Publicado el 21. febrero 2018 In Alianza solidaria con Francisco, Iglesia - Francisco - Movimientos

Ayuno y Oración por África

Sudáfrica, Sarah-Leah Pimentel

El 15 de febrero el Papa Francisco anunció que el viernes 23 será un día de oración y ayuno por la solución de los conflictos en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo (RDC).

A muchos de nosotros nos parece que esos lugares son muy lejanos y por lo tanto es difícil sentir empatía por personas de las que no sabemos nada. También son lugares que los medios frecuentemente ignoran. Vivo en Sudáfrica, pero incluso aquí los principales canales de noticias rara vez reportan sobre los conflictos que afligen a ambos países. Me imagino que, en América Latina, Europa o los Estados Unidos, la gente sabe menos todavía de lo que ahí ocurre.

Por eso la iniciativa del Santo Padre es tan importante. Nos pide unirnos en solidaridad con gente cuya realidad es completamente diferente a la nuestra. Nos recuerda que sus vidas también importan. Nos llama a sacrificar nuestras comodidades de comida y esparcimiento para aliviar el sufrimiento de millones de personas que viven a miles de kilómetros de nosotros. Personas que tienen hambre de comida, de verdad, de paz.

Tal vez sería un poco más fácil compadecerse y orar con los millones de ciudadanos de esos países si supiéramos algo de ellos.

Guerra en Sudán del Sur

La lucha por el poder en Sudán del Sur entre el presidente Salva Kiir y el anterior vicepresidente, Reik Machar, ha dividido las lealtades de los miembros del ejército y del propio gobierno. El resultado han sido las luchas armadas en todo el país y la creación de milicias que han obligado a cuatro millones de personas a abandonar sus hogares. La gente tiene miedo de ser asaltada, asesinada, violada u obligada a pelear por alguno de los muchos bandos del conflicto. La mayoría de las personas exiliadas viven en campos de concentración en Uganda y otros países vecinos.

Retraso en las elecciones en la RDC

Las elecciones en la RDC debieron haber ocurrido en 2015. Una falta de consenso sobre cambios en la legislación electoral ha tenido como consecuencia que el presidente Joseph Kabila permanezca en el poder y que la fecha de las elecciones se posponga continuamente. Esta situación ha llevado a la frustración y al conflicto con grupos antigubernamentales que tienen a su vez otros intereses para perpetuar la incertidumbre. Más de 3,300 personas han muerto en este conflicto y muchas más viven como refugiadas en Angola, Burundi y Tanzania. Tan solo Angola ha recibido ya 30,000 refugiados.

Estos hombres, mujeres y niños no son solamente números. Son personas con los mismos derechos que nosotros, quienes tenemos la fortuna de leer este artículo, damos por naturales. Son conflictos creados por líderes que no hacen su trabajo y no entienden que ese liderazgo es una responsabilidad y un servicio.

¿Por qué debemos orar?

Frecuentemente nos cansamos de orar por la gente que está atrapada en conflictos que parecen no tener fin, pero debemos creer en el poder de la oración. No es solo lo que nos han enseñado como católicos, sino que hemos sido testigos del efecto de la oración en la transformación de sociedades enteras.

Recientemente Sudáfrica y Zimbabue cambiaron de líderes. Tanto Mugabe como Zuma perdieron contacto con las necesidades y realidades de las personas a las que prometieron gobernar. En Zimbabue, Mugabe destruyó la economía y la agricultura de un país que era el orgullo del sur de África. En Sudáfrica la corrupción gubernamental erosionó el tejido moral de la sociedad e hizo al país menos atractivo para los inversionistas que aportan oportunidades económicas muy necesarias.

Miles de personas han estado orando por un nuevo comienzo para estos países y repentinamente los diques se desbordaron.  Los partidos en el poder pidieron una transformación desde el interior y aplicaron presión, sin guerra ni violencia, para obligar a la salida de esos líderes ineficaces. Los nuevos presidentes de ambos países tienen una tarea monumental para restaurar la confianza de la población en sus gobernantes y necesitan mucha más oración, pero esta puerta abierta al cambio no hubiera sido posible sin el poder de la oración.

¿Por qué debemos orar y ayunar por Sudán del Sur y la RDC el 23 de febrero? Porque somos un pueblo de fe, de esperanza, de alianza. Las personas de esos países son nuestros hermanos y hermanas en la alianza. Estamos rezando por la Iglesia de las nuevas playas.

 

El Papa convoca a una jornada de oración y ayuno por la paz

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