Santa Cruz

Publicado el 29. julio 2018 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Vivencias del Quinto Congreso Americano Misionero

BOLIVIA, Raúl Oscar Piedrabuena y Elsa Campos •

Dos familias de la Obra Familiar de Schoenstatt abrieron las puertas de su casa para participantes argentinos en el Quinto Congreso Americano Misionero que se llevó a cabo en Santa Cruz de la Sierra. Como uno de los matrimonios anfitriones son colaboradores de Schoenstatt.org (Alexandra Kempf y Roberto Henestrosa), consiguieron un relato de sus huéspedes.—

Les compartimos un pequeño relato del Quinto Congreso Americano Misionero cuyo lema era “América en Misión, el Evangelio es Alegría”. Somos un matrimonio Servidor del Evangelio: Raúl Oscar Piedrabuena y Elsa Campos unidos en matrimonio 32 años por la gracia del amor de Dios y el sí de nuestra Madre la Virgen del Rosario de San Nicolás.

Nuestra familia nació misionera por haber conocido el amor de Dios y comprender cuánta gente necesita de su compañía y misericordia. Hace 5 años nos enteramos del V CAM en Bolivia y nos hicimos a la ilusión de poder participar. En la Argentina, cada tanto, suelen ser épocas duras para la economía, pero confiados en la providencia divina, todo se  hizo posible. En muchas oportunidades surgieron pruebas como para desistir del viaje pero, a pesar de nubarrones,  Dios dejaba salir su rayo de luz para que todo se solucionara. Tenemos tres hijas: Nahir de 31, Belén de 29 y Rocío de 15 y dos nietas: Safira, de 9 y Miranda, de 3. Todos renunciaron a  algo para  el éxito de nuestro congreso,  pero Dios es generoso, ocupa nuestro lugar y les  devolverá  el ciento por uno en sus vidas.

Una Iglesia viva y pujante

En el Congreso  pudimos encontrar la diversidad de todas las culturas de los pueblos americanos, cada uno compartiendo sus riquezas. Vimos a la Iglesia viva y pujante con ganas de crecer, de mejorar bajo la luz de Cristo. Si bien escuchamos y debatimos muchos conceptos de quiénes somos, cómo somos y cómo cumplimos la misión que Jesús nos dejó, lo más claro que nos queda es que cada uno, desde su lugar, lleva a cabo su misión que es inclusiva y necesita de toda la iglesia y que, además, siendo  misericordiosa y  expresándose con gestos de misericordia, parte desde el encuentro con Jesús y se alimenta en la oración y de la comunión.

Durante el Congreso nos recibió, en la Parroquia de la Santa Cruz, una comunidad muy gentil con sus alegres jóvenes.

Generosidad, calidez y alegría compartidas en familia

Las familias en donde nos alojamos son la prueba de que Dios no se deja ganar en generosidad, porque si antes de llegar nos imaginábamos una familia generosa, hubiéramos sido muy discretos.  Fueron en verdad dos  las familias  que nos integraron a las suyas, pertenecientes, ambas, al movimiento de Schoenstatt: Roberto Henestrosa y Alexandra  junto con sus cuatro hijos, y Juan Pablo Betancourt  y Carolina con sus tres hijos. Con gran generosidad, calidez y alegría, compartimos horas inolvidables por el amor a la Mater y,  su presencia en estas familias, fue sanadora.

Creamos una hermosa comunión y nos llevaron y trajeron a los encuentros tantas veces como fuera necesario, hasta la despedida en el regreso a la Argentina. En Buenos Aires continuamos la misión, “callejeando la fe” por los barrios de Morón. Todo queda en el corazón, donde se acrecienta la fe, en esta Iglesia que nació misionera junto a  la Virgen María, primera misionera y primer sagrario. Nos llevamos del Congreso y de Santa Cruz de la Sierra la certeza de que a Jesús lo compartimos con Alegría, y la fuerza de la Beata Ignacia Nazaria, quien decía: ¡¡Adelante siempre Adelante!!

 

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