Publicado el 2. febrero 2020 In Laicos y matrimonios

La Iglesia es enviada a llevar el Evangelio a las calles y a llegar a las periferias humanas y existenciales

Entrevista a Belen Pérez-Alemany y Cayetano Soler, encargados del «Fortalecimiento Matrimonial” en España •

El papa Francisco tiene el don de la libertad en el momento de hablar a un grupo concreto. No sólo se deja mover e inspirar por el clima que reina y deja los discursos preparados para hablar espontáneamente; también sabe aprovechar de cada audiencia y cada ocasión para comunicar su mensaje a los presentes y (a veces más aún) los no presentes… Fue así en su discurso con ocasión de la inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota Romana, al hablar sobre el rol de los matrimonios en las parroquias y en el servicio a las familias. —

Agradecemos al P. José María García y a Paz Leiva y Miguel Angel Rubio la idea de realizar una entrevista a Belen Pérez-Alemany y Cayetano Soler, encargados del «Fortalecimiento Matrimonial” en España sobre el tema planteado por Francisco.

Fortalecimiento Matrimonial es un taller de fin de semana, en el que, con la Pedagogía de Schoenstatt, y a través de diferentes dinámicas y momentos, marido y mujer se reencuentran el uno con el otro; y el matrimonio se encuentra con Dios, profundizando, valorando y fortaleciendo su relación matrimonial.                                                                                                                                                                    

El papa Francisco una vez más (en su discurso a la Rota Romana) destaca la importancia del “trabajo pastoral del catecumenado pre y post matrimonial.” Además, exige que hace falta que matrimonios se hacen cargo de esta pastoral. ¿Como es su experiencia? ¿La responsabilidad de matrimonios para la pastoral de novios es algo habitual en su entorno, o aún algo único o exótico?

En nuestro entorno lo vemos como algo natural. Tenemos matrimonios cercanos, comprometidos con esa tarea de acompañar y preparar a los novios. También nosotros mismos, formamos parte de un proyecto situado más en el “post”, porque va dirigido a matrimonios con un recorrido ya en el tiempo, que buscan fortalecer la unión entre ellos y con Dios. En algunos contextos en los que nos movemos, en el movimiento del que formamos parte, en la parroquia donde vamos a misa… hay oferta dirigida tanto a novios como a matrimonios.

¿Cuáles son las reacciones de novios o matrimonios jóvenes al estar con un matrimonio o matrimonios en la pastoral prematrimonial?

En los contextos de los que hablábamos antes, los que conocemos de primera mano, se sienten acompañados, y por tanto, escuchados, comprendidos, cuidados. Algunos tienen dudas, inquietudes, inseguridades… que obtienen respuesta a través de la experiencia compartida por matrimonios con mayor trayectoria

Pero a nivel general, la preparación al matrimonio que se hace en algunas parroquias, muchos novios jóvenes la viven como algo aburrido, impuesto, no le ven el sentido y lo viven como un mero trámite.

Tiene mucho que ver con la vivencia de fe que esos jóvenes lleven a la hora de empezar esa preparación, si esa vivencia se da o no, la experiencia en su familia, en su entorno… ¿Cómo hablar a una joven pareja de novios, de tener a Dios presente en su matrimonio, si no lo tienen presente en su vida, en su día a día, si no conocen a Dios?

También tiene que ver con el matrimonio guía: ¿son cercanos? ¿acogen? ¿escuchan? ¿respetan? ¿ayudan? ¿cuidan?… O por el contrario, los jóvenes ven en ellos un modelo de matrimonio lejano, diferente, desconectado de la realidad, demasiado idealista, o muy paternal, o “raro”…

En su discurso a la Rota Romana, el Santo Padre, partiendo desde el ejemplo del matrimonio de Priscila y Aquila, dice que “parejas, a las que el Espíritu ciertamente sigue animando, deben estar dispuestas «a salir de sí mismas, y a abrirse a los demás, a vivir la cercanía, el estilo de vivir juntos, que transforma toda relación interpersonal en una experiencia de fraternidad». ¿Como se vive esta actitud en el trabajo apostólico que hacen como matrimonios?

En muchos matrimonios, el acento existe, también la actitud que lleva y empuja a “salir”, pero a veces hay “frenos”: los miedos, las inseguridades, las comparaciones, el sentir no “estar a la altura”… Otras veces ese freno viene de la comodidad, la pereza, la negación al compromiso, al esfuerzo… También el freno lo pone la propia realidad vital de esos matrimonios, su momento real de vida, las cargas familiares, de trabajo, de salud… Otro gran freno es cierta “sordera”: la falta de sensibilidad acerca de la realidad que nos rodea, el no escuchar qué pasa alrededor, no estar atento a las señales del entorno, no escuchar las necesidades de otros… Y por último, un grandísimo freno y a veces, difícilmente detectable, es el desconocimiento de ese acento. No saber que se es útil, desconocer el talento que se puede entregar, desconocer ese acento propio, no haberlo descubierto en uno mismo…

“La Iglesia es enviada a llevar el Evangelio a las calles y a llegar a las periferias humanas y existenciales. Nos recuerda al matrimonio de Aquila y Priscilla.”, dice Francisco a los obispos y pastores. Desde su experiencia: ¿Por qué y cómo pueden matrimonios llevar mejor que otros, el Evangelio a las calles? ¿Por qué y cómo llegan mejor a las periferias humanas?

Va muy en relación con la respuesta anterior: su realidad, sus circunstancias personales y vitales, su sensibilidad ante las necesidades, su saberse instrumento, su seguridad en sí mismos…

En este sentido es necesario identificar a esos matrimonios, animarles, acompañarles, ayudarles a conocerse y a descubrir en sí mismos esa capacidad de ser testimonio, despertando esa actitud de entrega. Es vital el papel de matrimonios líderes que ayuden a otros matrimonios a serlo a través de la experiencia, del testimonio, de la formación y del empuje.

Un matrimonio puede llegar a la periferia, si descubre que es capaz, si sabe escuchar, si hay actitud de entrega, si es cercano, acogedor, si no juzga, si respeta, si se forma. También si se siente acompañado, animado, si no esta solo, si siente que forma parte de un equipo que une sus fuerzas.

Matrimonios en movimiento “es lo que necesitarían nuestras parroquias, especialmente en las zonas urbanas, donde el párroco y sus colaboradores clérigos nunca tendrán ni tiempo ni fuerza para llegar a los fieles que, aunque se declaren cristianos, no frecuentan los sacramentos y están privados, o casi privados, del conocimiento de Cristo”, dice Francisco. ¿Cuáles son las experiencias que tienen en este ámbito?

Hay anhelo de respuestas, de caminar juntos, apoyados, de formar parte, de crecer en santidad… pero ha de darse la sintonía, el trabajo en equipo, las sinergias… entre la parroquia, el párroco, y los matrimonios que ayudan. Se trata de trabajar por la Iglesia. El párroco permitiendo la ayuda, confiando; y los matrimonios, poniéndose a su disposición. Hay que remar juntos en una misma entrega.

¿Qué otro aspecto del discurso les hace pensar en su trabajo, en modo de confirmación o de demanda?

Hay dos frases que nos han “tocado” especialmente. Una es: “en el momento en que el misionero llega a un lugar, ya está allí el Espíritu Santo esperándole”. La otra es: “La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”

Hay respuestas que no son fáciles de encontrar en la sociedad actual. Ahí entran las parroquias como espacio que acoge, los “matrimonios en movimiento” como testimonio de vida y el Espíritu Santo como garante.

Foto: iStock Getty Images, CreativaImages, ID 494762352. Licensed for schoenstatt.org

Nuestra presencia que acompaña, activa y discreta, es fundamental allá donde estemos.

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