Publicado el 2. julio 2018 In Dilexit ecclesiam

“Una experiencia mucho más que coordinar buses”

PARAGUAY, Beatificación de Chiquitunga, Ara Cáceres – Jeja de la Juventud Femenina Universitaria •

Todo empieza en una de las reuniones del CAF (Consejo de Familia) donde surge la idea de contar con buses que salgan del Santuario para participar de la Beatificación de Chiquitunga. La idea de “Schoenstatt para la iglesia” imperaba en nuestros corazones, y las ganas de vivir un pedazo de cielo con la familia nos impulsó a tal iniciativa.  —

Tomamos la posta en la organización la Rama de Madres y la Juventud Femenina Universitaria. ¡Ambas nos llevamos la sorpresa de contar con una gran cantidad de inscriptos y por ende varios buses, para ser exactos siete! La experiencia desde un principio superó toda expectativa a través de situaciones inesperadas.

Al llegar el gran día partimos del Santuario a las 13.30 hs aproximadamente. Cada bus tenía un encargado que les proporcionaba agua y galletitas a sus pasajeros para aguantar la jornada.

Fue ahí cuando empezaron los constantes cambios de planes.

La aventura empieza cuando no pudimos llegar al lugar de encuentro  (Iglesia perpetuo Socorro),  con la gente que iba en los buses y la gente que iba con su móvil propio. Las calles estaban completamente colapsadas. Fue ahí cuando empezaron los constantes cambios de planes.  Tuvimos que descender de los buses en un sitio un poco más alejado, y encontrarnos con el resto de la Familia en una zona más cercana al estadio donde sería la ceremonia de Beatificación.

Llegamos a nuestro punto de encuentro y la alegría ya se empezaba a sentir al ver banderas Schoenstattianas y los banderines de la Mater en la espera para ingresar todos juntos como Familia. Caminamos hasta el portón, encontramos una fila kilométrica, con miles de personas, y escuchamos rumores de que ese sector ya estaba lleno, y de que no habría posibilidad que ingresemos mirando desde el punto de vista humano. Intentamos bastante, rezamos y batallamos para entrar pero parecía no haber caso. Ya surgió la idea de resignarnos y acercarnos hasta donde estaba ubicada una pantalla gigante que se estaba instalando para transmitir la ceremonia. Al movilizarnos hacia esa zona, ocurre algo inesperado. Ella, la Mater, nuestra Aliada fiel, es la que abre caminos; y en este caso portones. Se abre el portón de la gradería Sur, sector cuya habilitación no se encontraba planificado, pero que la organización tuvo que hacerlo sobre la marcha debido a la cantidad de gente que presionaba por ingresar al estadio.

Sentirse iglesia

Entramos como si fuese la oportunidad de nuestras vidas, fue un mar de gente empujándose por conseguir un rinconcito de ese sector y disfrutar de la ceremonia.

Esa tarde comprobamos una vez más que el pueblo paraguayo es eminentemente católico y todos como iglesia nos unimos a celebrar el regalo de la Beatificación de nuestra querida y admirable Chiquitunga.

Logramos entrar, logramos algo que parecía imposible por un instante. Al estar ahí solo quedaba disfrutar del coro que cantó de forma espectacular; del retablo que es una verdadera obra de arte, de la historia de Chiquitunga que se mostró previa a la ceremonia. De las lecturas, la predica y de la alegría de mirar el estadio lleno festejando una vida, un alma, un corazón, una persona que entregó todo por Jesús, que lo amo hasta las entrañas. De una, me atrevo a decir, verdadera SANTA.

Esta  experiencia fue mucho más que coordinar los buses. Fue experimentar en una tarde que lo que es imposible para hombre resulta posible para Dios y la Mater, que la confianza se codea con el milagro. “Nada sin ti, Nada sin mí.” Todo el esfuerzo valió la pena y la alegría de compartir semejante fiesta en familia no tiene precio. “Todo  por Schoenstatt. Schoenstatt para la Iglesia. La iglesia para la Stma Trinidad”: vivimos las palabras del P. Kentenich.

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