Publicado el 17. febrero 2019 In JMJ Panamá 2019

Peregrinando a la JMJ en familia

JMJ2019 COSTA RICA Y PANAMÁ, por José A. Martínez y Anelena Hueda •

Este año 2019 sin duda tuvo un inicio muy lleno de bendiciones para la familia de Schoenstatt en Costa Rica, para esta comunidad del movimiento que se congrega alrededor del Santuario Familia de Esperanza buscando siempre hacer vida el lema que encierra el nombre de nuestro santuario… Y fue justamente eso lo que nos ha regalado la Providencia a través de lo vivido durante los encuentros de las juventudes de Schoenstatt, mediante la celebración de HINENI y de IGNIS 2019, una familia con la esperanza renovada, reforzada. Todo ello coronado con la visita del Papa a Panamá a la JMJ, que llenó de gracia a estas tierras centroamericanas, y a aquellos que peregrinamos para encontrarnos con él en las proximidades del canal.—

Semana Previa a la JMJ en Costa Rica

La verdad que como matrimonio no habíamos planeado desplazarnos a Panamá. Nunca nos lo planteamos seriamente a causa de diversas razones… otros compromisos personales, el trabajo, lo que en Costa Rica llamamos la “cuesta de enero” (usualmente es un mes complicado financieramente a causa de los gastos extraordinarios de diciembre), etc.

Nuestro enfoque fue el de colaborar en lo que pudiera necesitar el movimiento en general y el equipo de organizadores para que los encuentros de juventudes previos fueran exitosos, y que los mismos sirvieran para que los jóvenes, padres, hermanas, asesores, misioneros y demás participantes pudieran preparar sus corazones desde nuestro santuario y así llegar encendidos a la jornada. En fin, éramos solo una pequeña pieza más en el engranaje que la familia del movimiento en Costa Rica desarrolló para organizar HINENI e IGNIS, un matrimonio más de los muchos que se ofrecían con alegría y desde el anonimato para hacer alguno de los tantos modestos pero necesarios trabajos requeridos para apoyar las actividades.

Pero como suele suceder en las misiones, donde el “misionero siempre es el primer misionado”, pues resultó inevitable ser presa del contagio de toda esa alegría, ese entusiasmo y esas emociones que surgían de estos encuentros de juventudes que estábamos presenciando como testigos y colaboradores, pero en principio no como participantes directos. Como muchos otros matrimonios, no pudimos resistirnos en dar ese paso que nos llevó a sentirnos copartícipes de todo ese fuego que emanaba de los muchachos, de las misas, de las adoraciones, de los cantos, del santuario. Y fue así como comenzamos a preguntarnos cómo iba a ser el acontecimiento en la JMJ, y a anhelar seguir la senda de estos chicos que iban a peregrinar desde nuestro santuario a Panamá.

Sin embargo, de inmediato comienzan las dudas, “nos tomó tarde para planearlo”, “el trabajo”, “de fijo no habrá cupo ni en los buses ni en los vuelos”, “los hoteles ya deben estar llenos”, “los costos deben ser muy elevados por la cercanía de las fechas” … Entonces nos dijimos uno al otro “mejor desechemos la idea”, pero por esas cosas inexplicables, igualmente decidimos dejar la intención en nuestro Santuario Hogar y ponerlo en oración-.

Al día siguiente nos encontramos con un padre del movimiento previo a una charla de jóvenes profesionales, que muy providencialmente es el mismo curita de Schoenstatt que el Papa Francisco confesó alguna vez que le regaló una imagen de la MTA la cual tiene en su mesita de luz. Venía llegando de Panamá (donde era parte del enlace del Vaticano en la organización de la JMJ), y de inmediato nos alienta a dar el paso, a no perder la oportunidad de asistir al encuentro con el Santo Padre, a arriesgarnos e irnos a última hora puesto que tiene total certeza que no nos arrepentiremos de ello. Nos dice que, si damos nuestro sí, que es seguro que las puertas se abrirán y allá nos veremos. Que iba a rezar por ello…

Y así fue como un día antes del arribo de Francisco a la JMJ, nos terminamos de decidir y comenzamos a buscar la manera de poder llegar a Panamá. Para nuestro asombro, se nos fue dando todo para poder peregrinar a la JMJ en familia (con la excepción de nuestra hija mayor, la cual ya se encontraba en la jornada con su grupo de juventud de Schoenstatt). Sin duda estaba en el querer de Dios, –y pensar que casi ni nos atrevimos a intentarlo por ideas preconcebidas negativas-, nos afirmamos casi al unísono.

JMJ en Panamá

Llegamos a la ciudad canalera llenos de júbilo, pero un poco ansiosos ya que no sabíamos a ciencia cierta como nos iba a ir con el alojamiento, si lograríamos poder asistir a las actividades con el Papa por el tema de las entradas, en fin, con la incertidumbre de hacer un viaje de último momento y con poquísimo planeamiento (prácticamente nulo). Ni siquiera nuestra hija mayor sabía que llegaríamos, puesto que todo se concretó ya ella estando en su campamento de juventud en la JMJ. Eso sí, no podíamos transmitirles esa sensación de zozobra a nuestros chicos, a quienes se les desbordaba la emoción por los poros ya que nunca se imaginaron estar ahí ni siquiera un día antes.

Pero la Madre cuidó perfectamente de nosotros, y esa misma noche pudimos encontrarnos con todos los peregrinos del movimiento en el Festival Mariano que prepararon en la Parroquia de San Francisco de la Caleta. Ese espíritu schoenstattiano de acogernos siempre como hermanos, de inmediato lo sentimos. Fuimos entonces recibidos con brazos abiertos por muchas caras conocidas que se asombraban de vernos por ahí. Nos reencontramos con estimados compañeros de Schoenstatt (tanto ticos como extranjeros), y fuimos conociendo nuevos amigos. Nuestra hija mayor no sabía si era un fantasma o si era su hermanita menor cuando la vio de repente a su lado. Y el curita que nos alentó a no dejar pasar la oportunidad de peregrinar, entre carcajadas y abrazos nos decía en español, pero con acento portugués, “que alegría, la familia alocada se animó a venir”.

El Festival Mariano, espectacularmente musicalizado por el Padre Santi Cacavelos, el Padre Pepo Celis y otros, culminó con el himno de Franz Reinisch cantado a todo pulmón por los muchachos presentes (y algunos que no éramos tan jóvenes pero que nos sentíamos como tales). Fue como el mensaje de envío final que nos regaló nuestro querido cruz negra a través del tiempo y mediante las voces de la juventud, para acudir a encontrarnos con el Santo Padre al día siguiente en el Vía Crucis.

Esa noche fue tan solo el inicio de una aventura única, de un recorrido de varios días donde aquel gozo vivido en HINENI y en IGNIS seguiría incrementándose dentro de todos gracias a la fe que compartimos, y a los mensajes de Francisco que tanto interpelan, pero que también con un lenguaje sencillo y propio de nuestros tiempos dan justo en el blanco -ha sido maravilloso ver a los muchachos captar con total naturalidad este concepto de María como la influencer de Dios-. Donde pudimos respirar aires de regocijo divino, y experimentar ese amor que sólo se siente cuando se le abre el corazón a Cristo, de esa alegría que nada más se irradia y se percibe cuando se camina junto al otro, cuando se da el encuentro entre hermanos.

Finalmente, pues sí, les confesamos que en efecto existieron algunas incomodidades, y uno que otro contratiempo. Pero nada que siquiera le hiciera la más leve sombra a lo que recibimos como familia, a escuchar los alaridos de emoción de nuestra hija de 7 años por tener al Papa pasando a pocos metros de distancia suya mientras la cargábamos sobre nuestros hombros, ver a nuestro hijo de 11 años caminando con su camarada el Padre José Luis mientras recorrían juntos las calles de la ciudad de Panamá con ese sentimiento de ilusión compartida por saber que pronto estarían ante el Santo Padre, por ser testigos de la felicidad que resplandecía en la cara de nuestra hija adolescente y sus amigas del grupo de Aliadas al ser parte de los miles de jóvenes que acudían a encontrarse con su amigo Francisco, por la oportunidad que nos regaló Dios Padre de ver a nuestro querido amigo Luis Fe ser invitado a compartir el escenario del Vicario de Cristo para darle un mensaje a los peregrinos presentes, por el privilegio de poder escuchar de primera mano el mensaje del Pontífice exhortándonos a ser “el ahora de Dios” y “a rezar por él”, por las gracias que ahí se palpaban día a día, por la convivencia y el caminar en compañía de toda una Iglesia joven y dispuesta de la cual ahora nos sentimos más parte que nunca, en fin, por los momentos compartidos que quedarán tatuados en el alma para el resto de nuestras vidas.

Regreso a casa

Y así volvimos a casa unos días después, siendo los mismos de siempre pero también cambiados (aunque suene extraño). Con esperanzas renovadas en un mundo donde las noticias negativas y los ataques a nuestros valores católicos forman parte del menú especial de cada día. Con nuestra confianza en la providencia divina fortalecida ya que sin duda partimos hacia Panamá a último minuto tomando ciertos riesgos en ello. Y con el reto de aprender algo de portugués en los próximos 3 años, albergando el anhelo de reencontrarnos con el curita que nos dio el impulso, y poder saludarlo en Lisboa esta vez en su idioma.

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1 Responses

  1. Familia Martínez Hueda bienvenidos sean a mi Lisboa del alma. Os esperaré para ese encuentro con el Papa. Seguro que os va a gostar Lisboa y los portugueses.

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