Publicado el 2015-07-21 In Francisco - Mensaje, Iglesia - Francisco - Movimientos, Proyectos

“Te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros, de todos”

PARAGUAY, por María Fischer, con el P. Pedro Kühlcke •

«Después de haber leído el Evangelio, Orlando se acercó a saludarme y me dijo: ‘Te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros, de todos’. Es la bendición que pidió Orlando para cada uno de nosotros. Es la bendición que pedimos ahora todos juntos: la libertad«. Así comenzó el Papa Francisco el domingo 12 de julio, su discurso más espontáneo del viaje por Latinoamérica.

«Orlando, el joven que hizo cambiar al Papa su discurso…» – titularon varios diarios de Paraguay, unos días después del emotivo encuentro del Papa Francisco con la juventud paraguaya, y de tantos otros países, en la Costanera de Asunción. Francisco se reunió con cerca de un millón de jóvenes en el atardecer del domingo, a horas de despedirse de tierras latinoamericanas. En ese encuentro, Orlando, de 17 años, leyó un fragmento del Evangelio y emocionó al Pontífice con su pedido: libertad para él y sus compañeros del Centro Educativo – la cárcel de menores donde el Padre Pedro Kühlcke, hace casi un año, lo acompaña a él y a los demás adolescentes, como Padre y amigo en todo sentido.

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«Ocho menores internos del centro reclusorio La Esperanza de Itauguá participarán el domingo del evento con el Papa Francisco en la Costanera. Incluso, uno de ellos hará la lectura de un pasaje bíblico. Así informó Orlando Castillo, titular del Servicio Nacional de Atención al Adolescente Infractor del Ministerio de Justicia. Comentó que son jóvenes que están involucrados en un proceso de trabajo desde hace un año y medio con el Padre Pedro Kühlcke, del Santuario de la Virgen de Schoenstatt, de Ypacaraí. Explicó que los menores que asistirán a la celebración litúrgica con el Santo Padre forman parte de un proceso semiabierto, pues no tienen problemas de conducta.» – Así se pudo leer un día antes en uno de los diarios más importantes de Paraguay (Última Hora). «Al final, pudimos llevar a cuatro jóvenes, no más, pero ¡es un comienzo!», comentó el P. Pedro Kühlcke, quien los acompañaba también en el encuentro con el Papa Francisco, como lo hace en la cárcel.

Caminando juntos

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«Le decía a Orlando, camino a la Costanera: ‘No te pongas nervioso, total solamente tenés que proclamar el Evangelio delante del Papa y del mundo entero’…», relató el Padre Pedro Kühlcke. La foto que muestra ese momento se convirtiera en una de las más compartidas en las redes sociales.

Esa imagen es un símbolo de la pastoral carcelaria de un «Padre y amigo» que sale desde el Santuario de Tupãrendá a las periferias, al encuentro de estos adolescentes en la cárcel de menores. La Visitación de María (Lc 1,39), Estaba preso y me vinieron a ver (Mt 25,36), historia de la salvación e historias reales de schoenstattianos en salida misionera y solidaria, motivados por el Papa Francisco, el Padre Kentenich y la Virgen Peregrina… en el sendero que Jesús caminó primero.

«En esta cárcel, están privados de libertad unos 160 adolescentes varones de 14 a 18 años, en condiciones bastante difíciles. Lo que más me duele es constatar que, prácticamente, todos ellos son de las clases sociales más desfavorecidas; viven en barrios de emergencia o directamente en la calle. Muchos con familias muy disfuncionales, o directamente sin familia; la gran mayoría con tremendas carencias afectivas, desde chicos; y también con problemas de adicciones. Me llama mucho la atención que no hay chicos de clase media ni alta en la cárcel …», comentó el Padre Pedro Kühlcke.

«Hemos podido formar un equipo de Pastoral penitenciaria muy guapo, la gran mayoría son integrantes del Movimiento de Schoenstatt, de Tupãrendá y Asunción. Encontré personas muy generosas, que con gran sacrificio, entregan amor, tiempo y dinero para regalar algo del amor de Dios y de la Mater a estos chicos tan carenciados. Todos los sábados, compartimos con ellos cantos, oraciones, abrazos, y sobre todo una merienda abundante. También vivimos muy de cerca la situación tan difícil y dolorosa de muchos de ellos – situación familiar, social, jurídica, médica, etc. – y les damos una mano en lo que podemos». Dándoles un mano también para que, al fin, cuatro adolescentes pudieran participar en el encuentro con Francisco.

«Qué gran trabajo de la pastoral penitenciaria del Padre Pedro y equipo, ojalá salgan recuperados todos los jóvenes que están en el Centro Educativo y encuentren hogar; los jóvenes no van a caer si fortalecemos las familias de bien. Trabajemos por los niños en situación de calle», comentó Agustín Saldivar, en uno de los diarios de Paraguay.

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La bendición del Papa Francisco para todos los adolescentes privados de la libertad

«Le pude pedir su bendición para todos los adolescentes privados de libertad. Y Orlando también se lo pidió después. En eso se inspiró el Papa para cambiar todo su discurso. ¡Demasiado emocionante! Que los dos estemos en el escenario tan cerca del Papa no estaba para nada previsto – una delicadeza especial de la Mater para la Pastoral penitenciaria!», relató el P. Pedro Kühlcke el día después del encuentro, y antes de salir a las Misiones Familiares. «Le pedí al Papa una bendición especial para todos los adolescentes privados de libertad», repite. «Escuchó atentamente, y la dio con una sonrisa bondadosa.»

«Sos un valiente»

10404343_1042344139151128_1141535761161322770_n«Antes de iniciarse todo, conversé con el Papa. Me preguntó mi nombre y de la emoción no pude hablar, no me salían las palabras, era demasiado emocionante, luego de mucho esfuerzo le conté y también que iba a leer», cuenta Orlando mismo en una entrevista a Última Hora, y sigue:

«¿Te animás a hacerlo?, me dijo, y sí, le respondí. El Papa me contestó: Sos un valiente»

«Al término de la lectura, me acerqué para abrazarlo porque él me llamó. Sentí que volaba en las nubes, sentí una paz y que todo lo que pedí, se iba a cumplir. Puedo decir que el abrazo del Papa vale oro».

«Cada vez que le hablaba, me pedía que no me olvide de rezar por él. Le insistí que ore por mi libertad y por toda mi familia. Luego me pidió permiso para mencionar en público lo que le dije, pero que se iba a referir sobre la libertad en general. Convirtió en una reflexión mi pedido y cada vez que mencionaba mi nombre, yo sentía emoción y sentía que volaba», recordó.

La Peregrina no puede faltar en el lugar

Lo más emocionante para Orlando fue el intercambio de obsequios. «Le regalé un cuadro que tiene un denario bordado en Ñandutí, le escribí una carta en la que le cuento mi historia, pedí que me ayude a cambiar mi vida, por mi familia».

«También por los niños de la calle a los que le faltan abrigos, alimentos y, sobre todo, que con su oración Dios toque el corazón de cada joven; y que si quiere, se comunique conmigo en el teléfono de mi mamá o del director de La Esperanza, que figuran en la carta», comentó.

«La lectura, el abrazo y el rosario son mi mayor regalo. Me tocó muy en el fondo del corazón. Mi compromiso es ayudar a mis compañeros a que crean en Dios, que le dediquen su tiempo. Demostrar que Él ayuda y cambia nuestras vidas. Cuando salga de acá, voy a llevar la palabra de Dios, primero en mi familia. Luego ayudar a que los jóvenes piensen dos veces para hacer las cosas, que un error puede costar muy caro»,

Toda la entrevista: http://www.ultimahora.com/historia-del-joven-que-inspiro-al-papa-cambiar-su-discurso-costanera-n913934.html

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Foto: Sebastián Woitas, Asunción, Paraguay

Gracias, Santo Padre, por bendecir a los adolescentes del Centro Educativo. Gracias, Santo Padre, por bendecir la Pastoral Carcelaria del P. Pedro Kühlcke, y de todos los que le acompañan con su presencia, sus oraciones, y sus donaciones.

Gracias, Orlando, por regalarnos el discurso más espontáneo del Santo Padre en esta visita.

11232180_1041711415881067_8136826609383819396_nTe damos gracias repitiendo las palabras del mismo Papa Francisco:

«Así que todos juntos, agradeciéndole a Orlando que haya pedido esta bendición, tener el corazón libre, un corazón que pueda decir lo que piensa, que pueda decir lo que siente y que pueda hacer lo que piensa y lo que siente. ¡Ese es un corazón libre! Y eso es lo que vamos a pedir todos juntos, esa bendición que Orlando pidió para todos».

Gracias, Orlando, por ofrecernos la posibilidad de ser parte de esta bendición. Cuenta con nuestras oraciones para vos y para todos tus amigos en la cárcel, para el P. Pedro y su equipo.

También, queremos ayudar con nuestras donaciones generosas y solidarias para la Pastoral Carcelaria y la anhelada Casa «Madre de Tupãrendá», que permitirá que vos y tus compañeros, el día que salgan de la cárcel, puedan seguir adelante con fe y con trabajo, con amigos y solidaridad…

AurNGBqnaJFmgEKA6wvHruix4l3SNxNQCq5rCgdJz_rN ¿Cómo donar ahora, ya?

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Uso previsto: P. Pedro Kühlcke, Casa Madre de Tuparenda

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DISCURSO DEL SANTO PADRE

Costanera de Asunción, Paraguay. Domingo 12 de julio de 2015

Queridos jóvenes, buenas tardes.

Después de haber leído el Evangelio, Orlando se acercó a saludarme y me dijo: “Te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros, de todos”. Es la bendición que pidió Orlando para cada uno de nosotros. Es la bendición que pedimos ahora todos juntos: la libertad. Porque la libertad es un regalo que nos da Dios, pero hay que saber recibirlo, hay que saber tener el corazón libre, porque todos sabemos que en el mundo hay tantos lazos que nos atan el corazón y no dejan que el corazón sea libre. La explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza, todas esas cosas nos quitan la libertad. Así que todos juntos, agradeciéndole a Orlando que haya pedido esta bendición, tener el corazón libre, un corazón que pueda decir lo que piensa, que pueda decir lo que siente y que pueda hacer lo que piensa y lo que siente. ¡Ese es un corazón libre! Y eso es lo que vamos a pedir todos juntos, esa bendición que Orlando pidió para todos. Repitan conmigo: “Señor Jesús, dame un corazón libre. Que no sea esclavo de todas las trampas del mundo. Que no sea esclavo de la comodidad, del engaño. Que no sea esclavo de la buena vida. Que no sea esclavo de los vicios. Que no sea esclavo de una falsa libertad, que es hacer lo que me gusta en cada momento”. Gracias, Orlando, por hacernos caer en la cuenta de que tenemos que pedir un corazón libre. ¡Pídanlo todos los días!

Y hemos escuchado dos testimonios: el de Liz y el de Manuel. Liz nos enseña una cosa. Así como Orlando nos enseñó a rezar para tener un corazón libre, Liz con su vida nos enseña que no hay que ser como Poncio Pilato: lavarse las manos. Liz podía haber tranquilamente puesto a su mamá en un asilo, a su abuela en otro asilo y vivir su vida de joven, divirtiéndose, estudiando lo que quería. Y Liz dijo: “No, la abuela, la mamá…”. Y Liz se convirtió en sierva, en servidora y, si quieren más fuerte todavía, en sirvienta de la mamá y de la abuela. ¡Y lo hizo con cariño! Hasta tal punto –decía ella–, que hasta se cambiaron los roles y ella terminó siendo la mamá de su mamá, en el modo como la cuidaba. Su mamá, con esa enfermedad tan cruel que confunde las cosas. Y ella quemó su vida, hasta ahora, hasta los 25 años, sirviendo a su mamá y a su abuela. ¿Sola? No, Liz no estaba sola. Ella dijo dos cosas que nos tienen que ayudar: habló de un ángel, de una tía que fue como un ángel; y habló del encuentro con los amigos los fines de semana, con la comunidad juvenil de evangelización, con el grupo juvenil que alimentaba su fe. Y esos dos ángeles –esa tía que la custodiaba y ese grupo juvenil– le daban más fuerza para seguir adelante. Y eso se llama solidaridad. ¿Cómo se llama? [Responden los jóvenes: “Solidaridad”]. Cuando nos hacemos cargo del problema de otro. Y ella encontró allí un remanso para su corazón cansado. Pero hay algo que se nos escapa. Ella no dijo: “Hago esto y nada más”. ¡Estudió! Y es enfermera. Y haciendo todo eso, la ayuda, la solidaridad que recibió de ustedes, del grupo de ustedes, que recibió de esa tía que era como un ángel, la ayudó a seguir adelante. Y hoy, a los 25 años, tiene la gracia que Orlando nos hacía pedir: tiene un corazón libre. Liz cumple el cuarto mandamiento: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Liz muestra su vida, ¡la quema!, en el servicio a su madre. Es un grado altísimo de solidaridad, es un grado altísimo de amor. Un testimonio. “Padre, ¿entonces se puede amar?”. Ahí tienen a alguien que nos enseña a amar.

Primero: libertad, corazón libre. Entonces, todos juntos: [Los jóvenes repiten cada frase] “Primero: corazón libre”. “Segundo: solidaridad para acompañar”. Solidaridad. Eso es lo que nos enseña este testimonio. Y a Manuel no le regalaron la vida. Manuel no es un “nene bien”. No es un “nene”, no fue un “nene”, no es un chico, un muchacho hoy, a quien la vida le fue fácil. Dijo palabras duras: “Fui explotado, fui maltratado, a riesgo de caer en las adicciones, estuve solo”. Explotación, maltrato y soledad. Y en vez de salir a hacer maldades, en vez de salir a robar, se fue a trabajar. En vez de salir a vengarse de la vida, miró adelante. Y Manuel usó una frase linda: “Pude salir adelante porque en la situación en que yo estaba era difícil hablar de futuro”. ¿Cuántos jóvenes, ustedes, hoy tienen la posibilidad de estudiar, de sentarse a la mesa con la familia todos los días, tienen la posibilidad de que no les falte lo esencial? ¿Cuántos de ustedes tienen eso? Todos juntos, los que tienen eso, digan: “¡Gracias Señor!” [Los jóvenes repiten: “¡Gracias Señor!”]. Porque acá tuvimos un testimonio de un muchacho que desde chico supo lo que era el dolor, la tristeza, que fue explotado, maltratado, que no tenía qué comer y que estaba solo. ¡Señor, salvá a esos chicos y chicas que están en esa situación! Y para nosotros, ¡Señor, gracias! ¡Gracias, Señor! Todos: ¡Gracias, Señor!

Libertad de corazón. ¿Se acuerdan? Libertad de corazón; lo que nos decía Orlando. Servicio, solidaridad; lo que nos decía Liz. Esperanza, trabajo, luchar por la vida, salir adelante; lo que nos decía Manuel. Como ven, la vida no es fácil para muchos jóvenes. Y esto quiero que lo entiendan, quiero que se lo metan en la cabeza: “Si a mí la vida me es relativamente fácil, hay otros chicos y chicas que no le es relativamente fácil”. Más aún, que la desesperación los empuja a la delincuencia, los empuja al delito, los empuja a colaborar con la corrupción. A esos chicos, a esas chicas, les tenemos que decir que nosotros les estamos cerca, queremos darles una mano, que queremos ayudarlos, con solidaridad, con amor, con esperanza.

Hubo dos frases que dijeron los dos que hablaron, Liz y Manuel. Dos frases, son lindas. Escúchenlas. Liz dijo que empezó a conocer a Jesús, conocer a Jesús, y eso es abrir la puerta a la esperanza. Y Manuel dijo: “Conocí a Dios, mi fortaleza”. Conocer a Dios es fortaleza. O sea, conocer a Dios, acercarse a Jesús, es esperanza y fortaleza. Y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza. No queremos jóvenes “debiluchos”, jóvenes que están ahí no más, ni sí ni no. No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes. Queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza. ¿Por qué? Porque conocen a Jesús, porque conocen a Dios. Porque tienen un corazón libre. Corazón libre, repitan. [Los jóvenes repiten cada una de las palabras] Solidaridad. Trabajo. Esperanza. Esfuerzo. Conocer a Jesús. Conocer a Dios, mi fortaleza. Un joven que viva así, ¿tiene la cara aburrida? [respuesta de los jóvenes: “No”] ¿Tiene el corazón triste? [respuesta de los jóvenes: “No”]. ¡Ese es el camino! Pero para eso hace falta sacrificio, hace falta andar contracorriente. Las Bienaventuranzas que leímos hace un rato son el plan de Jesús para nosotros. El plan… Es un plan contracorriente. Jesús les dice: “Felices los que tienen alma de pobre”. No dice: “Felices los ricos, los que acumulan plata”. No. Los que tienen el alma de pobre, los que son capaces de acercarse y comprender lo que es un pobre. Jesús no dice: “Felices los que lo pasan bien”, sino que dice: “Felices los que tienen capacidad de afligirse por el dolor de los demás”. Y así, yo les recomiendo que lean después, en casa, las Bienaventuranzas, que están en el capítulo quinto de San Mateo. ¿En qué capítulo están? [respuesta de los jóvenes: “quinto”] ¿De qué Evangelio? [respuesta de los jóvenes: “San Mateo”]. Léanlas y medítenlas, que les va a hacer bien.

Tengo que agradecer a vos, Liz; te agradezco, Manuel; e te agradezco, Orlando. Corazón libre, que es lo que debe ser.

Y me tengo que ir [jóvenes: “No!”]. El otro día, un cura en broma me dijo: “Sí, usted siga haciéndole… aconsejando a los jóvenes que hagan lío. Siga, siga. Pero después, los líos que hacen los jóvenes los tenemos que arreglar nosotros”. ¡Hagan lío! Pero también ayuden a arreglar y a organizar el lío que hacen. Las dos cosas: hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que Dios, a quien conocí, es mi fortaleza. Ese es el lío que hagan.

Como sabía las preguntas, porque me las habían pasado antes, había escrito un discurso para ustedes, para dárselo, pero los discursos son aburridos, así que, se lo dejo al Señor Obispo encargado de la Juventud para que lo publique.

Y ahora, antes de irme, [“No!”] les pido, primero, que sigan rezando por mí; segundo, que sigan haciendo lío; tercero, que ayuden a organizar el lío que hacen para que no destruya nada. Y todos juntos ahora, en silencio, vamos a elevar el corazón a Dios. Cada uno desde su corazón, en voz baja, repita las palabras:

Señor Jesús, te doy gracias por estar aquí. Te doy gracias porque me diste hermanos como Liz, Manuel y Orlando. Te doy gracias porque nos diste muchos hermanos que son como ellos. Que te encontraron, Jesús. Que te conocen, Jesús. Que saben que Vos, su Dios, sos su fortaleza. Jesús, te pido por los chicos y chicas que no saben que Vos sos su fortaleza y que tienen miedo de vivir, miedo de ser felices, tienen miedo de soñar. Jesús, enseñanos a soñar, a soñar cosas grandes, cosas lindas, cosas que aunque parezcan cotidianas, son cosas que engrandecen el corazón. Señor Jesús, danos fortaleza, danos un corazón libre, danos esperanza, danos amor y enseñanos a servir. Amén.

Ahora les voy a dar la bendición y les pido, por favor, que recen por mí y que recen por tantos chicos y chicas que no tienen la gracia que tienen ustedes de haber conocido a Jesús, que les da esperanza, les da un corazón libre y los hace fuertes.

(Bendición)

Y que los bendiga Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

 

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1 Responses

  1. Agustin Saldivar Orrego dice:

    Todos Juntos podemos salir al auxilio de los Niños y Jovenes Caidos en malos caminos , pero no debemos olvidar que la exclusion social es el caldo de cultivo de actos delincuensiales . Que bien nos hiciste sentir Papa Francisco por tu Visista al Paraguay quisieramos que siempre estes en frecuencia Guarani , te necesitamos

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