Publicado el 12. enero 2019 In José Kentenich, Proyectos

¿Libertad en la cárcel?

Pedagogía kentenijiana en la periferia, P. Pedro Kühlcke •

“Éste es el fin de nuestra educación: hacer que los que nos han sido confiados, tengan la disposición y la capacidad de vivir, por motivación e iniciativa propias, la vida de un hijo de Dios”: palabras exigentes para la pedagogía kentenijiana en la periferia. Compartimos las experiencias y conclusiones del P. Pedro Kühlcke en este texto elaborado desde una conferencia para la Juventud Masculina de Schoenstatt de Tuparenda.

Cuando el jefe de ustedes me pidió una charla para la Juventud Masculina de Tupãrenda, le pregunté: “¿Acerca de qué tema sería la charla?” “Y, sobre lo que vos quieras no más”, me contestó. Qué complicado … Después concretamos, ya que estamos terminando el Año del Padre Kentenich: “¡Háblanos acerca de la pedagogía del Padre Kentenich!”

¿Conocen este libro? Se llama “Textos pedagógicos”, es una colección fantástica, bien completa, de textos del P. Kentenich que editó el P. Herbert King[1]. Si quieren saber algo de la pedagogía del Padre Kentenich, la manera más fácil es simplemente estudiar este libro. Son apenas 570 páginas …

Pensé compartir algunos de los textos del Padre, pero, sobre todo, la aplicación muy concreta: ¿Qué tiene que ver este tema con nosotros?, ¿y qué tiene que ver este tema con la tarea que me toca desde hace más de cuatro años?

Soy capellán del “Centro Educativo Itauguá, CEI”, la cárcel de adolescentes más grande del Paraguay. Ahí se encuentran más o menos 150 adolescentes, de 14 a 18 años; casi todos drogadictos, casi todos con familias disfuncionales: hijos de madre soltera, “abuela memby”[2], o directamente viviendo en la calle sin apoyo familiar. No tienen trabajo, no tienen perspectivas de futuro, hacen un desastre de su vida, o sufren el desastre que fue su vida siempre.

En ese entorno tan particular aplicamos la pedagogía del P. Kentenich, ¡y funciona! Eso es lo más sorprendente: aplicamos lo que el Espíritu Santo le inspiró al P. Kentenich, y que él aplicó hace muchos años con jóvenes como ustedes. La pedagogía kentenijiana funciona hoy en día en el Paraguay con la Juventud Masculina, con la Obra Familiar, etc. Y también funciona en un entorno…  ¿Cómo le llama el Papa Francisco a ese tipo de entorno? La periferia. En esa periferia, la que la sociedad en general olvida, ignora, rechaza – ahí también la Mater quiere educar y ahí también nos damos cuenta que se puede aplicar la pedagogía del Padre Fundador.

Pedagogía del P. Kentenich

¿Qué es la pedagogía kentenijiana? ¡Preguntémosle al P. Fundador mismo!

“En síntesis creadora surgió así, con el tiempo, un consistente sistema educativo… una completa pedagogía de alianza y de vinculaciones.”[3]

Ustedes seguramente conocen la palabra “alianza” ¿Ya sellaron su alianza de amor?

Tenemos que ver que el Padre Fundador suele hablar “en complicado”, usa muchas palabras. Cada una es importante, hay que analizar bien sus frases para captar qué nos quiere decir.

“Una completa pedagogía de alianza y de vinculaciones, una pedagogía de la piedad instrumental y de la piedad de la vida diaria, que representa una forma original de la pedagogía de ideales, y que contiene … inagotables entrelazamientos con el mundo de la naturaleza y de la gracia.”[4]

¿Todo claro? ¿Anotaron todo? Son muchas palabras, pero a lo mejor algunas les resuenan más: Alianza, vinculaciones, ideal, piedad, instrumento, santidad de la vida diaria… O sea, todo lo que vivimos en Schoenstatt tiene que ver con la pedagogía. Y el Padre hizo todo un sistema de eso.

Pedagogía de la libertad

Si queremos entrar un poco en todo este mundo, podemos leer p. ej. que el Padre Fundador habla de “la pedagogía de ideales como pedagogía de convicciones, como pedagogía de actitudes.”[5]

“Éste es el fin de nuestra educación: hacer que los que nos han sido confiados, tengan la disposición y la capacidad de vivir, por motivación e iniciativa propias, la vida de un hijo de Dios”.[6]

¿Suena complicado? ¿O se entiende todo? Hacer que los que nos han sido confiados, tengan la disposición – las ganas, la decisión, podríamos decir – y la capacidad – la convicción para llevarlo a la práctica – de vivir la vida de un hijo de Dios, pero por decisión propia.

Antes todo era más “fácil”. Por ejemplo, no sé, hace 50 años atrás, los domingos, todo el mundo iba a misa, y pobre del que no iba. Era catalogado de ateo, pecador, hereje, lo que sea. La mamá se encargaba de llevar a todos, nadie faltaba. Si alguien no iba, todo el pueblo le miraba mal.

Hoy en día, es más bien al revés. Te preguntan extrañados: “¿Vos vas a misa?, ¿todos los domingos?, ¿y la farra de los sábados?” Hoy en día no es que “alguien te lleva a la misa” – si no nace de vos, si no tenés la convicción personal: “esto para mí es importante, y yo quiero hacerlo”, no funciona. Si ustedes en su colegio o en su facultad dicen: “Yo me voy todos los domingos a misa, participo en la reunión de un grupo católico, trato de portarme bien, trato de no tomar mucho alcohol, no consumo droga, sexo no tengo…” ¿Qué les dirían? Por lo menos: “¡Extraterrestres, bichos raros!” – o cosas peores.

Hoy día, para vivir como hijos de Dios, hace falta una convicción, una disposición, una decisión: “¡Yo quiero vivir así!” Imagínense que el texto que recién leí es del año 1931. Hace casi 90 años que el Padre ya decía que uno no es simplemente católico porque todo el mundo es católico. Portarnos bien, seguir el camino de Dios, si no es por una convicción propia, es imposible. Hay demasiadas tentaciones ahí afuera. ¿Conocen alguna tentación? ¿Nunca les ofrecieron un fino[7]? Hoy en día todo el mundo sabe dónde conseguir droga. El hecho de que yo no consuma drogas es porque yo me decido y me animo a ser “bicho raro”. ¿Si ustedes a una chica le dicen que no quieren tener relaciones sexuales, ¿qué pasa? Automáticamente les dice: “¿Qué sos?” – y no vamos a decir las palabras que vienen después de esa pregunta.  De eso se trata: convicción personal, yo me decido a vivir así en contra de todo lo que me dice la sociedad y mis supuestos “amigos”. Yo quiero vivir así. A eso el Padre Kentenich lo llama pedagogía de actitudes, de convicciones.

Lo esencial no es una piedad de prácticas, sino una piedad de convicciones. Por ejemplo, quizás en algún colegio católico se dice: “Hoy le toca a este curso ir a confesión y a misa”, y todos van obligadamente. Y cuando salen del colegio, nunca más van a misa. Esto es lo que el Padre Fundador llama pedagogía de prácticas, prácticas piadosas, prácticas religiosas. Ante esto, el Padre dice que ir a misa porque todo el mundo va y porque es obligatorio, eso no funciona. Él propone la piedad de convicciones: “Yo soy amigo de Jesús y de la Mater, porque yo me decido a serlo; voy a misa porque yo decidí hacerlo, por amor a Jesús.”

¿Se dan cuenta a qué apunta la pedagogía del Padre Fundador? Aplicándola en la cárcel, yo la llamo la “pedagogía de la libertad”. ¿Ustedes creen que en la cárcel hay libertad? Todo es rejas, guardias, candados, horarios obligatorios, etc. Para nosotros, la pastoral carcelaria es el “espacio de libertad” dentro de la cárcel. Para mí sería muy fácil decirle al director: “Hoy yo quiero que todo ese pabellón venga a misa, que los guardias me manden a todos los chicos a misa, y yo les hablo un poco, y que luego cada uno vuelva a su pabellón.” Pero desde el comienzo nunca hicimos eso. La religión es un espacio de libertad en la cárcel, y si los chicos quieren participar, que lo hagan por convicción, y no porque alguien los obliga. Pedagogía de libertad en la cárcel, pedagogía de convicción.

Si un joven dice: “yo quiero bautizarme”, que lo diga por convicción personal y no porque le voy a hacer un regalito para que se bautice. Hay grupos de otras religiones que van a la cárcel, pero que actúan de otro modo. De pronto vienen los chicos y me cuentan: “Pa’i, vos sabés que el otro día vino ese pastor de la otra iglesia y me dijo que, si me bautizaba en su iglesia, me iba a dar ropa nueva y me iba a sacar de la cárcel y me iba a dar trabajo. ¿Vos qué me decís? ¿Me voy a esa Iglesia? Porque me conviene, porque me va a sacar de la cárcel y me va a dar trabajo.” Yo les contesto: «Es tu decisión. Si vos querés cambiarte de religión por un poco de ropa y por promesas que a lo mejor ni se cumplen, andá y hacé tu experiencia.”

También vienen a veces y me preguntan: “Pa’i, si me bautizo, ¿qué me vas a regalar?” “¡Nada te voy a regalar! El mejor regalo es el bautismo mismo. Si querés recibir el bautismo o hacer la primera comunión, va a ser una decisión tuya.” A veces les digo en broma: “Te puedo hacer dos regalos, una bendición o un akãpete[8].”

Cuando comenzamos con la Pastoral carcelaria en el año 2014, lo primero que me llamó mucho la atención, y realmente tocó mi corazón, fue que en seguida muchos chicos se acercaron y pidieron confesarse. Normalmente, la primera pregunta que el sacerdote hace en la confesión es: “¿Cuándo fue tu última confesión?” Aquí tuve que aprender a preguntar en primer lugar: “¿Estás bautizado?” La mayoría no lo sabía, pero sí sabía si tenían padrinos o no. ¡Realmente, muchos no estaban ni siquiera bautizados, y querían confesarse!

Una persona que no está bautizada, ¿se puede confesar? ¡Sí, claro que se puede confesar! O sea, puede contar todo lo que le pesa en el corazón. Pero no le puedo regalar el perdón de Dios, la absolución, porque el bautismo es el primero de los sacramentos. ¡Entonces hablamos, el joven se podía desahogar – muchas veces por primera vez en su vida! –, y le daba una bendición. Pero entonces le decía: “Bueno, si de verdad querés que Dios limpie tu corazón, eso solamente va a pasar si es que te bautizás.” “¿Y cuándo me puedo bautizar?” – ¡en seguida la pregunta!

Hablé con el obispo, y con su bendición empezamos a ofrecer catequesis de preparación para el bautismo. ¡Tres meses después tuvimos 40 chicos que se bautizaron! ¡Cuarenta! No porque les hicimos regalitos, sino por una decisión personal, por convicción propia. Para hacer bien las cosas, les pedimos a los jóvenes participar todos los sábados de la catequesis. Por supuesto es una catequesis corta, muy elemental. En parte porque no tenemos mucho tiempo a disposición en la cárcel, pero sobre todo porque la capacidad de atención de una persona que ha consumido mucha droga es muy limitada. Pero participaron, por decisión propia, por convicción, y se bautizaron.

¿Y saben qué me dijeron después de bautizarse? “Bueno, pa’i, ¿y ahora qué toca?” “Bueno, ahora vendría la primera comunión.” “¿Y cuándo la vamos a hacer?” Tres meses más tarde tuvimos más de cincuenta primeras comuniones: ¡un tercio de toda la cárcel hizo primera comunión! Pero con este principio del Padre. Lo esencial no son las prácticas: “¡van todos los domingos a Misa, guardia, mándelos!” ¡No, no! Yo ofrezco Misa todos los domingos que puedo – pero si van y participan, es decisión de ellos.

¿Se dan cuenta cómo funciona la pedagogía del Padre? Es algo muy real, es auténtico. Y esos chicos de pronto salen de la cárcel, vienen acá a Tupãrenda para integrarse a nuestro programa postpenitenciario, y me dicen por propia iniciativa: “Pa’i, en el CEI hice mi primera comunión, ¿te acordás? Ahora quiero continuar aquí y hacer mi confirmación.”

Es algo libre, no algo impuesto, eso en la pedagogía de la libertad es fundamental. Fíjense en ustedes mismos: ¿por qué ustedes están hoy acá? ¿Cuánto les pagaron? El Padre diría: somos remeros libres, nosotros nos decidimos a remar; no somos esclavos de galera con el jefe y su látigo detrás[9]. Y esa libertad es tan esencial en Schoenstatt – y funciona también en una cárcel, que es como la antítesis de la libertad.

 

Primera parte de una
charla para la Juventud Masculina de Tupãrenda
16 de septiembre de 2018
P. Pedro Kühlcke

 

Transcripción: José Argüello, Asunción, Paraguay y Tita Andras, Viena, Austria. Corrección: P. Pedro Kühlcke.

[1]     Herbert King (ed.), José Kentenich: Una presentación de su pensamiento en textos. Tomo 5: Textos pedagógicos. Ed. Nueva Patris, Santiago de Chile, 2008. Citado como “King”.
[2]     “Hijo de abuela” – criado por la abuela, generalmente con poco o nada de contacto con sus padres.
[3]     King, 61.
[4]     King, 61.
[5]     King, 103.
[6]     King, 110.
[7]     Cigarrillo de marihuana.
[8]     Un golpecito en la cabeza.
[9]     Cfr. Acta de prefundación, nº 19.

 

Pedagogía de la libertad (pdf)

 

 

 

 

 

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