Enrique Shaw

Publicado el 2021-04-24 In Iglesia - Francisco - Movimientos

El Papa declara venerable a Enrique Shaw, apodado “el empresario de Dios”

ARGENTINA, Maria Fischer •

El papa Francisco autorizó este 24 de abril la promulgación del Decreto de la Congregación para las Causas de los Santos que reconoce las virtudes heroicas del Siervo de Dios Enrique Ernesto Shaw, fiel laico, empresario y padre de familia; nacido el 26 de febrero de 1921 en París (Francia) y fallecido en Buenos Aires (Argentina) el 27 de agosto de 1962. Es, posiblemente, el primer empresario camino a la beatificación. —

Enrique Shaw nació el 26 de febrero de 1921, perdió a su madre siendo muy pequeño, en 1925; su padre cumpliendo con el pedido de su esposa, confió la formación de su hijo a un sacerdote.

Fue alumno del Colegio De La Salle e ingresó luego a la Escuela Naval Militar, donde afloró su extraordinario testimonio de fe; mientras surcaba los mares del sur descubrió su compromiso en la labor apostólica. En 1943 se casó con Cecilia Bunge, con quien formó su familia de 9 hijos. En 1945 pidió la baja en la Armada Argentina para responder a su vocación por Dios con una especial misión.

Su corazón lo llevó a querer convertirse en obrero, pero el consejo de un sacerdote le abrió otra perspectiva y decidió llevar el Evangelio al empresariado. Llegó a ser director delegado en Cristalerías Rigolleau S.A. siendo un ejemplo de dirigente de empresa, que se preocupó por cada empleado como si se tratara de un hermano, dando sin medir a todos los que necesitaban algo de él hasta el día de su muerte.

Desde muy joven, Shaw tuvo el propósito de avanzar en el camino de la santidad. Su vida fue testimonio de virtudes cristianas, demostró que es posible conducir con eficacia una empresa aplicando los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Enrique Shaw fue uno de los impulsores de la creación de ACDE, Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa y fue su primer presidente. Esta entidad, en febrero pasado al cumplirse los 100 años del nacimiento de Shaw, publicó un video documental sobre su vida titulado “Enrique Shaw. 100 años de un testimonio transformador“. En la presentación dice: “Toda vida puede ser una historia, pero algunas vidas son historias extraordinarias. Por muchas razones, la de Enrique Shaw es una de ellas”.

También integró el Primer Consejo de Administración de la Universidad Católica Argentina (UCA), trabajó para conformar la Acción Católica Argentina (ACA) y el Movimiento Familiar Cristiano (MFC) y promovió la sanción de la Ley de Asignaciones Familiares. Su vida está repleta de logros y trabajos.

Un modelo en tiempos de pandemia

El anuncio del Vaticano llega en un momento en el que el actuar de Enrique Shaw es más actual que nunca. El periodista Sergio Rubín escribió hace pocos días:

Las recurrentes crisis económicas que sufre el país -y la pandemia sumó la enésima crisis- convirtieron a los empresarios en experimentados pilotos de tormenta que deben tomar decisiones muy difíciles que pueden afectar el destino de sus trabajadores. A veces no les queda otra alternativa que apelar a los despidos. ¿Pero es siempre el último recurso para salvar una empresa luego de que se intentaron todos los caminos posibles?

Enrique Shaw se enfrentó a esta encrucijada hace más de seis décadas estando al frente de Cristalerías Rigolleau y asumió el desafío de procurar preservar las fuentes de trabajo no solo por el daño económico que conlleva, sino porque decía que constituye sobre todo un “mal moral” y que tratar de evitarla, además de un imperativo ético, es una exigencia de todo buen cristiano.

En 1959 los vaivenes de la economía provocaron una fuerte caída de las ventas de la empresa y sus accionistas decidieron el despido de 1.200 trabajadores. Pero Shaw consideró que había posibilidades de evitar tan drástica medida. Que se podía sortear la crisis preservando las fuentes de trabajo y, de paso, conservar a un personal que juzgaba muy capacitado.

Entonces elevó al directorio un plan de contingencia –acompañado de una entusiasta defensa- que fue aprobado, aunque con condiciones: fijó un monto que la empresa estaba dispuesta a perder en el intento y un plazo de unos meses para lograrlo. Enrique –que por entonces transitaba los 38 años, estaba casado y tenía nueve pequeños hijos- era consciente de que iniciaba una arriesgada carrera contra el tiempo.

Lo primero que hizo fue redactar una carta al personal con descarnadas afirmaciones acerca de la gravedad de la desocupación, que hoy dejarían anonadado a más de un sindicalista. “Es un mal moral y no solo un mero hecho económico, como sostienen ciertas teorías que no dudarían en sugerir que en determinados casos puede ser una solución útil e incluso conveniente para facilitar la recuperación económica”, comienza diciendo. “Nunca aceptaremos este materialismo que sacrifica a la persona humana por dinero y ganancias”, subraya. Luego, expone con minuciosidad sus consecuencias entre los trabajadores y sus familias y, en ese sentido, destaca que éstas “deben ser consideradas cuidadosamente antes de que se realicen despidos y suspensiones” (…) consigna que “los supervisores y capataces harán un esfuerzo especial para asignar tareas al personal excedente de una manera realmente útil”. Y advierte que “la única defensa real de los intereses de todos es producir a costos que nos permitan competir y vender nuestros productos, manteniendo así la fuente de trabajo”. Aclara que esto “se aplica a las personas que realmente desean trabajar. No hacer nada para evitar que haya personas que roban o ponen obstáculos a todo es disminuir la posibilidad de retener a personas que realmente necesitan trabajar y perseguir el progreso”.

Shaw concluye que la actitud de la empresa “será clara y al mismo tiempo tranquila y no demagógica. No hagamos promesas, ni amenazas –recomienda-, sino un esfuerzo consciente y permanente” para conservar a la mayor cantidad de trabajadores. Lo cierto es que con el tiempo la crisis se superó: mejoró la eficiencia en la producción, se recuperaron las ventas y se optimizaron las cobranzas. Incluso las pérdidas económicas autorizadas por el directorio fueron menores. Entonces, Enrique logró que la diferencia fuese distribuida entre los trabajadores como un premio.


Con material de AICA y www.enriqueshaw.com

Artículo de Elisabetta Piqué en La Nación

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