la pandemia es doble: tenemos que encontrar la cura para un virus pequeño, que pone de rodillas al mundo entero, y tenemos que curar un gran virus, el de la injusticia social”, fue el tweet publicado por el Papa Francisco el pasado 19 de agosto, retomando la catequesis pronunciada en la audiencia general de ese mismo día. —

 

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, respondió al Papa Francisco a través de la misma red social: “No podría estar más de acuerdo con Su Santidad @Pontifex. La pandemia #COVID19 muestra que debemos hacer de la salud un derecho humano para todos y no permitir que sea un privilegio para unos pocos. También nos da la oportunidad de reconstruir un mundo mejor, más seguro y más justo, ¡juntos!”.

Desde principios de agosto, en las audiencias generales de cada miércoles, el Papa Francisco ha estado profundizando sobre “las cuestiones apremiantes que la pandemia ha puesto de relieve, sobre todo las enfermedades sociales”, “a la luz del Evangelio, de las virtudes teologales y de los principios de la doctrina social de la Iglesia”. A través de este ciclo de catequesis, desea “reflexionar y trabajar todos juntos, como seguidores de Jesús que sana, para construir un mundo mejor, lleno de esperanza para las generaciones futuras”.

Casa Madre de Tuparenda

 ¿De qué modo podemos ayudar a sanar nuestro mundo, hoy?

“La pandemia sigue causando heridas profundas, desenmascarando nuestras vulnerabilidades. Son muchos los difuntos, muchísimos los enfermos, en todos los continentes. Muchas personas y muchas familias viven un tiempo de incertidumbre, a causa de los problemas socioeconómicos, que afectan especialmente a los más pobres”, dijo Francisco en la primera audiencia general después de la pausa de verano, el 5 de agosto. “Y entonces nos preguntamos: ¿de qué modo podemos ayudar a sanar nuestro mundo, hoy? Como discípulos del Señor Jesús, que es médico de las almas y de los cuerpos, estamos llamados a continuar «su obra de curación y de salvación» (CIC, 1421) en sentido físico, social y espiritual”.

¿De qué modo podemos ayudar a sanar nuestro mundo, hoy? Hay muchos cristianos, muchos schoenstattianos que en estas semanas dan una respuesta concreta, real, a esta pregunta.

Los empresarios de la Comunidad Internacional de Empresarios y Ejecutivos Schoenstattiano (CIEES) en Ciudad del Este lanzaron con gran éxito un programa de revitalización económica en la frontera, apoyando la creación de nuevas empresas para dar trabajo, ingresos y esperanza a las personas que perdieron su empresa, su negocio o su trabajo debido a las medidas sanitarias. Los responsables del colegio Providencia en Uruguay, con mucha creatividad, acompañaron a los alumnos durante el tiempo de confinamiento con llamados y materiales didácticos y desarrollaron planes novedosos para facilitar el regreso a clases. En Casa Madre de Tupãrenda, los jóvenes que no pudieron ir durante meses recibieron alimentos y acompañamiento vía WhatsApp. En Dequení adaptaron sus programas para llegar, mediante videos y programas de radio, a las familias de escasos recursos para apoyar la continuación de aprendizaje en casa. En España, varias personas se juntaron para hacer llamados semanales a personas mayores en confinamiento. Muchos sacerdotes de Schoenstatt se familiarizaron con YouTube y Zoom para sanar heridas espirituales con transmisiones de misas, conferencias y oraciones. Los Madrugadores de Argentina comenzaron a rezar el rosario, vía Zoom, con presos en cárceles y personas mayores en geriátricos. El Sanatorio Mater Dei en Buenos Aires desarrolla un programa que permite a familiares acompañar a sus parientes graves con Covid.  Familias de Costa Rica ayudaron a los vecinos con alimentos y con la venta de productos.

 

Costa Rica, nuevas mini-empresas

La dignidad humana

“Es loable el compromiso de tantas personas que en estos meses están demostrando el amor humano y cristiano hacia el prójimo, dedicándose a los enfermos y poniendo también en riesgo su propia salud. ¡Son héroes!”, dice el Papa Francisco en la segunda audiencia de este ciclo, el 12 de agosto.

“La pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos. Si no cuidamos el uno del otro, empezando por los últimos, por los que están más afectados, incluso de la creación, no podemos sanar el mundo…”

Punto de partida, siempre, es la dignidad humana. De cada uno. Del migrante varado en el mar, del drogadicto en la calle, del preso, del enfermo, del niño abusado y abandonado, del empleado, del colega, de los manifestantes en Bielorrusia, de las víctimas de la explosión en Beirut. Si somos cristianos, no hay dolor ajeno, hay solo dolor cercano.

“El ser humano, de hecho, en su dignidad personal, es un ser social, creado a imagen de Dios Uno y Trino. Nosotros somos seres sociales, necesitamos vivir en esta armonía social, pero cuando hay egoísmo nuestra mirada no va a los otros, a la comunidad, sino que vuelve sobre nosotros mismos y esto nos hace feos, malos, egoístas, destruyendo la armonía.

Esta renovada conciencia de la dignidad de todo ser humano tiene serias implicaciones sociales, económicas y políticas. Mirar al hermano y a toda la creación como don recibido por el amor del Padre suscita un comportamiento de atención, de cuidado y de estupor. Así el creyente, contemplando al prójimo como un hermano y no como un extraño, lo mira con compasión y empatía, no con desprecio o enemistad. Y contemplando el mundo a la luz de la fe, se esfuerza por desarrollar, con la ayuda de la gracia, su creatividad y su entusiasmo para resolver los dramas de la historia. Concibe y desarrolla sus capacidades como responsabilidades que brotan de su fe como dones de Dios para poner al servicio de la humanidad y de la creación.

Mientras todos nosotros trabajamos por la cura de un virus que golpea a todos indistintamente, la fe nos exhorta a comprometernos seria y activamente para contrarrestar la indiferencia delante de las violaciones de la dignidad humana. Esta cultura de la indiferencia que acompaña la cultura del descarte: las cosas que no me tocan no me interesan. La fe siempre exige que nos dejemos sanar y convertir de nuestro individualismo, tanto personal como colectivo; un individualismo de partido, por ejemplo”.

Ciudad del Este, Reactivando la economia

La pandemia es una crisis y de una crisis no se sale igual

“Todos estamos preocupados por las consecuencias sociales de la pandemia. Todos. Muchos quieren volver a la normalidad y retomar las actividades económicas. Cierto, pero esta “normalidad” no debería comprender las injusticias sociales y la degradación del ambiente. La pandemia es una crisis y de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores. Nosotros debemos salir mejores, para mejorar las injusticias sociales y la degradación ambiental. Hoy tenemos una ocasión para construir algo diferente. Por ejemplo, podemos hacer crecer una economía de desarrollo integral de los pobres y no de asistencialismo”, dice el Papa Francisco en la tercera audiencia.

Nos muestra la crisis como oportunidad de salir mejor. En una nueva economía, por ejemplo.

En estas últimas semanas se ha consumido mucho tiempo y fuerza en Schoenstatt por la crisis derivada de las denuncias contra el P. Kentenich. Con razón. Sin dejar a lado el compromiso social y apostólico. También esta crisis tiene todo el potencial de que salgamos peores o mejores. Mejores, ojalá: más humildes, menos “románticos”, menos inmersos en nosotros mismos, más comprometidos con la razón de nuestra existencia: el apostolado, la ayuda al Cristo que sufre hoy. “Caritas Cristi urget nos”: el amor de Cristo nos urge.

“Y, a partir de este amor concreto, anclado en la esperanza y fundado en la fe, un mundo más sano será posible. De lo contrario, saldremos peor de esta crisis. Que el Señor nos ayude, nos dé la fuerza para salir mejores, respondiendo a la necesidad del mundo de hoy”.

 

 

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