Publicado el 24. noviembre 2019 In Dilexit ecclesiam

Cara a cara con Su Santidad

ITALIA, Federico Bauml •

El martes 12 de noviembre, un grupo de jóvenes de la Parroquia de los Santos Patronos, la «casa» romana de los padres de Schoenstatt, ha podido celebrar la misa junto al Papa Francisco: una experiencia inolvidable.—

 

Una sorpresa inesperada

«Hemos recibido una sorpresa inesperada. El Papa Francisco invita a los jóvenes de la parroquia a celebrar con él la misa del martes 12 de noviembre a las 7:30 hs.”

Comenzaba así el mensaje enviado hace unos días por los padres Andrés Rodríguez y Facundo Bernabei: un mensaje de aquellos inesperados, totalmente increíbles que casi te hacen dudar de que sean ciertos.

En vez, no, era todo verdadero.

Y así, este martes por la mañana, a las 6.15, en una Roma surrealista que comenzaba a despertarse despacio, nos encontramos frente a la Puerta del Santo Oficio, un poco más de 20 chicos entre 15 y 35 años, todavía no del todo conscientes del momento que, poco después, íbamos a vivir.

 

La Misa

Pasado los controles de seguridad, nos acomodamos en la capilla de Santa Marta, esperando que entre el «dueño de casa».

Puntualísimo, el Santo Padre comienza la Misa, que transcurre en la simplicidad de una celebración diaria: casi parece que estamos en nuestra capilla habitual, en la que todos los domingos celebramos juntos la Eucaristía, solo que, a medio metro de nosotros, en lugar de «nuestro» P. Facundo, esta mañana, está el Papa Francisco.

La lectura del Evangelio sobre el «siervo inútil» va acompañada de una homilía cordial y penetrante, sazonada con una advertencia de la cual nadie puede escapar: «Pero, padre, no destruyo a nadie». «¿No? ¿Y los chismes que haces? ¿Cuándo hablas de alguien más? Lo destruyes» […] «La lengua es un arma feroz, mata». «El chisme mata, la calumnia mata». Palabras que permanecen esculpidas, en la mente y en los corazones.

Terminada la celebración, se nos pide que permanezcamos sentados, esperando que el Papa Francisco regrese y, no sin antes haberse recogido en un momento de oración, pueda dedicarnos algunos minutos.

 

En privado con Él

Y llega el momento más esperado: cada uno de nosotros tendrá unos segundos para estar a solas con el Papa.

Está quien elige confiarle su sueño, quien pide una oración por un ser querido, quien trae consigo objetos para ser bendecidos o un pastel preparado con sus propias manos; algunos, los más enérgicos, también logran intercambiar algunas palabras. No faltan los regalos: el cuadro de San Jorge, el calendario de la Juventud Femenina, el símbolo de la Juventud Masculina, la bandera de la Capellanía de la Universidad y, por supuesto, la Virgen Peregrina de Schoenstatt. Regalos llenos de significado, que representan el deseo de traer a nuestros amigos, que no están físicamente presentes, a la reunión.

Lo que más sorprende es la atención que el Papa Francisco dedica a la escucha de nuestras palabras: el vicario de Cristo está allí, frente a nosotros, escuchando lo que estamos diciendo (y que probablemente, dada la emoción, ni siquiera tiene un sentido completo) y está realmente interesado: si no hubiera sucedido realmente, se diría que es un sueño.

Cuando salimos de las oficinas vaticanas, ni siquiera son las 8 de la mañana: hay quienes deben ir a trabajar, algunos a la universidad, otros (un poco menos dispuestos) a la escuela. Pero no antes de haber desayunado (ofrecido por el párroco) y de habernos tomado una hermosa foto, en recuerdo de una jornada que comenzó a las 5 de la mañana y que no olvidaremos jamás.

 

 

Foto: Federico Bauml, Osservatore Romano (licensed for schoenstatt.org)

Original: Italiano. Traducción: Ana Maria Ghiggi, Santa Fe, Argentina

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