Sínodo Madrid

Publicado el 2022-03-10 In Iglesia - Francisco - Movimientos, Sinodalidad

Hablen con libertad, digan lo que piensan

ESPAÑA, Javier Nieves • 

Mi nombre es Javier, soy periodista y locutor de radio y también miembro del Instituto de Familias de Schoenstatt. Hace unos días recibí una llamada que no era habitual. Se trataba del responsable de relaciones institucionales del Arzobispado de Madrid: “Buenas tardes, mi nombre es Andrés Ramos y le llamo de parte del Cardenal Carlos Osoro”. No es una llamada habitual, desde luego que no. “Buenas tardes, y ¿qué necesita de mi?”. —

Don Andrés me explicó que el cardenal estaba reuniéndose con distintos sectores de la sociedad y que quería reunir en los próximos días a un grupo relacionado con la cultura y las artes. Lo primero que pensé es que, por mi trabajo, ya que tengo algunos contactos en ese sector, necesitaba ayuda para tener algunos teléfonos: -Bien, ¿qué necesita?, ¿algunos teléfonos? Bueno, respondió, no me vendrían mal, pero quería trasladarte la invitación para que asistas al encuentro. Por supuesto, respondí rápidamente, ni siquiera pregunté que otras personas asistían.

Algunos de ellos me mostraron su sorpresa por el encuentro

El cardenal nos recibió en el arzobispado de Madrid el pasado lunes 7 de marzo a las 17:00 horas. Llegué de los primeros y me encontré con una famosa presentadora de televisión, a la que ya conocía, y con un conocido director de cine, al que también tenía el gusto de conocer. Siguieron llegando a la cita más invitados: dos cantantes muy conocidos, una instagramer, un torero, un medallista olímpico, un escultor, un poeta, un bailarín de danza, una medallista paralímpica, un actor, un responsable del Teatro Real, del museo Reina Sofía, un productor cinematográfico. Todos muy conocidos, todos muy populares y reconocidos en su terreno. Algunos de ellos me mostraron su sorpresa por el encuentro y hacían conjeturas intentando adivinar cual era el motivo por el que estaban invitados ellos a la cita y no otras personas más creyentes.

Un diálogo abierto con todos los sectores de la sociedad

El diálogo que duró más de dos horas lo inició con una breve introducción el Cardenal, explicó que en este tiempo de sínodo el Papa pidió a los responsables apostólicos establecer un diálogo abierto con todos los sectores de la sociedad. Don Carlos tuvo la idea de realizar estas reuniones y se lo transmitió al Papa, que le animó a que siguiera haciéndolo. Nos contó que esta misma reunión la había mantenido ya con responsables políticos de todas las ideologías, fueran o no creyentes, con los sindicatos, empresarios, profesores universitarios y ahora con el mundo de la cultura y la comunicación. Aún realizará otra más con personas vulnerables que viven en la calle o que tienen una situación complicada.

La misión de crear puentes y derribar muros

La Iglesia, nos dijo, tiene en estos momentos históricos, la misión de crear puentes y derribar muros, a través de mensajes claros y buenas acciones. Comentó que de las crisis se sale mediante tres principales caminos: el diálogo compartido. el trabajo en proyectos comunes y la salida de los conflictos de manera constructiva. Por todo ello, quería ponerse a la escucha poniendo en medio de todos la siguiente pregunta: Vosotros gente del mundo de la cultura y la comunicación, ¿qué quisierais pedir a la Iglesia en estos momentos históricos?

A veces se sentían más juzgados que escuchados

Los asistentes comenzaron a tomar la palabra de manera ordenada. Todos ellos agradecían la invitación y justificaban su fe. Al escuchar esto, el cardenal insistió una vez más: hablen con libertad, nadie viene a juzgarles, vengo a escuchar, hablen con libertad, digan lo que piensan. Pronto comenzó un intercambio precioso donde, por orden, los asistentes hablaban de su fe y de cómo algunos de ellos la habían perdido, cual fue el motivo por el que se apartaron de la Iglesia. Algunos de ellos afirmaron que se habían sentido juzgados por su orientación sexual, otros que el divorcio y un posterior matrimonio civil no les permitía comulgar y que no se sentían capaces de pedir la nulidad porque eso supondría hablar mal de su anterior pareja y no querían hacerlo. Los temas que salieron fueron muy variados: el matrimonio homosexual, el acceso de las mujeres al sacerdocio, la rigidez de las ceremonias, la ostentación de riqueza de la Iglesia en algunas catedrales. La mayoría se declaraban agnósticos o creyentes no practicantes y expresaban su deseo de que a menudo ante la Iglesia, tanto jerárquica como del pueblo cristiano, se sentían más juzgados que escuchados, y solicitaban una mayor apertura a su condición o situación personal.

Jesús había venido para estar con todo el mundo

Ante todo, esto el cardenal mantenía una posición, no solo de escucha, sino de acogida. Me resultó impactante ver como todo el mundo se abría y mostraba algo tan profundo como su vida de fe ante los demás con el anhelo de quien busca, o ha buscado a Dios en algún momento de su vida. El cardenal les recordaba que Jesús había venido para estar con todo el mundo, que aceptaba a todo el mundo, fuera cual fuera su condición, su trabajo o su forma de pensar. También salió el tema de los abusos a menores y ahí el cardenal se mostró contundente, afirmando que dentro de la Iglesia no se debe consentir ni un solo caso de abuso, siendo este un tema muy grave, pero que es un problema de la sociedad en su conjunto, no solo de la Iglesia, y que toda la sociedad tiene que hacer lo posible por luchar contra él, como ya estaba haciendo la Iglesia.

La sociedad está asustada y busca respuestas

Yo particularmente quise agradecer la invitación en primer lugar y le trasladé al cardenal mi preocupación por el momento que vivimos: la pandemia nos ha hecho sentir vulnerables, le dije. La ciencia uno de nuestros pilares nos ha demostrado que hay ocasiones en las que tiene que decir NO SE. Se tambalean los cimientos de la democracia liberal y los pilares en los que basamos nuestra convivencia, la amenaza de las tiranías, el choque cultural con el islam, donde la religión no se ha separado del estado, el paso de un estado hegemónico (USA) a otro (China), las nuevas políticas xenófobas, populistas y nacionalistas, la revolución tecnológica, el cambio climático. La sociedad está asustada y busca respuestas, y la Iglesia tiene la obligación de darle al mundo esa respuesta, pues la conoce. Pero debe hacerlo con un lenguaje más claro, más directo. La Iglesia debe aprender a estar en el mundo de hoy.

Otro punto para mi fundamental es la unidad dentro de la Iglesia, mostrarle al mundo como se solucionan los problemas más controvertidos, como el nacionalismo y el independentismo, con diálogo, fraternidad y unidad, no solo de palabra, también con el ejemplo. También le pedí que en este tiempo en el que faltan manos y las vocaciones cada vez son más escasas, le de más protagonismo a los laicos, aún más, porque parece que para todo se tiene que pedir permiso. Finalmente me gustaría, le dije, poner en valor el matrimonio, como una vocación a la santidad igual de válida que la de otras formas de vida consagrada.

Vivimos un momento histórico

El cardenal terminó el encuentro agradeciendo a los presentes su tiempo y su asistencia y haciendo una pequeña reflexión sobre lo que había escuchado: “Una cosa es que le cuenten a uno lo que piensa la sociedad y otra muy distinta escucharlo directamente”.

Después de esta experiencia, no me queda más, que pedir oraciones por este sínodo y por el trabajo que tienen los obispos y el Papa en los próximos años. Sin duda vivimos un momento histórico de una gran trascendencia y la Iglesia debe dar respuesta.

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2 Responses

  1. Miguel Ángel Rubio dice:

    Muchas gracias por compartir tu experiencia en este artículo. Excelente la iniciativa del cardenal. Tomar el pulso directamente a la sociedad. Un encuentro sin apriorismos ni censuras previas. Todos tienen cabida en la Iglesia.

  2. Paz Leiva dice:

    Muchas gracias por tu testimonio, querido Javier. Gracias por asistir a esa reunión y poner tu grano de arena en el trabajo del sínodo. Es lo que hay que hacer, cada uno donde pueda, pero no dejar pasar esta oportunidad histórica de hablar con libertad, decir lo que pensamos y escuchar a los demás. Sobre todo escuchar a los diferentes, a los descartados, a aquellos a los que nadie escucha. No descartemos ninguna invitación a un grupo en el que se vaya a tratar el tema del sínodo.

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