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Publicado el 2022-07-12 In Dilexit ecclesiam, Temas - Opiniones

¿Qué necesita la Iglesia de nosotros?

Guillermo Parra, Chile •

Me llegó copia de esta carta de Guillermo Parra en la que le contesta a un hermano en la alianza sobre el “4° hito” – así llaman en los círculos internos de Schoenstatt a los eventos en el año 1965, con el retorno del P. Kentenich a Roma y Schoenstatt, después de su “exilio” en Milwaukee, su encuentro con Pablo VI y la promesa de asumir la misión posconciliar de la Iglesia y aportar a su realización – y su proyección hacia el futuro. “Me pareció muy interesante y le pregunté si se podía publicar en Schoenstatt.org y me dijo que con todo gusto. A mí me parece un aporte”, escribe José María Fuentes, de la Federación de Hombres de Chile. —

Querido hermano:  No puedo dejar de estar impresionado de tu persistencia en tratar de mover y poner de relieve aquello que no parece preocupar a los niveles dirigentes de Schoenstatt, mucho menos a sus miembros de a pie:

  • El 4° Hito (retorno del P. Kentenich a Roma y Schoenstatt, en el contexto del II Concilio Vaticano)
  • la Confederación Apostólica Universal (idea y meta de san Vicente Pallotti y de los palotinos, asumida por el P. Kentenich en 1916 como parte de la meta de Schoenstatt)
  • la inserción en la Iglesia (aunque Schoenstatt por supuesto es parte de la Iglesia, es Iglesia, así más bien se trata del servicio de Schoenstatt en la Iglesia y desde la Iglesia)
  • el compromiso del padre Kentenich con Paulo VI de aportar activa y conscientemente en la realización de la misión posconciliar de la Iglesia en todos sus ámbitos: liturgia (SS), Iglesia peregrina y como pueblo de Dios, justicia y paz, comunicación, sociedad, pastoral, ecumenismo, libertad de religión, etc., expresada en sus constituciones y declaraciones como Lumen Gentium, Sacrosanctum Concilium, Gaudium et Spes, Dignitas Humanae, Intermirifica etc.)

Son temas que más de una vez hemos compartido, pero sin duda todos hemos estado preocupados, y a veces ocupados, de la situación interna de Schoenstatt y su interacción con el mundo social y eclesial actual, temas que los hemos vistos más bien como hechos históricos, lejanos y alejados de la palpitante realidad de la vida y las problemáticas actuales de Schoenstatt y la Iglesia…

…sin embargo, pienso que tu insistencia debe tener algún sentido, y eso me lleva a pensar que hay algo importante en este tema de la relación Schoenstatt – Iglesia que no hay que dejar de lado, sino que, por lo contrario, habría que ponerle atención.

Actualizar el tema del servicio de Schoenstatt en la Iglesia

Para ello, en mi modesta manera de pensar, antes que nada hay que quitarle al tema su sesgo histórico y transformarlo en una problemática actual, es decir, actualizarlo, traerlo al presente, hacerlo conversar con la realidad actual del mundo y de la Iglesia y las reales posibilidades de Schoenstatt de hacer un aporte apostólico “hacia la Iglesia” para ayudarla, como decía el fundador, a ser lo que hoy más necesita ser: alma de un mundo renovado, de un nuevo espíritu y un nuevo orden de vida personal y social desde los valores evangélicos. A hacer una “revolución del espíritu” que transforme desde “dentro” las relaciones personales y sociales de nuestros pueblos.

Creo interpretar que esa es, en el fondo, es tu gran preocupación y la compartimos plenamente, porque es una misión de plena actualidad y necesidad. Hoy más que nunca.

¿Qué es lo que la Iglesia, desde una perspectiva apostólica, necesita hoy para esta misión y en lo cual Schoenstatt podría hacer un gran aporte?

Me parece que en nuestra Iglesia (y en Schoenstatt) tenemos claramente dos miradas sobre la realidad actual: una mirada “desde arriba”, desde lo eclesial, especialmente hoy con el iluminado magisterio del Papa Francisco, y desde la cual todo nos parece bien, claro y luminoso; y una mirada “desde abajo” desde lo laical, desde el fragor de la vida misma y desde la cultura que hoy determina el ser y actuar de las personas,  desde la cual vemos que esa luminosidad parece no está iluminando, y lo que es peor, muy pocos la ven congruente y por ende necesaria en sus vidas. Es claro que hay, más allá de nuestro querer, una evidente desconexión entre ambas miradas, que impide su mutua interrelación fecunda para iluminar la modernidad en que estamos situados.

La pregunta que nos podemos hacer entonces es ¿cómo abordar, desde Schoenstatt, este vital desafío en la realidad actual? Creo que, si nos preguntamos, como lo haces tú, por la posibilidad de una eventual Confederación Apostólica Universal (CAU), no parece un buen punto de partida en esos momentos. A mí más bien me parece que las preguntas iniciales podrían ser:

¿Qué es aquello en lo que la Iglesia, desde una perspectiva apostólica frente al mundo actual, está débil y necesita con fuerza hoy para insertarse en una renovación evangelizadora de nuestra cultura moderna interior y exterior, frente a la cual tiene serias dificultades para acceder?

Si aceptamos lo anterior: ¿Tiene Schoenstatt una misión especialísima en este sentido, tanto al interior como al exterior de la Iglesia, demanda por su fundador?

(Lo que tú sostienes, querido hermano, es algo que yo suscribo: que este desafío apostólico intraeclesial no es opcional para Schoenstatt: es intrínseco a su misión y está formalmente comprometido por el fundador ante la Iglesia. Eso es algo que no recordamos frecuentemente).

Si decimos si a lo anterior: ¿Qué es lo que Schoenstatt podría – o debería poder- ofrecer hoy a la Iglesia, desde su propio carisma y realidad, en esa dirección?

Si pudiéramos hacer un proceso deductivo con los elementos que hemos mencionado, que la gran batalla hoy de la Iglesia es poder insertarse e iluminar -con su luz evangélica- la realidad de la vida y la cultura actual y que tiene graves dificultades para afrontarla, y que por otra parte este desafío es el propio de Schoenstatt: dar la batalla por una nueva cultura religiosa-moral-social en nuestro tiempo y el tiempo futuro, exactamente lo que la Iglesia necesita,  tal vez podríamos intentar responder a estas preguntas de una manera no retórica sino práctica, posible y vivible. Y entonces, creo, estaremos acercándonos, haciendo presente -y posible- al “olvidado 4° Hito” que es tu gran preocupación y que yo la comparto.

Espacios para interceptar evangelio y mundo actual

¿Dónde está el nudo del problema? Tenemos algunas pistas entre todas las cosas que hemos intercambiado en estos tiempos pandémicos y agitados al interior de la Iglesia y de Schoenstatt. Por ejemplo, si miramos el mundo “real” no podemos dejar de ver que el problema central de la Iglesia (más allá del tema de los abusos) es su percepción de “enajenidad”, ser ajena, lejana a las necesidades y realidades de las personas que habitan el mundo actual Y hemos visto que como Iglesia (laicos y consagrados) necesitamos comprender más y mejor el mundo social y cultural que se vive y se gesta a nuestro lado, para encontrar en él la voz y la voluntad de Dios que guía la historia, y actuar en consecuencia. Pero el gran problema parece ser la dificultad de encontrar espacios de interceptación fecunda entre la iluminación evangélica y las ideas y las realidades de la vida actual, que dé a luz – que haga nacer- un nuevo espíritu en nuestra forma de ser y vincularnos como personas y sociedad. Y desde allí ser germen (profético) de un Nuevo Orden Social, que es otra forma de decir el Reino de Dios en esta tierra, misión eclesial – laical que es mandato del Vaticano II, magisterio central del Papa Francisco y misión específica de Schoenstatt.

Frente a esto uno podría preguntarse ¿qué espacios tiene la Iglesia, la chilena para no ir más lejos, para interceptarse con la realidad de la vida y la cultura actual y hacer de ello la experiencia vital de abrirse a una comprensión más profunda, real e integral de las personas en su vivir y luchar en este mundo?: ¿las parroquias?, creo que a duras penas se concentran en lo sacramental y el anuncio de la Palabra, ¿el obispado? me parece que aún mantiene su imagen de “palacio” lejano e inaccesible, ¿la Conferencia Episcopal? Lejana y abstracta, ¿los colegios católicos? un gran espacio, pero tengo serias dudas en su capacidad de cambio cultural, ¿las universidades católicas? puede ser, pero para una elite intelectual y su influencia no parece llegar a la vida cotidiana del “pueblo de Dios”.

¿Puede Schoenstatt ofrecer “espacios vinculantes” a la Iglesia?

Y frente a esta realidad, ¿qué es precisamente lo que tiene Schoenstatt para ofrecer a la Iglesia en esta crucial tarea misionera de interceptar Evangelio y mundo, fe y vida actual? Schoenstatt sí tiene algo importante para esta tarea apostólica: tiene un “espacio” para ello, un “espacio exterior” (los santuarios y sus entornos) y un “espacio interior” (sus gracias especiales, sus comunidades, su pedagogía y sus ideas). Un gran “espacio”, diseminado por el mundo como don de Dios para una misión histórica, y que, muchos pensamos no debe reducirse, como es hoy, al ámbito de lo espiritual – pedagógico personal y comunitario familiar. Que está bien, pero como dijo en una ocasión el fundador, es solo la primera parte del programa de la Fundación. Porque si nos atenemos a sus pláticas pre, y especialmente, post Milwaukee, su mirada iba más allá…

Tal vez es el momento de preguntarnos si como Schoenstatt no podemos hacer algo más, si no será el momento de entrar de lleno en esta “batalla” eclesial, si hiciéramos, oficialmente una “alianza de amor y servicio” con su cabeza. Y, como gesto concreto de este espíritu, ¿qué pasaría si el Movimiento Apostólico de Schoenstatt, a nivel global, pusiera, y ofreciera, sus “espacios”, conscientemente, como un propósito misionero asumido oficialmente, al servicio de la Iglesia institucional, asumiendo de esta manera, oficialmente, el “Cuarto Hito”? Por ejemplo, para invitar y unir a las organizaciones apostólicas de los distintos estamentos de Iglesia y movimientos apostólicos a plantearse en común este desafío apostólico.

No sabemos qué pasaría, qué resultante creadora podría surgir, o no surgir, pero si podríamos saber que estamos dando, apostólicamente, lo mejor de nosotros mismos ofreciéndonos conscientemente, y como nuestra común orientación apostólica, desde nuestro carisma y nuestra comunidad, como germen (cada uno en su realidad y todos juntos) de un nuevo espíritu social de una nueva cultura evangelizada. Sería abrir un espacio a una reflexión apostólica en común con el mundo eclesial-laical que genere espíritu de unidad desde el evangelio para comprender mejor, más amplia y profundamente, la cultura actual y así visualizar orientaciones y estrategias apostólicas conjuntas que permitan tener algún grado mayor de significación intraeclesial e incidencia extraeclesial. Podría también nuestra respuesta al espíritu sinodal que Francisco quiere darle a la Iglesia en estos tiempos. ¿O será mucho pedir?

Algo para conversar.

Fraternalmente,

Guillermo Parra S.

Colaboración: José María Fuentes


Foto: Plouha, Francia. Capilla  de Kermaria-an-Iskuit , Joaquin Ossorio-Castillo, iStock Getty Images

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2 Responses

  1. Coincido con la inquietud y pienso muy acertada de Guillermo Parra ,que la CAU es la meta por excelencia donde Schoesntatt debe trabajar en los proximos años y asi completar el rol dado a Schoesntatt por el Padre eterno en el engranaje final de este plan o idea mamut como PK le gustava decir.
    En mi obsevación de laico bautizado, humildemente creo que ,existe un » un tercer circulo» por construir , el que estaria constituido por los» Seglares de la CAU»,los que pertenecerán a diferentes congregaciones y nutrirán con sus carismas»(esta acotación esta debidamente fundamentada teologicamente) ,el primer circulo y segundo circulo de la CAU de acuerdo a la idea base de Vicente Palotti y JK,siendo esta una idea muy compleja ,debo anunciarles con alegria que el dia 12/10/2021 16:00 en Santa Marta esta idea fue presentada a Nuestro querido Papa Francisco ,y el con delicadeza nos dijo que debia ser profundizada por el Discaterio de laicos y Flia x el padre Alexander Melo,es asi que hemos conformados un grupo de laicos que en oracion y estudio nos ponemos en manos del Espiritu Santo ,y con el conocimiento de nuestras Diocesis trabajamos en este sentido,»con una conciencia de Mision» de acuerdo al canon 319 del codigo canonico.

  2. Eduardo Arnouil O. dice:

    El articulo de Guillermo Parra S. nos propone un excelente mapa de ruta. Si tenemos también una brújula podremos crecer en la esperanza de llegar a un puerto bueno. Nos invita a que actualicemos la problemática en la relación de Schoenstatt con la Iglesia, traerla al presente, hacerla conversar con la realidad actual del mundo y de la Iglesia para ofrecer un servicio siendo alma de un mundo renovado.
    Y se pregunta:
    Que tiene Schoenstatt para ofrecer a la Iglesia en esta crucial tarea misionera de interceptar Evangelio y mundo, fe y vida actual?
    Y se responde:
    Schoenstatt tiene un espacio exterior (los santuarios y sus entornos) y un espacio interior (las gracias especiales, sus comunidades, su pedagogía y sus ideas).
    Y nos propone hacer una alianza de amor y servicio con las autoridades eclesiales
    Y también, a nivel global, poner y ofrecer sus espacios con un propósito misionero, asumiendo así oficialmente el Cuarto Hito, invitando a las organizaciones y movimientos a plantearse en común este desafío apostólico.
    “Unidos en la fe, mar adentro”

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