Publicado el 29. mayo 2017 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Mayo de 2017, en Fátima, en el Centenario de las Apariciones, un peregrino llamado Francisco fue el mensajero de la paz, de la esperanza y de la misericordia

PORTUGAL, por Lena Castro Valente •

El Papa Francisco pisó por primera vez Fátima, tierra de Santa María, en este mes de mayo de 2017 para honrar a la Virgen en el Centenario de las Apariciones y para canonizar a los pastorcitos Jacinta y Francisco Marto, los pequeños videntes de Cova da Iria que supieron vivir santa y heroicamente sus escasos días en esta tierra. Tres niños (Lucía, la mayor, falleció hace doce años) a quienes la Señora más brillante que el sol pidió “cosas difíciles” de cumplir hasta para un adulto. Pero es verdad que no existe alma de niño o alma de adulto. Nuestra alma se nos da entera desde el comienzo…

Francisco, el mensajero de la paz, la esperanza y la misericordia

Francisco no vino a Fátima en su calidad de Papa –aunque sus vestiduras blancas nos impidieran olvidar que es el Obispo de Roma, vino como hijo, como un peregrino más, como alguien que con sencillez y humildad, se hace hermano de todos, especialmente de los más desvalidos. Francisco no quiere ni ama trompetas tocando a su paso, sino el pasar libremente entre la multitud y “tocar” con su sonrisa y con el corazón la realidad humana de todos los peregrinos. Dando y recibiendo amor, animando y siendo animado en la senda de fe y esperanza, fortaleciendo y siendo fortalecido en la alegría de la certeza de la insondable misericordia de nuestro Dios. Gracias por recibirme entre vosotros y uniros a mí en esta peregrinación vivida en la esperanza y en la paz” (Bendición de las Velas desde la Capilla de las Apariciones 12/5).

Pero Francisco adquirió a nivel mundial – en Argentina esto era ya algo conocido-una autoridad moral, ética y humana que sólo pueden tener los líderes iluminados por la gracia de Dios, porque están llenos del Espíritu Santo. Todo lo que dice, cuenta… porque lo vive radicalmente en su día a día. Por esos sus palabras son tan importantes para nosotros.

Fátima es el lugar donde Nuestra Señora ha hecho varios pedidos, entre ellos la oración diaria del Rosario y penitencia –no ofendan más a Nuestro Señor que ya está muy ofendido- penitencia por los pobres pecadores para que puedan alcanzar su perdón.

Sin embargo, Francisco logra siempre que descubramos la otra cara de la realidad de nuestro Dios.

“Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado (cf. 1 Jn 4,18). «Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. […] Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 288). Que seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo. Llevados de la mano de la Virgen Madre y ante su mirada, podemos cantar con alegría las misericordias del Señor. Podemos decir: Mi alma te canta, oh Señor. La misericordia que tuviste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel la tuviste también conmigo”. (Bendición de las Velas desde la Capilla de las Apariciones 12/5)

El pontificado de Francisco está orientado en la misericordia –por lo demás, toda su vida sacerdotal está orientada por la misericordia- Por eso, el Año Jubilar de la Misericordia puede haber finalizado en el calendario, pero no en la práctica de todos los días, no en el anhelo de los corazones. La peregrinación a Fátima es otro ejemplo de eso.

 

Francisco, el peregrino para quien María es su “mamá”

En Fátima, Francisco vino al encuentro de su Madre… nadie permaneció indiferente cuando estando en la Capillita, cara a cara con Ella, se pidió que se respetara el silencio integral. Había alrededor de un millón de peregrinos y el silencio que parecía imposible en esas condiciones, fue respetado. Todos pudimos estar, tal como el Papa, a solas con Ella. A causa de problemas articulares y la ciática, Francisco no podía arrodillarse pero se percibía que aunque su cuerpo no podía inclinarse delante de la Santísima Virgen, su alma y su corazón estaban postrados en tierra, tal como en aquel lejano día en que un Obispo le impuso las manos y en respuesta a su Adsum, lo ungió sacerdote.

En la homilía de la Misa del 13 de mayo nos dijo:

“Queridos Peregrinos, ¡tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ―nuestra humanidad― que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro” y “Queridos hermanos y hermanas gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

Habiéndola experimentado como Madre a lo largo de su vida –tal como nuestro Fundador, Padre José Kentenich- no deja de exhortarnos siempre, como nuestro Padre, para que a ejemplo de San Juan, la llevemos a casa y vivamos con ella nuestra relación materno-filial.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor” (Homilía de la Misa del 13 de mayo).

La Alianza de Amor con María de la cual el Movimiento de Schoenstatt es depositario y guardián, es un tesoro por el cual quienes la hemos sellado, debemos estar eternamente agradecidos. Y un tesoro que debemos hacer conocer según nuestras posibilidades.

Gracias, Papa Francisco por su presencia en Fátima y por sus palabras dirigidas al mundo entero.

 

 

Todos los textos de la visita del Papa Francisco a Fatima

Original: portugués 25.05.17; traducción: Carmen M. Rogers, Santiago, Chile

 

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