Canadá

Publicado el 2022-08-07 In Dilexit ecclesiam

Schoenstatt Canadá, Caminando Juntos en el proceso de reconciliación

CANADÁ, Guillermo Fiebelkorn y Mónica Vega •

Antes de comenzar mi crónica, quiero reconocer que escribo estas líneas desde donde me asenté con mi familia desde hace ya unos cuantos años: los territorios tradicionales de la región del Tratado 7 en el sur de Alberta, en Canadá, la cual incluye la Confederación Blackfoot, como así también Tsuut’ina, y Stoney Nakoda. La ciudad de Calgary es, además, hogar para la Nación Metis de Alberta Región 3. —

Este simple acto de reconocimiento territorial lleva implícito el pedido de disculpas por todos los errores cometidos y la horrenda discriminación sufrida por los pueblos indígenas, Metis e Inuit en esta vasta porción de nuestro planeta que hoy conocemos como Canadá.

Los obispos canadienses ya habían pedido perdón en varias oportunidades antes de que el Papa Francisco recibiera a varias delegaciones indígenas canadienses en Roma y escuchara las historias de sobrevivientes de las así llamadas “escuelas residenciales”, algunas de las cuales fueran administradas por la Iglesia Católica y financiadas por el gobierno canadiense entre 1870 y 1997. Luego de escuchar detenidamente los relatos de los representantes que asistieran en aquella oportunidad, Francisco habló de “la verdad, la justicia y la sanación” y según la presidenta del Consejo Nacional Metis en Canadá “lo tomó como un compromiso personal”. La visita del Papa durante la semana pasada (24.-30. 07.2022) no debiera removerse de este contexto de profundo dolor y remordimiento si queremos ser fieles al espíritu que la motivó.

Los daños infringidos en el pasado que aun impactan en las comunidades indígenas

Con el ánimo de echar un poco más de luz a este contexto de la visita papal, creo necesario explicar que dichas “escuelas residenciales” no solo tenían el objetivo nominal de educar a los niños indígenas, sino también el dañino objetivo de indoctrinarlos en modos de vida eurocéntricos y cristianos, y de asimilarlos a la sociedad canadiense blanca.

Este sistema forzó la separación de los niños de sus familias por largos períodos de tiempo, prohibiendo sus expresiones culturales o incluso que hablaran sus propias lenguas. Los niños eran severamente castigados si osaban romper alguna de las estrictas reglas que regían en estas instituciones. Sobrevivientes han descripto los horribles abusos físicos, sexuales, emocionales y psicológicos sufridos a manos del personal que manejaba las escuelas incluyendo, sacerdotes, religiosas y laicos. Este sistema socavó las culturas indígenas y perturbó a las familias, generando daños multigeneracionales y haciendo que los niños crecieran sin experimentar una familia que los cuidara.

Los efectos del sistema de escuelas residenciales tienen aún un gran impacto en las comunidades indígenas y es considerado como una forma de genocidio, atento que intencionalmente el gobierno y la iglesia procuraban eliminar todos los aspectos de las culturas indígenas. Desde los años ’90, tanto el gobierno como las iglesias involucradas, comenzaron a reconocer su responsabilidad en este sistema que estaba orientado a “matar al indio que habitaba en los niños”.

El papa Francisco vino a pedir perdón

De modo que cuando el Papa Francisco llegó a tierra canadiense, no todo era dicha y alegría. Si Francisco venía a pedir perdón, también nosotros teníamos que pedir perdón y estar dispuestos a colaborar en un largo y difícil trabajo de reconciliación. Antes y durante la misa en Edmonton, tuvimos la oportunidad de hablar con hermanos indígenas quienes llevaban sobre sus pechos fotos de seres queridos que perecieran en las escuelas residenciales. Hacia ellos iba dirigido el pedido de disculpas incondicional del Papa en nombre de toda la iglesia, y eran ellos el motivo de la visita papal.

Nuestra asistencia a la misa fue motivada, como la de tantos, por un anhelo de ser parte del proceso de reconciliación. Hace ya más de un año que alentamos a los misioneros de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina de Schoenstatt para que agreguen una cinta naranja a sus “peregrinas” como símbolo de reconocimiento de que “cada niño importa” (“every child matters”).

A ejemplo de la Mater, salir al encuentro y construir familia

En ese espíritu la Mater estuvo allí, y tanto Mónica y yo, como otros miembros del Consejo de Schoenstatt Canadá asistimos a eventos de esta visita papal. En ese espíritu es que el Consejo decidió impulsar una corriente de coronación de la Mater como Reina de la Reconciliación, alentando a todos los miembros de nuestra familia canadiense a dar lo mejor de sí en este proceso, para que nuestras vidas sean piedras vivas en la corona de nuestra Reina.

Esto requerirá de trabajo espiritual, como también material que las distintas comunidades tendrán oportunidad de elaborar. Nos queda claro que, si queremos seguir el ejemplo de nuestra Mater, no debemos quedarnos quietos, tenemos que salir al encuentro y construir familia. Son los dones que recibimos en Schoenstatt y sabemos que “dones son tareas”.

Caminando Juntos – Walking Together – Marcher Ensemble

En la misa en el estadio en Edmonton no hubo estandartes ni banderas, hubiera sido una frivolidad. No éramos nosotros los protagonistas sino nuestros hermanos indígenas. La Mater se dejó ver en la transmisión internacional de la misa y creemos que ella tiene un rol importante en este proceso porque es en su presencia que se facilita la reconciliación y se cultiva el verdadero espíritu de hermandad que nos habla de una nueva evangelización, basada en el amor al prójimo y no en la supresión de las culturas o la asimilación a la “cultura dominante”.

Todos los textos, fotos y videos oficiales del viaje del Papa Francisco a Canadá

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