Publicado el 22. marzo 2015 In Dilexit ecclesiam

Mons. Robert Zollitsch: Visión y puesta en marcha – la Iglesia en camino hacia el futuro (III)

por:  Redacción schoenstatt.org

«El Papa mira hacia adelante y exige que la Iglesia se ponga en marcha, porque la Palabra de Dios ‘quiere provocar este permanente dinamismo de salida’” (EG 20). Quien sólo desea mirar hacia atrás y preservar, pierde el futuro. Por eso, el Papa exige pasar “de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”. Mons. Robert Zollitsch, Arzobispo emérito de Friburgo, y hasta 2013 Presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, tomó «Evangelii Gaudium» como hilo conductor para una conferencia que dio con motivo del centenario de Schoenstatt, en cooperación con la Domschule de Würzburg, el 19 de noviembre de 2014. En ella, habló sobre la visión de la Iglesia regalada y entregada a Schoenstatt, mostrándola como «una visión de la Iglesia sobre el fundamento de la imagen de Iglesia del Concilio Vaticano II y sobre el trasfondo de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”. Schoenstatt.org se alegra de poder ofrecer esta conferencia a toda la Familia de Schoenstatt, publicándola en las próximas semanas capítulo por capítulo. Esta semana, publicamos el capitulo III: Iglesia constituida para servir.

 

III.

Iglesia constituida para servir

Un periodista norteamericano que observaba cómo la Madre Teresa de Calcuta cuidaba a los enfermos y moribundos, le dijo: ¡Ni por cien millones de dólares haría eso! A lo que la Madre Teresa respondió: ¡Yo tampoco! Uno no hace algo así por dinero. El amor, el amor al prójimo sí lo hace. Espontáneamente notamos cómo detrás de tal proceder se descubre una dimensión que puede cambiar a este mundo. Nuestra sociedad busca con razón figuras que, como San Martín, comparta su manto con el mendigo que pasa frío. Y año tras año, las procesiones de San Martín llevan su mensaje a los corazones de niños y adultos. Figuras como Elizabeth de Turingia dejan en claro que la Iglesia está para servir a las personas, según el ejemplo y siguiendo a Jesucristo, que “no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45) El camino de renovación de la Iglesia hacia una mayor credibilidad externa y hacia una creciente confianza interna, pasa por una visión y una experiencia de una Iglesia servidora. Esta visión es capaz de aproximarse a los corazones y encenderlos. Sin duda que muchos fieles cristianos prestan innumerables servicios en nuestra sociedad. Esto también debe ser dicho. (Cf. Mt 5,16) Es importante eso sí hacerlo con “humilde conciencia de sí mismo”. Sabemos que una fe sostenida por el amor y que brilla hacia afuera, logra conmover a las personas y convencerlas. Una Iglesia así, humildemente servicial, y que al hacerlo se olvida de sí misma (por lo menos de vez en cuando), señala hacia el futuro.

Nuestra fe está viva si nos une a Dios y “procede del amor”[1] y “actúa por la caridad” (Gal 5,6), es decir, una fe que está dispuesta a servir. Así respondemos a Dios que nos ama (EG 37) y así nos esforzamos por actuar como Él, que es un Dios con nosotros y para nosotros; que nos manifiesta su misericordia y nos hace experimentar su amor y preocupación por nosotros. Esta respuesta da un sentido a nuestra vida y también nos permite alcanzar la meta de nuestra vida, ya que “pasamos de la muerte a la vida”, dice el apóstol San Juan, “porque amamos a los hermanos” (1 Jn 3,14). Amor fraterno, amor al prójimo como camino de la muerte a la vida. Esto sorprende y nos lleva al centro de nuestra fe. Es, sin duda también, el camino de la Iglesia hacia la vida nueva.

A la luz de esta perspectiva comprendemos nuevamente cuán central es para la Iglesia la afirmación de María sobre sí misma: “He aquí la esclava del Señor” (Lc 1,38) María sirve a su Hijo y pasa por completo a segundo plano detrás de Él. Se preocupa por los anfitriones de la boda de Caná, para ayudarlos a salir del apuro. Lo hace incluso cuando aparentemente es rechazada su petición. Está bajo la cruz. Está totalmente “para”: para su Hijo, para Juan, para la Iglesia. Está allí por nosotros, seres humanos, como nuestra madre, como nuestra intercesora, como nuestra educadora y acompañante, como nuestra auxiliadora en todas las situaciones. (cf. EG 286)

El Papa Francisco señala que Cristo, “en la hora suprema de la nueva creación, nos lleva a María,… porque no quiere que caminemos sin una madre”. (EG 285) A juzgar por el tenor de sus declaraciones, pareciera ser que el Papa echa un poco de menos lo mariano en la Iglesia, en el sentido de lo materno. En nuestra Iglesia católica tenemos una estructura clara y una jerarquía firmemente localizada. Esto es un regalo y está bien que sea así. Sin embargo, también forma parte de nuestra naturaleza humana que el poder – a menudo mal entendido – se concentre cada vez más y tienda a controlar, justamente debido a una conciencia de responsabilidad. Un cargo que está ahí para servir, no puede acumular y concentrar poder. Dicho cargo tiene sentido si regala confianza, en lugar de vigilar y controlar. Un cargo que vive de la confianza y regala confianza hace participar e incorpora a muchos. Como le interesa despertar la corresponsabilidad y estar al servicio de ella, es decir, porque quiere apoyar esta corresponsabilidad, la autoridad es fecunda al dividir el trabajo y al ejercer la responsabilidad subsidiaria. Una autoridad que desea estar al servicio de las personas, mira ante todo la vida y las necesidades de dichas personas.

Estoy agradecido porque el Papa Francisco, mediante la consulta que realizó en toda la Iglesia, antes del reciente Sínodo de Obispos, quiso tomar conocimiento de la realidad y quiso escuchar a los creyentes, con sus necesidades y preocupaciones, y también con sus expectativas y esperanzas. Esto fue un paso en la dirección de “Iglesia a la escucha”. Más aún le agradezco por haber exhortado a los participantes del Sínodo a hablar libremente y a escucharse unos a otros. En esto él mismo dio el ejemplo como oyente en el Sínodo.

Éste es también el sentido del proceso de diálogo y de discusión que impulsé en nuestra Iglesia católica alemana. Queremos escuchar y acoger lo que nos mueve, lo que nos preocupa y también las perspectivas que vemos. Al escucharnos mutuamente y al escuchar como comunidad a Dios, queremos que Él nos muestre el camino y nos conduzca por él. Al escucharnos unos a otros descubrimos y damos nueva vida a la dimensión comunional y colegiada, sinodal y participativa de nuestra Iglesia. El Papa Francisco nos anima a ello y nos precede.

[1] EG 27 con referencia a Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q. 108,a.1
Original: alemán. Traducción: Ventura Torres, Santiago, Chile

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