Publicado el 1. junio 2019 In Casa Madre de Tuparenda, José Kentenich

Pedagogía kentenijiana en la periferia (4)

Pedagogía kentenijiana en la periferia, P. Pedro Kühlcke •

 

¿Libertad en la cárcel, es posible? Sí, dijo el padre Kentenich. Y lo demostraba. Sí, dice el P. Pedro Kühlcke y lo demuestra: en la cárcel de menores de Itauguá, a pocos kilómetros del Santuario de Tupãrenda. La pregunta tal vez más audaz la pusimos hace unos meses desde Schoenstatt.org: ¿la pedagogía kentenijiana en la periferia, es posible? Sí, contesta, y lo demuestra en la cárcel de menores, en esta última parte de su reflexión en relación a la pedagogía de vinculaciones y la pedagogía de alianza. Si es posible en esta periferia, debe ser posible en otras, también. E incluso dentro de Schoenstatt. —

Publicamos este aporte en un momento de alto riesgo económico para el excelente modelo de la pedagogía kentenijiana en la periferia, este modelo que es Casa Madre de Tuparenda, llamando a la solidaridad de los schoenstattianos en todo el mundo, desde el vínculo solidario y la alianza solidaria. Vivamos la pedagogía kentenijiana no sólo en la periferia, sino también en el centro, en Schoenstatt.

Pedagogía de vinculaciones

¡Damos un paso más! Pedagogía de vinculaciones: ahí entra todo lo que hablamos del grupo, de la comunidad… En este mundo de hoy en día en el que vivimos, es muy difícil ser buenos cristianos, cumplir los mandamientos y ser hijos de Dios, cuando estamos solos y todo el mundo juega en contra. Es muy importante tener un grupo y poder darme cuenta que yo no soy el único loco, diferente a todos los demás, sino que estamos luchando juntos por estos ideales.

¿Qué nos dice el Padre Kentenich?

“¿Comprenden qué se entiende por pedagogía de vinculaciones? Es una pedagogía que presta una atención sumamente cuidadosa a inculcar el organismo de vinculaciones en su totalidad.”[1]

¿Cuál es la totalidad de ese organismo de vinculaciones? El padre Kentenich continúa diciendo: “Existe un organismo de vinculaciones natural y un organismo sobrenatural.” Natural: todo lo que es de este mundo ─ sobrenatural: todo lo que tiene que ver con el cielo. “Además, podemos distinguir: primero, una vinculación a las ideas; segundo, a los lugares y tercero, a las personas.” En otro texto, el P. Kentenich dice:

“Según la intención de Dios, un niño debería crecer normalmente en un organismo de vinculaciones completo. Tiene que introducirse y arraigarse en vinculaciones a lugares, a personas y a ideas.”[2]

Creo que éste es el gran drama hoy en día. Muchos nacen y crecen sin vinculaciones y, por lo tanto, son incapaces de cultivar vinculaciones. Por ejemplo, el “amor de telenovela”: el gran amor, juntos por siempre… ¿Cuánto dura ese “por siempre”? Quizás seis meses, después se acabó el “por siempre”. ¿Por qué? Porque hay mucho instinto, hay mucha relación física, pero no hay capacidad de vinculación… Nunca aprendí a vincularme, porque nunca nadie se vinculó conmigo y ando por el mundo como pelotita de goma saltando por todos lados o tirado en un rincón. Y en el fondo de mi alma una tremenda soledad.

Entonces el Padre Kentenich dice que necesitamos arraigarnos. ¿Qué les pasó a ustedes la primera vez que entraron acá al santuario de Tupãrenda? Algunos de los presentes responden: Quedé impactado; sentí paz, tranquilidad; da gusto estar ahí; pude rezar como en ningún otro lugar… Es lo que llamamos la “gracia del cobijamiento”. Uno entra al santuario y da gusto estar ahí, puedo rezar, puedo pedir perdón, siento algo como de cielo… Así empezamos a vincularnos a este lugar hermoso. Y aunque vivamos lejísimos y tengamos que tomar el colectivo a las 7 de la mañana para no llegar tarde a la misa de 9 hs., ¡lo hacemos! ¿Por qué? Porque casi sin darnos cuenta empezamos a vincularnos a un lugar concreto donde nos sentimos en casa. Vinculación a lugares: qué gusto da cuando siento que encontré un hogar, el santuario es mi hogar, es mi casa, ya no estoy como pelotita de goma rebotando por el mundo.

Vinculación a ideas: “Yo quiero ser un buen profesional, yo quiero darle a mis hijos la familia que yo nunca tuve, quiero ser el mejor papá del mundo para mis futuros hijos.” Ahí tengo una idea que me da fuerza, mi ideal personal ─ todo lo que hablamos antes.

Y también la vinculación a personas. Por ejemplo: cuando uno empieza a confesarse con un sacerdote concreto, y empieza a tener confianza, y siente como que el corazón se va abriendo, y que puedo contar cosas que nunca conté, y que me da gusto hablar con el pa’i Oscar[3], y voy a volver a hablar con él, y empiezo a hacer un camino y un seguimiento: y me voy arraigando. O por ejemplo la vinculación a la propia familia… Uno de los jóvenes en la cárcel me contó con mucho dolor: “Yo a mi mamá la quería más que a todo el mundo. Cuando yo tenía 12 años, mi mamá se murió de cáncer y yo quedé solo. ¡Pero la llevo siempre en mi corazón!” Después de acoger el dolor y el desahogo, uno puede explicarle: “Fíjate que tu mamá desde el Cielo te sigue cuidando y tu mamá desde el cielo quiere estar orgullosa de vos.” Esa vinculación a una persona concreta, en este caso a su mamá difunta, le motiva a cambiar y a hacer algo.

Yo diría también por experiencia personal: una de las cosas que los chicos más valoran en la cárcel es que nosotros vamos todos los sábados. Hace más de cuatro años que vamos a la cárcel, sin faltar ni un solo sábado ─ con tormenta, con lluvia, con calor, con vacaciones; a veces uno falta o el otro no puede, pero todos los sábados estamos ahí. Y por supuesto, siempre tenemos que llevar merienda y guitarra y un montón de cosas para compartir. A veces tenemos y otras veces no tenemos. Muchas veces voy también durante la semana, porque nunca doy abasto con la cantidad de chicos que quieren hablar y confesarse, y siempre viene la pregunta: “¿Qué van a traer este sábado para la merienda?” Entonces suelo bromear con ellos y les digo: “Este sábado vamos a traer galleta hatã[4] con agua no más, porque no hay plata”, y los chicos se ríen. Pero ya pasó varias veces que me respondieron: “¡No importa, pa’i! Aunque no puedan traer nada, lo importante es que ustedes vengan.” A pesar de todo lo que ya hicieron muchos de estos jóvenes, suelen ser muy tímidos. Pero a veces, al final de nuestra visita, alguno se anima a agarrar el micrófono y decirnos: “Yo les quiero agradecer en nombre de todos nosotros, porque ustedes vienen siempre y no nos dejan solos.”

Eso es pedagogía de vinculaciones: regalar vínculos, regalar amistad… ¡conocer los nombres! A mí me cuesta horrores aprender los nombres, y en la cárcel son muchos, y siempre entran nuevos. Pero yo me propuse: ¡tengo que aprender los nombres de los jóvenes! Cuando de pronto le saludo a uno y le digo: “¡Hola, Víctor!” ─ “Pa’i, che ndaha’ei Víctor!”[5], medio que se enoja, ¿cómo puede ser que el pa’i no sepa mi nombre? Tan importante es el conocimiento personal, la vinculación personal. Justamente de eso habla el Padre con la pedagogía de vinculaciones.

¿Vieron qué horrible es cuando tenemos reunión de grupo y faltan tres de los integrantes? “¡No podemos hacer la reunión, porque faltan tres! ¡Para la próxima reunión sí o sí tenemos que estar todos!” ¿Por qué? Ya hay un vínculo, necesitamos estar juntos. Pero entonces les digo: “¡No, no tenemos que estar todos! Tienen que estar los que quieren estar; y aunque falten tres, vamos a hacer la mejor reunión del año ¡y que se la pierdan los tres que no vinieron!” Una vinculación que no es dependencia. Esa libertad interior también es muy importante. “¡Somos un grupo, y tenemos que estar todos en todo!” “¡No, somos un grupo de personas libres, que libremente eligieron estar juntos!” A veces, algunos eligen libremente no estar más, pero igual seguimos siendo amigos y no nos enojamos.

En la pastoral carcelaria, y también acá en Casa Madre de Tupãrenda siempre lo recalcamos: ¡Es muy importante nuestra propia libertad interior frente a los jóvenes! Lo único que podemos hacer es ofrecer nuestra mano. Si el joven la quiere agarrar, es su decisión. Si la vuelve a soltar, es decisión de él. Si quiere volver a las drogas, si se quiere perder y destruir, es decisión de él. Pero si el joven aparece de nuevo y quiere volver a tomar nuestra mano: ¡aquí está nuestra mano! Pedagogía de vinculaciones, pero con mucha libertad interior.

El P. Kentenich también habla del “organismo de vinculaciones sobrenatural”. No me voy a extender ahora en esa parte, porque ya les conté mucho de la importancia de todo lo religioso, “sobrenatural”, en la cárcel: las confesiones, los sacramentos, la misa dominical… Pero un parte muy importante tiene que ver con el último punto de nuestra charla:

Pedagogía de alianza

Bueno, eso les suena a todos ustedes, ¿con quién sellamos la alianza? ¡En primer lugar, con la Mater, con María!

En la cárcel, como les decía, le dimos a María un título especial: María es “la mamá que no abandona”. Solemos contarles a los jóvenes allá: “Fíjense en la vida de Jesús: María siempre estuvo con su hijo, nunca lo abandonó. Cuando nació, cuando creció, cuando lo educó… Incluso cuando lo tuvo que retar porque se quedó en Jerusalén sin ni siquiera enviar un mensaje por Whatsapp: ‘¡Mami, me quedé en el templo!’ ─ fíjense que María no tuvo problema en retarlo: ‘¡Tu padre y yo te estuvimos buscando tres días!’, pero siempre con mucho amor, y también con firmeza. También en uno de los momentos muy lindos en la vida de Jesús, cuando disfrutó en la boda de Caná, una gran fiesta: ahí estaba María. Y en el momento más duro, cuando estaba muriéndose en la cruz, y casi todos sus amigos lo abandonaron, ahí estaba su mamá María. ¡María nunca abandonó a su hijo Jesús!”

A los jóvenes en la cárcel les encanta escuchar eso. Muchos de ellos sufrieron mucho abandono: el papá que nunca estuvo presente; la mamá que se fue a España a trabajar y nunca más volvió. O la mamá que se juntó con el novio de turno, y con ese “padrastro” la relación no funcionó, entonces la mamá lo echó al hijo de la casa. O la mamá que murió. O la mamá que era una adolescente drogadicta cuando tuvo a su hijo y nunca se hizo cargo. ─ ¡Mucho dolor, mucha ausencia, mucha soledad! Pedagogía de alianza ahí significa poder decirles: “¡Vos tenés una mamá en el cielo, una mamá que siempre está, una mamá que no te abandona nunca! Cada noche le podés pedir un abrazo. Y cada noche y cada mañana le podés pedir que ella te eduque para ser un buen hijo de Dios. Y siempre podés ofrecerle tu esfuerzo por cambiar: ‘¡Mamá María, hoy no voy a consumir nada de mis vicios!’”

Cuando los jóvenes salen finalmente de la cárcel, y algunos de ellos vienen a Casa Madre de Tupãrenda, les gusta mucho que vayamos los martes a celebrar misa en el santuario. Un martes, no sé por qué, se retrasó todo, y entonces dije: “Bueno, no tenemos tiempo para celebrar la misa en el santuario, vamos a rezar un rato acá no más en la ermita de Casa Madre.” Uno de los chicos casi se enojó: “¡No, yo no quiero rezar acá, yo quiero ir al santuario!”, y no rezó. ¿Por qué? Porque en él había crecido una vinculación a la Mater en el santuario. A lo mejor esos chicos jamás van a sellar formalmente la alianza así arrodillados en el santuario, con traje negro y corbata roja de JM, ¡pero hay una alianza!

Bueno, entonces, la pedagogía de Schoenstatt, ¿es pura teoría no más? ¿O vale la pena conocerla más a fondo? ¿Tiene algo que ver con nuestra realidad? ¿Fue un genio el padre Kentenich? Cosas que él ya decía hace 80 años y más, nosotros las estamos viviendo hoy en día. Cosas que a lo mejor nadie antes que él las planteó en esa forma ─ ¡y nosotros somos los privilegiados de poder vivir todo esto! Así que cuando tengan mucha plata y mucho tiempo compren este libro, los “Textos pedagógicos”, estúdienlo y apliquen la pedagogía del Padre Kentenich, ¡vale la pena!

Transcripción de Tita Andras y José Argüello. Revisión y complementación de P. Pedro Kühlcke

[1]    King, 443. Ahí también las siguientes dos citas.
[2]    King, 445.
[3]    Asesor de la JM en Tupãrenda.
[4]    Pan viejo y duro.
[5]    “¡Yo no soy Víctor!”

Pedagogía kentenijiana en la periferia (3)

Pedagogía kentenijiana en la periferia (2)

¿Libertad en la cárcel?

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