Publicado el 6. septiembre 2016 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Encontré a Schoenstatt donde latía el corazón misericordioso de la Iglesia

ROMA/VATICANO, por P. Rolando Gibert Montes de Oca Valero, miembro de la Federación de Sacerdotes Diocesanos en Cuba, estudiando en Roma •

La mañana del 4 de septiembre de 2016 en Roma amaneció diferente. Todo era movimiento de peregrinos hacia San Pedro. Habían venido de todo el mundo. Pude reconocer con mucho agrado al arzobispo de Bujumbura, Burundi y a otros muchos africanos, ondeaban banderas de Australia y de muchos países de Europa, encontré latinoamericanos de muchas nacionalidades con los que pude compartir mientras hacíamos la interminable fila para acceder a la plaza. Al final de la Eucaristía me abordaron unos sacerdotes vietnamitas atraídos por mi bandera cubana; había chinos, coreanos, polacos, norteamericanos, libaneses, griegos…

WhatsApp Image 2016-09-04 at 10.17.17Un Pentecostés

Como en la mañana de Pentecostés, estaban todos y estaba también la Mater que abrió la jornada por un rosario rezado con la toda la fuerza de la catolicidad y cerró todo cuando le pedimos sus palabras al Ángel y nuevamente la saludamos. Eso ha sido Roma este 4 de septiembre: un Pentecostés donde ha soplado con fuerza el Espíritu sobre una multitud de discípulos acompañados de María. Todos, aunque venidos de las más diversas y distantes latitudes, nos comunicamos en una sola lengua: La Misericordia que con su vida predicó la Madre Teresa de Calcuta.

El sol pegó fuerte en la plaza. Pero aún más fuerte era la alegría y gratitud de los que nos sentíamos vinculados a la Santa de Calcuta. Había invitados especiales: los pobres, muchos esta vez, que ocuparon un lugar privilegiado en la plaza, como recordándonos el lugar privilegiado que deben tener siempre en nuestra Iglesia y en nuestros corazones. Para ellos al final había una comida de fiesta compartida con el papa y servida por las Misioneras de la Caridad (MC). A los pobres se les notaba en el rostro que era un día especial.

Pero Teresa de Calcuta no se limitó a los pobres materialmente hablando.  Su Misericordia se extendió a todo necesitado también en el espíritu. Allí estaba yo recordando el bien recibido en la casa de las  MC contemplativas del Santuario del Cobre en Cuba. Al calor de la oración con estas hermanas me debatía yo en pleno discernimiento cuando el Señor me llamaba al sacerdocio. Cuánto agradezco la ayuda espiritual de estas religiosas y el ambiente de oración que generan en torno suyo. También me venía a la mente la misión que realizaron las de vida activa en mi antigua parroquia en las lomas de Maisí: cuánto fruto de evangelización.

Amor puesto en acción

Y apuesto a que muchos de los que allí gozamos con esta efusión del Espíritu, teníamos la cabeza y el corazón lleno de los frutos que en nosotros dejó la obra de esta mujer cuya santidad declaró la Iglesia y testimoniaron los pobres al experimentar en carne propia la fuerza del “Amor puesto en acción”, como acostumbraba a decir la Madre. Ella, que supo ser para todos la ternura, la sonrisa de Dios viviendo a plenitud la ley de la transferencia y del traspaso orgánicos.

Todos estábamos congregados, más que por la declaración canónica de santidad de esta nueva Teresa, por el vínculo natural que con ella y su obra todos teníamos. Y se notó de modo especial cuando en la breve pero enjundiosa homilía, el Papa hizo notar lo difícil que nos sería empezar a decir “Santa Teresa de Calcuta”, cuando en realidad su cercanía y carisma nos mueve a seguir diciendo “Madre Teresa de Calcuta”. Esta afirmación conmovió a la multitud que respondió con un aplauso cerrado.

unspecified4Madre

Esto me dejó pensando. No se puede separar, esta mujer es santa porque ha sido sobre todas las cosas Madre, y madre de los más pobres entre los pobres, porque los ha cobijado con su misericordia, los ha transformado devolviéndoles tantas veces la dignidad que los poderosos de este mundo le negaron y los ha enviado también a ser ellos misioneros de la caridad, de la misericordia. Esta Teresa ha sido un Santuario viviente, habitado por el Señor y por su Santísima Madre, la Virgen.

La plaza de San Pedro el 4 de septiembre fue testigo de una Iglesia donde nadie es extranjero, donde los pobres son los primeros, donde la santidad se da en la vida diaria de una madre,  donde el ambiente de alegría espiritual lo llena todo, donde a través de sanos y fuertes vínculos se conquista la Vida Eterna. La plaza de San Pedro en la mañana del 4 de septiembre fue, a no dudarlo, el centro espiritual de nuestra familia de Schoenstatt en salida, latiendo en el corazón de la Iglesia y en diálogo armonioso con todos sus carismas. Yo conozco esa maravillosa Tierra (…) es mi terruño, es mi Tierra de Schoenstatt.

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Homilía del Papa Francesco, texto completo

Fotos: P. Rolando Montes, María Fischer

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