Jesús

Publicado el 30. marzo 2018 In Francisco - iniciativas y gestos, Iglesia - Francisco - Movimientos

Jesús se arriesga por cada uno de nosotros

SEMANA SANTA 2018 CON EL PAPA FRANCISCO, Maria Fischer •

Lo hizo cada  Jueves Santo cuando era Arzobispo de Buenos Aires, y continuaba haciéndolo como Papa: Por la cuarta vez en cinco años de pontificado, el Papa Francisco elije una cárcel para realizar el rito del Lavatorio de los pies, en la Misa de la Ultima Cena. Este año 2018 Francisco visitó la cárcel romana “Regina Coeli”, que se encuentra situada al lado de un tramo del río Tíber, y en la homilía les animó a servir a todos, incluso a los malvados y odiosos.—

El Papa Francisco llegó a la prisión de Roma a las 4:00 p.m. (hora local), y tras pasar el control de seguridad y de acceso a la misma, se dirigió a la enfermería, donde saludó a los prisioneros enfermos.

A continuación, celebró la Misa con el rito del lavatorio de pies. Este año, los hombres escogidos provenían de siete países distintos: cuatro italianos, dos filipinos, dos marroquíes, un moldavo, un colombiano, un nigeriano y uno de Sierra Leona. Del grupo, ocho eran católicos, dos musulmanes, uno ortodoxo y otro budista.

El Papa fue recibido con aplausos de los detenidos al comienzo de la celebración, que estuvo animada por un coro.

La celebración se desarrolló en la más estricta intimidad para garantizar la privacidad y la seguridad de las personas, por lo que no se retransmitió en directo.

“El que manda, para ser un buen jefe, sea donde sea, debe servir. Pienso muchas veces… no en este tiempo porque cada uno está vivo y tiene oportunidad de cambiar de vida y no podemos juzgar, pensemos en la historia, si tantos reyes, emperadores, jefes de estado hubiesen entendido esta enseñanza de Jesús en lugar de mandar, ser crueles, asesinar a la gente, si hubiesen hecho esto… ¡cuantas guerras no hubiesen tenido lugar!”.

“También hay gente que sufre, es descartada por la sociedad y Jesús va allí y les dice: ‘tú eres importante para mí, y Jesús viene a servirnos. La señal de que viene a servirnos aquí a la cárcel es que ha querido elegiros a 12 de vosotros como a los 12 apóstoles para lavaros los pies”.

El Papa afirmó que “Jesús se arriesga por cada uno de nosotros. Jesús es Jesús, no se llama Poncio Pilatos. No sabe lavarse las manos, solo sabe arriesgarse”.

“Hoy cuando me incline ante cada uno de vosotros, pensad: ‘Jesús ha arriesgado en este hombre, un pecador, para venir a mí y decirme que me ama’. Este es el servicio, este es Jesús. No nos abandona nunca, no se cansa nunca de perdonarnos. Nos ama tanto”.

Como recuerdo de la visita Francisco regaló el altar sobre el que se celebró la Misa. Se trata de una obra realizada en bronce por el escultor Fiorenzo Bacci, de la localidad italiana de Porcia, en el norte de Italia y que elaboró en ocasión del 50ª aniversario de su matrimonio. El autor había donado al Papa la obra en la Audiencia General del 12 de noviembre de 2016. Muestra a Jesús como el buen Pastor que se “arriesga” para salvar la oveja perdida.

La caricia y cercanía del Papa Francisco con los encarcelados

La caricia y cercanía del Papa Francisco con los encarcelados se nota en esta como en visitas anteriores, como también en visitas a cárceles durante sus viajes apostólicos. ¡Cómo no recordar este abrazo a un joven de la cárcel de menores  en Itapúa en la costanera de Asunción en  su visita a Paraguay en 2015!

Hace pensar también a “nuestros” encarcelados, a los jóvenes en la Cárcel de Menores en Itauguá, cerca del Santuario de Tuparenda. No les visitó el Papa Francisco este Jueves Santo, pero sábado por sábado les visita el equipo de la Pastoral Carcelaria “Visitación de María”, con el Padre Pedro Kühlcke y un grupo de laicos comprometidos hasta el cansancio. Se arriesgan por ellos, en calor sofocante, en sucio, en un ámbito de peligro. En el ámbito del Buen Pastor.

El otro día, el Padre Pedro Kühlcke relató:

Hace un rato me contó Lurdes Rojas que en estos días estuvieron representantes del Mecanismo de Prevención de Tortura, entrevistando a los internos en el CEI (=Cárcel de Menores de Itaugúa). Les sorprendió mucho que acerca del plan de vida, la gran mayoría les dijo que cuando salgan quieren ir directo a Casa Madre de Tuparenda.

Gracias a un equipo guapísimo de Pastoral carcelaria por estar presente cada sábado, y gracias a un grupo maravilloso de gente comprometida con Fundaprova y Casa Madre de Tuparenda. Gracias por regalar una luz de esperanza a muchos jóvenes que siempre fueron marginados y despreciados. Gracias porque a través de ustedes la Mater puede obrar milagros de cobijamiento y transformación súper concretos.

Jesús

El abrazo en la costanera

A continuación la homilía completa del Papa Francisco: 

Jesús termina su discurso diciendo: « Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis». Lavar los pies. Los pies en aquel tiempo eran lavados por los esclavos. Era un trabajo de los esclavos. La gente recorría las calles, no había asfalto, no había  “sampietrini”; en aquel tiempo había polvo en el camino y la gente se ensuciaba los pies. Y en el ingreso de las casas estaban los esclavos que lavaban los pies. Era un trabajo de esclavos pero era un servicio: un servicio hecho por los esclavos. Jesús quiso hacer este servicio para darnos un ejemplo de cómo nosotros tenemos que servirnos los unos a los otros.

Una vez, cuando estaban en camino, dos de los discípulos que querían hacer carrera, pidieron a Jesús ocupar los puestos importantes, uno a su derecha y el otro a la izquierda, (cfr. Mc 10,35-45). Jesús los miró con amor -Jesús siempre miraba con amor – y les dijo: «No saben lo que piden». Los jefes de las naciones – dice Jesús –  “dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad” (v.48) Pensemos, en aquella época de los reyes, emperadores, muchos crueles, que se hacían servir por los esclavos. Entre ustedes – dice Jesús – no debe ser así: el que quiera ser grande, que se haga servidor. El jefe vuestro debe ser vuestro servidor. Jesús revierte la costumbre sólida y cultural de aquella época y también la de hoy. El que manda debe ser un bravo jefe, sea donde sea, debe servir.

Pienso muchas veces – no en este tiempo porque cada uno está vivo todavía y tiene la oportunidad de cambiar vida y no podemos juzgar – pero pensemos en la historia: si tantos reyes, emperadores, jefes de estado hubieran entendido esta enseñanza de Jesús y en vez de dominar, ser crueles, matar gente, hubieran hecho esto: ¡cuántas guerras se hubieran evitado! El servicio: de verdad que hay gente que no facilita esta actitud, gente soberbia, gente odiosa, gente que tal vez nos desea el mal; pero nosotros estamos llamados a servirlos aún más. Y también hay gente que sufre, que está descartada por la sociedad, al menos por un tiempo, y Jesús va allí para decirles “tú eres importante para mí. Jesus viene a servirnos, y la señal que Jesús nos sirve hoy aquí, en la cárcel de Regina Coeli, es que ha querido elegir a doce de ustedes para lavarles los pies. Jesús arriesga por cada uno de nosotros. Jesús no se llama Poncio Pilato, no sabe “lavarse las manos”, sabe sólo arriesgar. Miren esta imagen tan bella: Jesús, inclinado entre las espinas, arriesgando herirse para agarrar a la oveja perdida. Hoy yo, que soy pecador como ustedes, pero que represento a Jesús, soy embajador de Jesús. Hoy cuando me incline ante cada uno de ustedes piensen: “Jesús ha arriesgado en este hombre, un pecador, para venir a verme y decirme que me ama”.   Éste es el servicio, éste es Jesús: no nos abandona nunca, nunca se cansa de perdonar, nos ama tanto. ¡Miren como arriesga Jesús!

Y así, con este sentimiento, vamos adelante en esta ceremonia que es simbólica. Antes de darnos su Cuerpo y su Sangre, Jesús se arriesga por cada uno de nosotros, y arriesga en el servicio porque nos ama tanto.

Con material de ACIprensa y Boletin de la Santa Sede

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