Publicado el 2015-11-12 In Francisco - Mensaje

Una manera nueva y evangélica de vivir la fe en Jesús

FRANCISCO EN PRATO Y FLORENCIA •

La visita del papa Francisco a la ciudad de Florencia tuvo un momento íntimo, alejado de las grandes multitudes que coparon las calles de esta bella ciudad, cuna del Renacimiento. El Santo Padre prefirió compartir un almuerzo con enfermos, personas discapacitadas y gente sin hogar en la Obra Diocesana de Asistencia, que opera Cáritas.

Francisco se encontró con los pobres en la basílica de la Santísima Anunciación. Desde allí, se dirigió al comedor de san Francisco, donde almorzó, se interesó por sus vidas y contó alguna que otra anécdota. En la basílica, el Papa rezó delante de la imagen de la Virgen y dejó a sus pies una rosa blanca. Luego saludó a los enfermos.

El Santo Padre fue recibido entre aplausos y con diversas muestras de afecto por parte de los presentes. Entre los comensales se encontraban personas de varios lugares del mundo: 30 de Italia y el resto de países como Sri Lanka, Filipinas, Rumanía, Ucrania y Perú.

Uno de los encargados de “San Francisco Pobre” le dio al Papa una tarjeta para poder ingresar al recinto y le explicó que “todos los días, los que vienen a comer gratis reciben una pequeña tarjeta. Le damos una ahora a nuestro Cardenal y una a usted. De ese modo usted queda registrado y ya puede entrar”.

Entre los asistentes no solo había católicos sino también musulmanes y de otras confesiones religiosas. Francisco saludó a decenas de invitados uno por uno, firmó en el libro de visitas y bendijo la fotografía de un joven enfermo.

Entre alguno de los regalos que recibió, un hombre originario del Perú le obsequió un tradicional chullo (gorro típico de los pobladores de los Andes) y le dijo que “esto es de parte del corazón de todos los peruanos”, gesto que el Santo Padre agradeció con una sonrisa.

Antes de comenzar el almuerzo, el Pontífice bendijo los alimentos y luego compartió el menú que estuvo compuesto de un plato típico toscano (región de Italia en la que se encuentra situada Florencia) llamado “ribollita” (“recocido”) que se elabora con pan duro, verduras y legumbres y es típico del invierno.

También constó de un estofado de carne acompañado de verduras, un poco de vino tinto de la diócesis, y vino blanco que elaboran los encarcelados de la prisión de la isla de Gorgona, en la ciudad de Livorno, también en la Toscana. El postre fue una macedonia de frutas y dos dulces tradicionales: “Schiacciata Fiorentina” (una especie de bizcocho) y “Cantuccini di Prato” (galletas hechas con almendra).

Aunque el almuerzo contó con un invitado excepcional, Francisco, todo fue como el resto de los días. “Será todo como siempre”, había anunciado ya el director de la Cáritas, Alessandro Martini.

Cada día Cáritas hace dos o tres turnos de comidas para los pobres, pero hoy solo hecho dos: a las once de la mañana y a las 12:30. En este último ha participado el Papa junto al Arzobispo de Florencia, Cardenal Giuseppe Betori.

La sencillez natural de Francisco que parece sentirse «en casa» con los pobres, como en las villas de Buenos Aires: una manera nueva y evangélica de vivir la fe en Jesús. Un regalo.

Fuente: AICA, ACIprensa

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