Publicado el 3. agosto 2016 In Alianza solidaria con Francisco, Dilexit ecclesiam

Dios de misericordia y Padre de todos, despiértanos del sopor de la indiferencia…

ALEMANIA, por Maria Fischer •

«Tuve hambre y me disteis de comer,
tuve sed y me disteis de beber,
fui forastero y me hospedasteis,
estuve desnudo y me vestisteis,
enfermo y me visitasteis,
en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Estas palabras de Jesús responden a la pregunta que a menudo resuena en nuestra mente y en nuestro corazón: “¿Dónde está Dios?”. ¿Dónde está Dios, si en el mundo existe el mal, si hay gente que pasa hambre o sed, que no tienen hogar, que huyen, que buscan refugio? ¿Dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren a causa de la violencia, el terrorismo, las guerras? ¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿O cuando los niños son explotados, humillados, y también sufren graves patologías? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida? Hay preguntas para las que no existe una respuesta humana. Sólo podemos mirar a Jesús, y preguntarle a Él. Y la respuesta de Jesús es: “Dios está en ellos”, Jesús está en ellos, sufre en ellos, profundamente identificado con cada uno. Él está tan unido a ellos, que forma casi “un solo cuerpo”.

Hace pocos días, durante la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, el Papa Francisco dijo, quizás, algunas de sus palabras más desafiantes y valientes. Ante la pregunta por el dolor en el mundo, respondió con la pregunta de Jesús: ¿Y qué habéis hecho vosotros por mí?

Como parte de su trabajo en el tema de refugiados y migrantes, la Conferencia Episcopal Alemana ha emprendido recientemente una hermosa iniciativa que nos brinda a todos -todos los cristianos, todas las parroquias, todos los santuarios- la posibilidad de responder a esta pregunta con un: “Yo he orado por las víctimas de persecución y migración”.

La Conferencia Episcopal Alemana publicó una hoja con la oración del Papa Francisco por las víctimas de las migraciones, oración que él mismo pronunció durante su visita a la isla griega de Lesbos el 16 de abril del 2016. Una parte de la oración dice: «Ilumina a todos, a las naciones, comunidades y a cada uno de nosotros, para que reconozcamos como nuestros hermanos y hermanas a quienes llegan a nuestras costas». El texto se complementa con la imagen de un barco de madera vacío junto a chalecos salvavidas desechados a la orilla del mar.

Una tarjeta como ésta en todos los santuarios del mundo… podría cambiar algo. Podría, al menos, despertarnos de la indiferencia.

En alemán, se puede descargar la hoja con la oración, del sitio web de la Conferencia Episcopal Alemana www.dbk.de en la rúbrica de “Veröffentlichungen” (publicaciones). 

Original: alemán. Traducción: Gilka Aranibar, Hannover, Alemania/ce.

Oración del Papa Francisco por las víctimas de las migraciones

Isla de Lesbos, 16 de abril del 2016.

Dios de Misericordia,
te pedimos por todos los hombres, mujeres y niños
que han muerto después de haber dejado su tierra,
buscando una vida mejor.
Aunque muchas de sus tumbas no tienen nombre,
para ti cada uno es conocido, amado y predilecto.
Que jamás los olvidemos,
sino que honremos su sacrificio con obras más que con palabras.

Te confiamos a quienes han realizado este viaje,
afrontando el miedo, la incertidumbre y la humillación,
para alcanzar un lugar de seguridad y de esperanza.
Así como tú no abandonaste a tu Hijo
cuando José y María lo llevaron a un lugar seguro,
muéstrate cercano a estos hijos tuyos
a través de nuestra ternura y protección.
Haz que, con nuestra atención hacia ellos,
promovamos un mundo en el que nadie se vea forzado a dejar su propia casa
y todos puedan vivir en libertad, dignidad y paz.

Dios de misericordia y Padre de todos,
despiértanos del sopor de la indiferencia,
abre nuestros ojos a sus sufrimientos
y líbranos de la insensibilidad, fruto del bienestar mundano
y del encerrarnos en nosotros mismos.
Ilumina a todos, a las naciones, comunidades y a cada uno de nosotros,
para que reconozcamos como nuestros hermanos y hermanas
a quienes llegan a nuestras costas.
Ayúdanos a compartir con ellos las bendiciones
que hemos recibido de tus manos y a reconocer que juntos,
como una única familia humana,
somos todos emigrantes, viajeros de esperanza hacia ti,
que eres nuestra verdadera casa,
allí donde toda lágrima será enjugada,
donde estaremos en la paz y seguros en tu abrazo.

 

Fuente: vatican.va

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