Quito primera comunión

Publicado el 2021-06-27 In Niños de Maria, Obras de la misericordia, Proyectos, Schoenstatt en salida

Frutos evangelizadores del santuario

ECUADOR, P. Rafael Amaya/mf •

En el santuario de Schoenstatt de Quito, el 6 de junio, celebramos los sacramentos de confirmación y primera comunión de los niños de la fundación “Niños de María” y de la catequesis del santuario. Tres adultos también recibieron su primera comunión. Damos gracias a Dios por estos frutos evangelizadores del santuario. —

Ver el video de la primera comunión de los niños es una catequesis para cada uno que busca entender lo que es la comunión. Es un don, un regalo no merecido, es el momento eterno de la amistad de Jesús que cada uno acepta dentro de sus límites, porque el amor de Jesús es sin límites de biografía, errores, faltas…

“La Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles; para los pecadores es el perdón, el viático que nos ayuda a andar, a caminar”, dijo el Papa Francisco en Corpus Christi de 2015.

Quito comunión

El pan de los pecadores

Quito comuniónAl mirar los ojos brillantes de los niños que reciben a Jesús, y mientras algunos obispos estadounidenses se animan a juzgar ellos a qué políticos les permiten o no, acercarse a recibir a Jesús para sanar y fortalecerles, resuenan las palabras de Francisco en la Fiesta de Corpus Christi de este año:

“Jesús no castiga al pecador, sino que da su vida por él, paga por él. Cuando recibimos la Eucaristía, Jesús hace lo mismo con nosotros: nos conoce, sabe que somos pecadores, sabe que cometemos muchos errores, pero no renuncia a unir su vida a la nuestra. Él sabe que lo necesitamos, porque la Eucaristía no es el premio de los santos, ¡no! Es el Pan de los pecadores. Por eso nos exhorta: “¡No tengan miedo! Tomen y coman”.

Cada vez que recibimos el Pan de Vida, Jesús viene a dar un nuevo sentido a nuestras fragilidades. Nos recuerda que a sus ojos somos más valiosos de lo que pensamos. Nos dice que se complace si compartimos con Él nuestras fragilidades. Nos repite que su misericordia no teme nuestras miserias. La misericordia de Jesús no teme nuestras miserias. Y, sobre todo, nos cura con amor de aquellas fragilidades que no podemos curar por nosotros mismos: ¿Qué fragilidades? Pensemos: la de sentir resentimiento hacia quienes nos han hecho daño esta no la podemos sanar solos; la de distanciarnos de los demás y aislarnos en nuestro interior esta no la podemos sanar solos; la de autocompadecernos y quejarnos sin encontrar descansotampoco esta la podemos sanar nosotros solos. Es él quien nos sana con su presencia, con su pan, con la Eucaristía. La Eucaristía es una medicina eficaz contra estas cerrazones. El Pan de Vida, de hecho, cura las rigideces y las transforma en docilidad. La Eucaristía sana porque nos une a Jesús: nos hace asimilar su manera de vivir, su capacidad de partirse y entregarse a los hermanos, de responder al mal con el bien. Nos da el valor de salir de nosotros mismos y de inclinarnos con amor hacia la fragilidad de los demás. Como hace Dios con nosotros. Esta es la lógica de la Eucaristía: recibimos a Jesús que nos ama y sana nuestras fragilidades para amar a los demás y ayudarles en sus fragilidades. Y esto durante toda la vida».

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