Publicado el 2020-05-08 In Iglesia - Francisco - Movimientos, José Kentenich

Dachau – lugar de una “atroz brecha sin precedentes de la civilización”

ALEMANIA, Maria Fischer •

Hasta el día de hoy le resulta “incomprensible, cómo en un país marcadamente cristiano como Alemania, fueron posibles tales crímenes”, dijo el cardenal y arzobispo Reinhard Marx durante su visita a la capilla católica de la Agonía de Cristo, sita en el terreno del monumento conmemorativo del campo de concentración de Dachau, con motivo del 75º aniversario de la liberación del campo y del fin de la guerra. Allí se grabó un cortometraje para la oferta online del arzobispado de Múnich y Freising.—

Del hecho de la comisión de dichos crímenes se deriva “un mandato a nosotros hoy para ser atentos y cuidadosos unos de otros”. Toda vida humana es valiosa, deja Marx claro. “Independientemente de la religión, la confesión o el sexo. ¡Somos una familia humana!”

Según Marx, Dachau se convirtió en lugar de una “atroz brecha sin precedentes de la civilización” durante el régimen del terror de los nacionalsocialistas. Desde el 22 de marzo de 1933 el régimen nacionalsocialista deportó a cerca de 206.000 personas de 34 naciones al campo de concentración de Dachau y a los subcampos erigidos posteriormente. El campo era de los primeros en la Alemania de Hitler y se convirtió en modelo para los posteriores centros del terror de las SS.

A causa de la crisis del coronavirus, el monumento conmemorativo del campo de concentración de Dachau está cerrado y las celebraciones previstas para el 8 de mayo con motivo del 75º aniversario de la liberación del campo y del fin de la guerra sólo tendrán lugar de forma virtual.

 

Lo que unas personas pueden hacer a otras personas

Dachau recuerda lo que unas personas pueden hacer a otras personas. “No tiene sentido engañarse”, dice el padre Kentenich, que estuvo tres años prisionero allí. “La inmensa penuria del campo de concentración era: falta de pan, privación de derechos, desarraigo, ignominia e indefensión.” (P. Kentenich, 1948)

Falta de pan

“Es valioso haber vivido estas cosas durante años, entonces se entiende también hoy en la posguerra al pueblo sencillo que padece penurias semejantes. Entonces hay que decirse: ¿Cómo va a permanecer un pueblo despierto y vivo espiritualmente si no tiene suficiente para comer? ¿Cómo puede un pueblo con estas necesidades vivir con relativa dignidad? A mí no se me ha ahorrado ver permanentemente esta clamorosa necesidad y estos abusos. Ahí un prisionero se derrumba y, en caso de necesidad, no se puede ayudar.” (P. Kentenich, 1948)

La pandemia del coronavirus hace que haya personas que pasan hambre. Ante nuestros ojos. Lo sabemos por los testimonios de Paraguay, de Argentina, de Chile. Podemos verlo. Y en caso de necesidad… sí: podemos ayudar. Y podemos comprender lo que un padre Kentenich comprendió. Antes que la alianza de amor, que la autoeducación y que el santuario, muchas personas necesitan primero sencillamente algo de comer.

Desarraigo

“En el campo las personas se soportaban poco mutuamente, se unían poco mutuamente. En general no había tanta comunidad auténtica como se quisiera. Había un enorme desarraigo. Personas, que por naturaleza no tienen una actitud sobrenatural, ¡cómo van a llevar una vida digna en semejantes cloacas, en semejante infierno, en semejantes situaciones de injusticia clamorosa! La persona debía permanecer lo más bárbara posible. Apenas se veía algo verde en el campo, sólo un par de filas de árboles; no había ninguna flor.” (P. Kentenich, 1948)

Todos estamos juntos en este barco, dijo el Papa Francisco en una plaza de San Pedro tan vacía, pero tan llena de personas durante la bendición extraordinaria Urbi et Orbi. Personas que antes de la pandemia estaban socialmente bien integradas, se convierten en “animales salvajes delante de la estantería del papel higiénico del supermercado”, me cuenta una vendedora de Alemania. Y están los otros. Los que apoyan a otros en medio de esta crisis. Con una llamada telefónica, con una ayuda económica, con una flor para la cajera del supermercado.

Privación de derechos, ignominia e indefensión

“En una ocasión conseguí que tantos y tantos sacerdotes pudieran ser quitados de la lista (para el transporte de la muerte). Los que elaboraban la lista eran prisioneros. Antes de que llegaran a manos de las SS se podían hacer bastantes cambios. Cuando los afectados no aparecían en la lista, la cosa estaba solucionada. Por tanto, se consiguió quitar de la lista a algunos sacerdotes. A mí me hubiera gustado quitar a más, pero no resultó. En la lista había un par de jesuitas. Uno de ellos se había dedicado a escribir, era relativamente mayor, De Kuning, catedrático en Bélgica. Debido a un percance no se pudo quitar su nombre de la lista. Buscaron a “Kuning” y el nombre era “De Kuning”. Así que el nombre siguió en la lista. Todavía hoy veo la imagen cuando reunían a los presos para el transporte. Allí estaban ellos en pie… Son situaciones en las que a uno le asoman las lágrimas. Personalidades fuertes, que habían hecho algo grande en la vida, eran entregados sin compasión a la muerte de la forma más cruel. Cómo se violaba el sentido de la justicia.” (P. Kentenich, 1948)

Personalidades fuertes, que han hecho algo grande en la vida, durante semanas sin visitas en la residencia o en casa. Personalidades fuertes, que han hecho algo grande en la vida, sin trabajo y sin ingresos, porque la empresa ha cerrado o es insolvente. Personalidades fuertes, que han hecho algo grande en la vida, abandonadas ante la muerte, porque ni siquiera se permite a los familiares entrar en el hospital.

La crisis del coronavirus no es Dachau. Pero Dachau y la brecha de la civilización de la que habla el cardenal Marx, puede ser un estímulo y una cuestión de conciencia en medio de la crisis.

 

Original: alemán. Traducción: Rodolfo Monedero, Madrid.

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1 Responses

  1. ¡Felicitaciones, María, por el artículo! Las cinco características con las que el Padre Kentenich describe la penuria del campo de concentración están plenamente vigentes hoy… aunque en algunos lugares de nuestro planeta sea políticamente incorrecto decirlo.
    Nora Pflüger Totti
    La Plata, Argentina

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