Publicado el 19. febrero 2016 In Francisco - iniciativas y gestos, Francisco - Mensaje

“Para celebrar el jubileo de la misericordia con ustedes”: instantáneas del viaje de Francisco a México

FRANCISCO EN MÉXICO, por Gabriela de la Garza Maldonado y María Fischer •

Último día del viaje del Papa Francisco a México, y va, una vez más, a la periferia: a la cárcel, y después a la frontera que año tras año cruzan miles de migrantes en búsqueda de un futuro mejor. “Estoy concluyendo mi visita a México, no quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes”. Hay que saborear esta frase. El Papa fue a esta cárcel no para una simple visita, fue para celebrar el jubileo de la misericordia con los presos. Toca en ellos la carne de Cristo, se abre la puerta de la misericordia.

“En el viaje a África, en la ciudad de Bangui, pude abrir la primera puerta de la misericordia para el mundo entero, de este Jubileo, porque la primera puerta de la misericordia la abrió nuestro Padre Dios con su Hijo Jesús…”. La puerta de la misericordia, signo visible de la misericordia del Padre que recibe a quien se abre al amor de Dios que perdona. Y la otra cara de la misma medalla, las obras de la misericordia, que hacen creíble la buena nueva a todo hombre de buena voluntad, en este Jubileo, porque la obra más grande de la misericordia la hizo Dios Padre con su Hijo Jesús.

En su visita al Centro de Readaptación Social (CERESO) número 3 en Ciudad Juárez, considerada una de las ciudades más violentas del mundo, Francisco dijo que el delito no se resuelve solo encarcelando gente. Después, los centenares de presos tuvieron el privilegio de escuchar el resumen más conciso de lo que significa para Francisco una Iglesia y una sociedad en clave de misericordia: “La preocupación de Jesús por atender a los hambrientos, a los sedientos, a los sin techo o a los presos (Mt 25,34-40) era para expresar las entrañas de la misericordia del Padre, que se vuelve un imperativo moral para toda sociedad que desea tener las condiciones necesarias para una mejor convivencia. En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos, está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia”.

Misericordia y delicadeza paternal: un joven preso le regaló un báculo hecho por él, hermosamente tallado en madera. El Papa lo llevó en la Sta. Misa final al despedirse de México en Ciudad Juárez.

Al escucharlo, muchas lágrimas entre los presos, en las celebraciones eucarísticas, en la despedida en el aeropuerto… Un padre misericordioso que tocó los corazones de todos.

“Cariñoterapia”, “escuchoterapia”

Los abrazos y bendiciones personales a setenta presos seleccionados por su buena conducta (mujeres y hombres) fueron una celebración del jubileo en palabras, en gestos de misericordia. Estuvieron en la línea de los dos neologismos creados por Francisco en este viaje: habló de “cariñoterapia” en su visita a un hospital pediátrico, donde abrazó, escuchó, acarició, y pareció querer quedarse por horas. A los jóvenes en Morelia les pidió encontrar al pobre como amigo, y sanarlo con “escuchoterapia”: “Y si ven un amigo o una amiga que se pegó un resbalón en la vida y se cayó, anda y ofrécele la mano, pero ofrécesela con dignidad. Ponte al lado de él, al lado de ella, escúchalo, no le digas: «Te traigo la receta». No, como amigo, despacito, dale fuerza con tus palabras, dale fuerza con la escucha, esa medicina que se va olvidando: la «escuchoterapia». Déjalo hablar, déjalo que te cuente, y entonces, poquito a poco, te va a ir extendiendo la mano, y lo vas a ayudar en nombre de Jesucristo. Pero si vas de golpe y le empiezas a predicar, y a darle y a darle, pues, pobrecito, lo vas a dejar peor que como estaba”.

Conoce la realidad

Hubo Santas Misas multitudinarias en estos días en México, felicidad, entusiasmo, jubileo, cantos, bailes, alegría desbordante, carteles, banderas, corrientes de peregrinos, abrazos, lágrimas… Pero en todo momento estuvo presente la realidad: la realidad de cárceles y de hospitales, de migrantes que pierden la vida en la frontera, la realidad de la violencia (más de treinta personas asesinadas en México durante al visita del Papa), narcotráfico, corrupción, la realidad de los indígenas… Al ir a las periferias existenciales de este hermoso país, el Papa Francisco mostró el camino para transformar estas realidades crueles en puertas de la misericordia: tocando en los pobres la carne de Cristo.

“En algunos momentos me hizo llorar por nuestras debilidades”, comenta Blanch Ramírez.

Resuenan, como respuesta, las palabras en el Ángelus en Ecatepec:

“Quiero invitarlos hoy a estar en primera línea, a ‘primerear’ en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidades. Donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos, el oportunismo de unos pocos.

Una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte.

Esta tierra tiene sabor a la Guadalupana, la que siempre es Madre, se nos adelantó en el amor, y digámosle desde el corazón:

Virgen Santa, «ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz»” (Evangelii gaudium, 288).

“Escribo emocionada mientras veo por TV la despedida del Papa antes de partir a Roma,” escribe Gabriela de la Garza Maldonado. “Estos días han sido una gran bendición, llenos de enseñanzas y tareas por seguir”.

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