Publicado el 7. octubre 2016 In Francisco - Mensaje

Perdieron el miedo y se abrieron al Espíritu Santo

FRANCISCO EN ROMA •

No estar atados a una “rígida adhesión” a la ley, dejar que el Espíritu nos inspire, abrirse sin miedo y permitir que el Espíritu Santo nos lleve hacia adelante, son las tres actitudes que aconsejó el Papa Francisco en la homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, el 6 de octubre.  Francisco reflexionó sobre las lecturas bíblicas del día en las que se habla del Espíritu Santo, “gran don del Padre”, “fuerza que hace salir a la Iglesia con valentía para llegar hasta el final del mundo”.
El Espíritu –indicó Francisco– es el protagonista de este ir adelante de la Iglesia. Sin Él, hay “encierro, miedo”.

La apertura al Espíritu Santo como condición más importante para el cristiano, la docilidad al Espíritu Santo en vez de aferrarse a normas, leyes e ideas que se convierten en ideologías es uno de los temas preferidos de Francisco. Es un punto, donde coincide tanto con el P. José Kentenich, que hace rezar a toda su familia de Schoenstatt: «Abre nuestras almas al Espíritu de Dios…».

No termina aquí la oración escrita en el campo de concentración de Dachau, lugar donde, según el Padre Kentenich, después de la primera «prueba de realidad» en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, una vez más se trataba del encuentro crucial de la Alianza de Amor con las periferias extremas del mundo real. Sabiendo que la Alianza de Amor había pasado la prueba e intuyendo que el peligro más grande no serían las zonas de riesgo, sino las zonas de confort, el Padre Kentenich sigue rezando: «Abre nuestras almas al Espíritu de Dios, y que él nuevamente arrebate al mundo desde sus cimientos…».

Al abrirnos a las palabras de Francisco en esta prédica matutina, sentimos que los dos comparten la misma inquietud: un nuevo Pentecostés, abriéndonos al Espíritu Santo y perdiendo el miedo.

1 No reducir el Espíritu y el Hijo a la Ley

El Papa habló de tres actitudes que podemos tener con el Espíritu Santo.

La primera de las cuales es la que San Pablo reprocha a los Gálatas, a saber: el hecho de creerse justificados por la Ley y no por Jesús “que da sentido a la Ley”. Y de este modo, eran “demasiado rígidos”. Son los mismos que atacaban al Señor que los llamaba “hipócritas”:

“Y este apego a la Ley hace que se ignore al Espíritu Santo. No deja que la fuerza de la redención de Cristo salga adelante con el Espíritu Santo. Ignora; sólo la Ley. Es verdad que están los Mandamientos y nosotros debemos seguirlos; pero siempre desde la gracia de este don grande que nos ha dado el Padre, su Hijo, es el don del Espíritu Santo. Y así se comprende la Ley. Pero no reducir al Espíritu y al Hijo a la Ley. Éste era el problema de aquella gente: ignoraba al Espíritu Santo y no sabían ir adelante. Estaban cerrados, encerrados en las prescripciones: se debe hacer esto, se debe hacer aquello otro. A veces, a nosotros, nos puede suceder que caigamos en esta tentación”.

Los Doctores de la Ley  – afirmó el Papa – “encantan con las ideas”:

“¿Por qué las ideologías encantan; y así Pablo comienza, aquí: ‘Necios Gálatas, quién los ha encantado?’. Aquellos que predican con ideologías: ¡es todo justo! Encantan: ¡todo claro! Pero mira la revelación de Dios, ¿acaso no es clara? A la revelación de Dios se la encuentra cada día más, más, más; siempre en camino. ¿Es clara? ¡Sí! ¡Clarísima! Es Él, pero nosotros debemos encontrarla en camino. Y aquellos que creen que tienen toda la verdad en la mano no son ignorantes, Pablo dice más: ‘¡Necios!’. Que se han dejado encantar”.

[ 2 No caer en la mediocridad cristiana

La segunda actitud es “entristecer al Espíritu Santo”. Esto sucede, explicó el Papa, cuando “no dejamos que Él nos inspire, nos lleve adelante en la vida cristiana”, “no dejamos que Él nos diga, no con la teología de la Ley sino con la libertad del Espíritu, qué debemos hacer”. Es así como “nos convertimos en tibios”, caemos en la “mediocridad cristiana” porque el Espíritu Santo “no puede hacer la gran obra en nosotros”.

2 Adelante, adelante, adelante

La tercera actitud, en cambio, es precisamente “abrirse al Espíritu Santo y dejar que Él nos conduzca. Como hicieron los Apóstoles con el coraje que tuvieron el día de Pentecostés. Perdieron el miedo y se abrieron al Espíritu Santo”. “Para entender, para acoger las palabras de Jesús  – dijo también Francisco – es necesario abrirse a la fuerza del Espíritu Santo. Y cuando un hombre, una mujer, se abre al Espíritu Santo es como un velero que se deja arrastrar por el viento y va adelante, adelante, adelante y no se detiene más”. Pero es necesario “rezar para abrirse al Espíritu Santo”:

“Nosotros podemos preguntarnos hoy, en un momento de la jornada, ¿yo ignoro al Espíritu Santo? ¿Y sé que si voy a Misa el domingo, si hago esto, si hago esto es suficiente? Segundo: ¿mi vida es una vida a medias, tibia, que entristece al Espíritu Santo y no deja en mí la fuerza de ir adelante, de abrirme? ¿O, finalmente, mi vida es una oración continua para abrirse al Espíritu Santo, para que Él me lleve adelante con la alegría del Evangelio y me haga entender la doctrina de Jesús, la verdadera doctrina, aquella que no encanta, aquella que no nos hace necios, sino la verdadera? Y que nos haga entender dónde está nuestra debilidad, aquella que lo entristece a Él; y que nos lleve adelante, llevando adelante también el nombre de Jesús a los demás y enseñando el camino de la salvación. Que el Señor nos dé esta gracia: abrirnos al  Espíritu Santo para no volvernos necios, encantados, ni hombres y mujeres que entristecen al Espíritu”.

 

Foto arriba: Misiones Católicas Universitarias, Paraguay

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,