Publicado el 23. junio 2015 In Alianza solidaria con Francisco, Iglesia - Francisco - Movimientos

Francisco en Paraguay, una visita que confronta

PARAGUAY, por Sebastián Acha •

Desde el momento que se anunció la visita del Papa Francisco al Paraguay no he terminado de imaginarme las motivaciones del Santo Padre para privilegiarnos en su gira pastoral.

Me imaginé las vivencias del entonces Arzobispo y luego Cardenal Bergoglio con las distintas comunidades paraguayas de las villas bonaerenses y su profundo vínculo con la cultura guaraní – y no lo digo como eufemismo, sino con todo lo que esa cultura significa – y de su sincera admiración por la mujer paraguaya. Supuse encontrar allí la respuesta, luego me di cuenta que probablemente no sea aquella maravillosa convivencia el motivo principal sino algo más que nos quiere decir el Sumo Pontífice.

Vigilia de oración en el Estadio de los Defensores del Chaco en esta capital, en preparación para la visita del Papa Francisco a Paraguay

Confrontarse con la propia realidad y la propia misión

Paraguay es el único país de América Latina que aún no cuenta con un cardenal. Tiene una población que se declara en casi en un 85% católica apostólica romana y ha pasado por una peculiar situación de haber elegido a un ex Obispo Católico de controversiales antecedentes, nada menos que como Presidente y, pese a la devoción demostrada anualmente a la Virgen de Caacupé por más de un millón de fieles que peregrinan hasta sus pies, el país es reiteradamente mencionado entre los cinco campeones de la corrupción a nivel mundial.

Francisco hace que nos confrontemos con nuestra propia realidad y nuestra propia misión. Nos invita a descubrir quiénes somos realmente los paraguayos: ¿Como un país de tanta devoción católica puede aceptar esos niveles de corrupción? ¿Es tan grande la distancia entre lo que decimos profesar y lo que hacemos en nuestro día tras día? ¿Cuál es nuestra misión?

«Repara mi Iglesia, pues ya ves que está en ruinas

Francisco no viene al Paraguay solo para honrar a la mujer paraguaya y para demostrar con actos el inmenso amor que tiene hacia nuestro país y nuestra cultura. Francisco viene a nuestra casa para decirnos a los paraguayos lo que aquel crucifijo dijo al Santo de Asís en la capilla de San Damián: «Repara mi Iglesia, pues ya ves que está en ruinas”.

Encontrar contradicciones en nuestra Iglesia, lejos de invitarnos a ignorarlas y mucho menos a abandonarla, deben constituir la inspiración de nuestra misión; tal como lo fue para José Kentenich. El Hombre Nuevo no es sino aquel que ha logrado romper las ataduras del conformismo colectivo que todo lo igual y lo convierte en mediocridad.

Y Francisco viene en unas semanas a tomarnos una prueba. Felices debemos estar de la gracia que nos brinda esta oportunidad.

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