Rafael Mota Focolare fidelidad dinámica

Publicado el 2021-02-20 In Iglesia - Francisco - Movimientos, Temas - Opiniones

Tres elementos de una fidelidad dinámica, según el Papa Francisco, no solo para los Focolares

P. Rafael Mota, padre de Schoenstatt, Brasil •

 Me gustaría compartir mi intuición sobre el reciente mensaje del Papa Francisco al Movimiento de los Focolares al finalizar su Asamblea general a principios de este mes. —

¿Por qué nos interesa este mensaje?

P. Rafael Mota, día de su ordenación sacerdotal, 24.01.2021

P. Rafael Mota, día de su ordenación sacerdotal, 24.01.2021

Estrictamente hablando, es una reflexión dirigida a los Focolares. Por lo tanto, no podemos simplemente transportarla a nuestra realidad. En la estructura organizativa de la Iglesia, los Focolares y Schoenstatt pertenecen a la misma categoría – movimientos y nuevas comunidades – pero no podemos asumir que las palabras dirigidas a uno se apliquen directamente al otro.

Sin embargo, algo nos une. Guiados por sus fundadores, ambos movimientos surgieron a mediados de siglo XX para regalar al hombre y a la mujer un carisma que los motive a aspirar a la santidad en el mundo moderno. Vínculos, diálogo con la cultura, la familia, la juventud, los profesionales… Y si queremos ser justos, el alcance de los Focolares debería alegrarnos- o impresionar, o desafiar. (Consulte https://www.focolare.org/es para obtener más información)

Ahora, también parece haber una proximidad de contexto con nosotros –  el deseo de volver a visitar la historia con la esperanza de renovación. Esto se debe a que el mensaje de Francisco llega en una ocasión relevante: al final de la Asamblea General de los Focolares, en la que Margaret Karram fue elegida como nueva presidenta del movimiento. Margaret reemplaza a Maria Voce, sucesora de Chiara Lubich, la fundadora – de quien se celebran 101 años de nacimiento y 13 años de partida. Es decir, ellos inician un proceso de refundación, similar al impulso de nuestro 2014…

Con estos elementos, creo que es una buena idea prestar atención a lo que nos transmite el Papa Francisco.

Tres ingredientes para una sola receta

Francisco se refiere a tres temas –

  • El después del fundador
  • La importancia de las crisis y
  • Vivir la espiritualidad con coherencia y realismo

que, en mi opinión, conforman un legítimo caldo nutritivo, comúnmente llamado “fidelidad dinámica” (o creativa, según el título del libro de Jesús Morán, copresidente de los Focolares).

Cualquiera que se acerque a tomar de esta marmita, inmediatamente siente el sabor del Concilio Vaticano II, con sus notas características de ‘volver a las fuentes originales’ y ‘aggiornamento’. Dicho de manera más simple, el mensaje quiere darnos fuerzas para lograr en nuestra propia realidad de movimiento lo que la Iglesia en su conjunto está tratando de hacer. Es más, lo que Dios está tratando de hacer con la Iglesia. Un acento que este pontificado ha promovido desde Evangelii Gaudium.

Francisco quiere despertar un protagonismo maduro e indicar las categorías fundamentales del cambio que ya está en marcha. Solo desde este horizonte podemos ver la importancia que el Papa da en su mensaje a la superación de la autorreferencialidad, la resiliencia como forma de afrontar las crisis como oportunidades y a la sinodalidad.

Rafael Mota Focolare caminar juntos

Dos puntos de comparación

Además de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium antes mencionada, me gustaría recordar aquí el Discurso del Papa Francisco a los participantes en el Capítulo General de la orden de los Agustinos Descalzos (12 de septiembre de 2019). El siguiente extracto es otra exposición sobre la «fidelidad dinámica»:

En esta larga tradición religiosa iniciada por san Agustín, tenéis vuestras raíces los agustinos descalzos, como el prior general acaba de recordar. Os animo a amar y a profundizar siempre de nuevo estas raíces ―ir a las raíces―, buscando sacar de ellas, en la oración y en el discernimiento comunitario, la linfa vital de vuestra presencia en la Iglesia y en el mundo de hoy. Para ser modernas, algunas personas piensan que es necesario desprenderse de las raíces. Y esta es la ruina, porque las raíces, la tradición, son la garantía del futuro. No es un museo, es la verdadera tradición, y las raíces son la tradición que da la savia para que crezca el árbol, que florezca, que dé frutos. Nunca os separéis de las raíces para ser modernos, es un suicidio.

[…]

El Espíritu sopla también en las velas de la Iglesia, el viento de la misión ad gentes, y habéis sabido estar preparados para partir. Vivimos en una época en la que la misión ad gentes se renueva, también a través de una crisis que queremos que sea de crecimiento, de fidelidad al mandato del Señor Resucitado, un mandato que conserva toda su fuerza y relevancia. Yo también me uno a vosotros con emoción al recordar a los misioneros agustinos que dieron su vida por el Evangelio en diferentes partes del mundo. Y veo con alegría que atesoráis estos testimonios del pasado para renovar vuestra disponibilidad para la misión hoy, en las formas que el Concilio Vaticano II y los desafíos actuales nos piden”.

Y si el ejemplo de los Agustinos Descalzos les parece un poco lejano a nuestra conversación, propongo la lectura del Discurso del Papa Francisco a los jóvenes de Chile (17 de enero de 2018). Por cierto, estuve ahí. Sigue:

[Jóvenes] a ustedes les gustan las aventuras y los desafíos. (…) Es más, se aburren cuando no tienen desafíos que los estimulen. Esto se ve claramente, por ejemplo, cada vez que sucede una catástrofe natural: tienen una capacidad enorme para movilizarse, que habla de la generosidad de sus corazones.

En mi trabajo como obispo, pude descubrir que hay muchas, pero muchas, buenas ideas en los corazones y en las mentes de los jóvenes. Y eso es verdad, ustedes son inquietos, buscadores, idealistas. Son inquietos, buscadores, idealistas. El problema lo tenemos los grandes que cuando escuchamos estos ideales, estas inquietudes de los jóvenes, con cara de sabiondos decimos: “Piensa así porque es joven, ya va a madurar, (…) Pareciera que (…) madurar es aceptar la injusticia, es creer que nada podemos hacer, que todo siempre fue así.

(…) Y teniendo en cuenta toda la realidad de los jóvenes, he querido realizar este año el Sínodo de los Jóvenes y, antes del Sínodo, el Encuentro de jóvenes, encuentro donde ustedes van a ser los protagonistas (…) para escucharlos, para escucharnos directamente, porque es importante que ustedes hablen, que no se dejen callar, (…) que nos ayudemos a que la Iglesia tenga un rostro joven. (…) La Iglesia tiene que tener un rostro joven, real, lleno de vida, no precisamente por maquillarse con cremas rejuvenecedoras, sino porque desde su corazón se deja interpelar. ¡Cuánto necesita la Iglesia y la Iglesia chilena de ustedes, que nos «muevan el piso» y nos ayuden a estar más cerca de Jesús! Las preguntas de ustedes, el querer saber de ustedes, querer ser generosos son exigencias para que estemos más cerca de Jesús. Y todos estamos invitados una y otra vez a estar cerca de Jesús”.

 ¿Qué hacemos con eso?

Aquí me falla la capacidad de encontrar una ruta segura. Más bien, pienso en alternativas osadas, audaces, que involucran riesgos. Y, aun así, es todo lo que puedo y deseo recomendar.

Lo primero, insertarse en las corrientes de Schoenstatt, de la iglesia y del mundo. No queremos partir desde las voces de nuestra cabeza. Es muy importante conocer, ubicar en su contexto, diferenciar de las otras realidades, hacer partícipe a muchas voces y visiones distintas.

Después, alegrarse con lo que existe y colaborar. No se trata de creerse un elegido para solucionar todos los problemas. Este es un camino de humildad y reconocimiento de las proprias debilidades, que nos hacen necesitar de la ayuda ajena. Si no se hace así, el diálogo pierde su sentido, es aplastado – y cuanto más la curiosidad, las ganas, el entusiasmo, la generosidad.

Por último, encontrarse con el Dios que nos habla desde el interior. No podemos esperar que la motivación y la inspiración vengan de fuera, siempre tironeados por los otros. Nuestra fe nos lleva a creer que antes mismo de que emprendamos una buena acción, el Espíritu Santo ya nos ha movido a ella. En palabras de Francisco, Dios nos primerea.

De este modo, les dejo mi bendición y deseo que esta reflexión les ayude a seguir caminando.

Audiencia para Schoenstatt, 25.10.2014

Audiencia para Schoenstatt, 25.10.2014


DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA GENERAL
DEL MOVIMIENTO DE LOS FOCOLARES

Aula Pablo VI
Sábado, 6 de febrero de 2021

 

Eminencia,
queridos hermanos y hermanas:

Me complace recibiros al término de vuestra Asamblea General, en la que habéis debatido temas importantes y elegido a los nuevos responsables. Agradezco a la presidenta saliente, Maria Voce —gracias Maria, ha sido muy buena y muy humana, ¡Gracias!—, y a la recién elegida, Margaret Karram, sus amables palabras y por haber recordado aquella tarde de oración por la unidad y la paz en Tierra Santa con el presidente de Israel y el presidente del Estado de Palestina. Eran tiempos de promesa, pero la promesa siempre está ahí. Es necesario seguir adelante y llevar en nuestros corazones la Tierra Santa, siempre, siempre. Le doy —así como le dije a María— un gran «gracias» y mis mejores deseos que hago extensivos al copresidente y a los consejeros. Me alegro de que estén aquí el cardenal Kevin Farrell y la señora Linda Ghisoni, la subsecretaria. Saludo a los que estáis aquí presentes y a los que están conectados en streaming; y extiendo mi saludo a todos los miembros de la Obra de María, a la que representáis. Para animaros en vuestro camino, me gustaría proponeros algunas reflexiones, que subdivido en tres puntos: el después de la fundadora, la importancia de las crisis, vivir la espiritualidad con coherencia y realismo. Los tres puntos: el después de la fundadora, la importancia de las crisis —¡son tantas!— y vivir la espiritualidad con coherencia y realismo.

El después de la fundadora. Doce años después de la partida de Chiara Lubich al Cielo, estáis llamados a superar el natural desconcierto y también la disminución numérica, para seguir siendo expresión viva del carisma fundacional. Como sabemos, esto requiere una fidelidad dinámica, capaz de interpretar los signos y las necesidades de los tiempos y de responder a las nuevas instancias que la humanidad plantea. Todo carisma es creativo, no es una estatua de museo, no, es creativo. Se trata de permanecer fieles a la fuente original, esforzándose por repensarla y expresarla en diálogo con las nuevas situaciones sociales y culturales. Tiene raíces muy sólidas, pero el árbol crece en diálogo con la realidad. Esta obra de actualización es tanto más fructífera cuanto más se cumple armonizando creatividad, sabiduría y sensibilidad hacia todos y fidelidad a la Iglesia. Vuestra espiritualidad, caracterizada por el diálogo y la apertura a diferentes contextos culturales, sociales y religiosos, ciertamente puede favorecer este proceso. La apertura a los demás, sean quienes sean, debe cultivarse siempre: el Evangelio está destinado a todos, pero no como proselitismo, no. Está destinado a todos, es levadura de humanidad nueva en todo lugar y en todo tiempo.

Esta actitud de apertura y diálogo os ayudará a evitar cualquier autorreferencialidad, que es siempre un pecado, es una tentación la de mirarse al espejo. Es muy feo. Solamente para peinarse por la mañana, y basta. Este evitar cualquier autorreferencialidad que nunca procede del espíritu bueno es lo que deseamos para toda la Iglesia: guardarse del repliegue sobre sí mismos, que siempre lleva a defender la institución en detrimento de las personas, y que también puede llevar a justificar o encubrir formas de abuso. Con tanto dolor, lo hemos vivido, lo hemos descubierto en estos últimos años. La autorreferencialidad impide ver los errores y las carencias, frena el avance, dificulta la verificación abierta de los procedimientos institucionales y los estilos de gobierno. Es mejor, en cambio, ser valientes y afrontar los problemas con parresía y verdad, siguiendo siempre las indicaciones de la Iglesia, que es Madre, es verdadera Madre, y respondiendo a las exigencias de la justicia y la caridad. La autocelebración no hace un buen servicio al carisma. No. Más bien, se trata de acoger cada día con asombro —no olvidar el asombro que indica siempre la presencia de Dios— el don gratuito que habéis recibido al encontrar vuestro ideal de vida y, con la ayuda de Dios, tratar de corresponder a él con fe, humildad y valor, como la Virgen María después de la Anunciación.

El segundo tema que me gustaría proponeros es el de la importancia de las crisis. No se puede vivir sin crisis. Pero las crisis son una bendición, incluso en el ámbito natural —las crisis del niño durante el crecimiento hasta la edad madura son importantes—, también en la vida de las instituciones. Hablé ampliamente de ello en mi reciente discurso ante la Curia Romana. Existe siempre la tentación de transformar la crisis en conflicto. El conflicto es feo, puede volverse feo, puede dividir, pero la crisis es una oportunidad de crecimiento. Toda crisis es una llamada a una nueva madurez; es un tiempo del Espíritu, que suscita la necesidad de actualizarse, sin desanimarse ante la complejidad humana y sus contradicciones. Hoy en día se insiste mucho en la importancia de la resiliencia frente a las dificultades, es decir, la capacidad de afrontarlas positivamente, sacando oportunidades de ellas. Cada crisis es una oportunidad de crecimiento. Es tarea de quienes ocupan cargos de gobierno, a todos los niveles, esforzarse por afrontar, en el mejor modo, el más constructivo, las crisis comunitarias y organizativas; en cambio, las crisis espirituales de las personas, que atañen a la intimidad del individuo y a la esfera de la conciencia, deben afrontarse con prudencia por quienes no ocupan cargos de gobierno, a todos los niveles, dentro del Movimiento. Y esta es una buena regla, de la Iglesia desde siempre —desde los monjes, siempre—, válida no sólo en los momentos de crisis de las personas, sino en general en su acompañamiento en el camino espiritual. Es esa sabia distinción entre foro externo e interno que la experiencia y la tradición de la Iglesia nos enseña que es indispensable. En efecto, la mezcolanza de la esfera del gobierno y la esfera de la conciencia da lugar a abusos de poder y a otros abusos de los que hemos sido testigos cuando se destapó la cacerola de estos horribles problemas.

Por último, el tercer punto: vivir la espiritualidad con coherencia y realismo. La coherencia y el realismo. “Esta persona es autorizada…¿por qué es autorizada? Porque es coherente”. Lo decimos muchas veces. El objetivo último de vuestro carisma coincide con la intención que Jesús presentó al Padre en su última y gran oración: que «todos sean uno» (Jn 17,21), unidos, sabiendo bien que es obra de la gracia del Dios Uno y Trino: «Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que ellos también estén en nosotros» (ibid.). Esta intención requiere un compromiso en una doble perspectiva: fuera del Movimiento y dentro de él.

Por lo que se refiere a actuar fuera, os animo a ser —¡y en esto la Sierva de Dios Chiara Lubich dio tantos ejemplos! — testigos de la cercanía con el amor fraterno que supera toda barrera y alcanza toda condición humana. Superar las barreras, ¡sin miedo! Es el camino de la proximidad fraterna, que transmite la presencia del Resucitado a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, empezando por los pobres, los últimos, los descartados; trabajando junto a las personas de buena voluntad para la promoción de la justicia y la paz. No olvidéis que la cercanía, la proximidad, ha sido el lenguaje más auténtico de Dios. Pensemos en el del Deuteronomio, cuando el Señor dijo: “Pensad: ¿qué pueblo ha tenido a sus dioses tan cerca como me tenéis a mí?”. Ese estilo de Dios de cercanía continuó, continuó, hasta llegar a la gran cercanía, la esencial: el Verbo hecho carne, Dios que se hizo uno con nosotros. No olvidéis que la cercanía es el estilo de Dios, es el lenguaje más auténtico, a mi parecer.

En cuanto al compromiso dentro del Movimiento, os exhorto a promover cada vez más la sinodalidad, para que todos los miembros, como depositarios del mismo carisma, sean corresponsables y partícipes de la vida de la Obra de María y de sus fines específicos. Quien tiene la responsabilidad de gobernar está llamado a favorecer y poner en práctica una consulta transparente no sólo dentro de los órganos directivos, sino a todos los niveles, en virtud de esa lógica de comunión según la cual todos pueden poner al servicio de los demás sus propios dones, sus propias opiniones en la verdad y con libertad.

Queridos hermanos y hermanas, a imitación de Chiara Lubich, escuchad siempre el grito de abandono de Cristo en la cruz, que manifiesta la medida más alta del amor. La gracia que de ella se desprende es capaz de suscitar en nosotros, débiles y pecadores, respuestas generosas y a veces heroicas; es capaz de transformar el sufrimiento e incluso la tragedia en fuente de luz y esperanza para la humanidad. En este pasar de la muerte a la vida está el corazón del cristianismo y también de vuestro carisma. Os agradezco mucho vuestro gozoso testimonio del Evangelio que seguís ofreciendo a la Iglesia y al mundo. Un testimonio gozoso. Se dice que los focolares sonríen siempre ; siempre tienen una sonrisa. Y recuerdo que una vez escuché una charla sobre la ignorancia de Dios. Me dijeron: “¿Sabes que Dios es ignorante? Hay cuatro cosas que Dios no puede saber” — “¿Pero, cuáles son?” — “Qué piensan los jesuitas, cuánto dinero tienen los salesianos, cuántas congregaciones de monjas hay y de qué se ríen los focolares”. Confío vuestras buenas intenciones y proyectos a la maternal intercesión de María Santísima, Madre de la Iglesia y os bendigo de corazón. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí, porque lo necesito. Gracias.

 

 

Audiencia para el Movimiento de Focolare

Audiencia para el Movimiento de Focolare

 

Cuidarnos de cualquier autorreferencialidad y captar en cada crisis una oportunidad para crecer

 

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